Cáncer de mama: Pruebas genéticas y nuevos fármacos mejoran pronósticos y evitan quimioterapia
El cáncer de mama se mantiene como la neoplasia más frecuente y la principal causa de muerte entre las mujeres argentinas, con más de 22.000 nuevos casos y 6.000 fallecimientos anuales. A nivel global, si bien el cáncer de pulmón lidera la mortalidad general, el de mama es el que más vidas cobra entre la población femenina. Ante este panorama, los recientes avances científicos presentados en el congreso anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), en Chicago, ofrecen un horizonte de esperanza con nuevas terapias y herramientas diagnósticas que prometen transformar los pronósticos y la calidad de vida de las pacientes.
Entre los desarrollos más destacados, sobresalen un nuevo fármaco dirigido, pruebas genéticas que permiten personalizar tratamientos y la evolución de los anticuerpos conjugados, considerados «misiles inteligentes» contra el tumor. Especialistas argentinos que participaron del encuentro resaltaron la importancia de estas innovaciones, algunas de las cuales ya están disponibles o próximas a llegar al país.
Gedatolisib: un nuevo fármaco para el cáncer avanzado
El estudio Viktoria 1, presentado por Robert Stein del University College de Londres, reveló la eficacia del gedatolisib, una terapia dirigida que inhibe la multiplicación de células cancerosas. El oncólogo clínico argentino Federico Waisberg, especialista en cáncer de mama del Instituto Alexander Fleming (IAF), explicó que este medicamento, aún en revisión por la FDA, actúa específicamente contra la mutación del gen PIK3CA.
Esta mutación se encuentra en aproximadamente el 40% de los cánceres de mama metastásicos con receptores hormonales positivos y negativos para HER2, una forma que representa casi el 70% de los casos. Waisberg detalló:
“Cuando existe una alteración del gen PIK3CA, las células cancerosas crecen y se dividen sin control, y además, su presencia aumenta las posibilidades de resistencia a los tratamientos habituales. Por eso su bloqueo es un paso importante que hasta ahora no había sido posible. Sería un tratamiento de segunda línea, aplicable cuando las pacientes han recibido inhibidores de CD4/6 e inhibidores de la aromatasa, efectivos para tratar el cáncer de mama metastásico en primera línea, pero terminan generando resistencia”.
El ensayo Viktoria 1 demostró que la combinación de gedatolisib con otras terapias hormonales prolongó en más de 11 meses el intervalo libre de progresión de la enfermedad. Aunque prometedor, Waisberg estimó que el fármaco no estaría disponible en Argentina antes de dos años.
Test genómico para evitar la quimioterapia
Otro hito del congreso de ASCO fue el estudio OPTIMA, que, según Valeria Cáceres, directora del Área Médica del Instituto Ángel Roffo, demostró que la quimioterapia no siempre es indispensable para reducir el riesgo de recurrencia en pacientes con cáncer de mama temprano. El estudio, que incluyó a más de 4.400 pacientes, mostró que aquellas tratadas con terapia hormonal, guiadas por un test genómico, pudieron evitar las toxicidades y efectos secundarios de la quimioterapia.
La clave reside en el test genómico Prosigna, que analiza 50 mutaciones para identificar el riesgo de recurrencia. En el estudio OPTIMA, el 68% de las pacientes presentaron un bajo score de riesgo. Cáceres informó que el test está disponible en Argentina, con un costo que oscila entre US$3.000 y US$3.500, aunque su acceso no es universal para todas las pacientes.
Anticuerpos conjugados: quimioterapia inteligente y menos invasiva
El oncólogo Paolo Tarantino, del Dana Farber Cancer Institute de Boston, subrayó que cuatro estudios presentados en ASCO confirmaron la eficacia de los anticuerpos conjugados (ADC) en todos los subtipos de cáncer de mama metastásico. Los ADC funcionan como «misiles inteligentes»: localizan las células cancerosas y depositan la quimioterapia directamente en su interior, lo que permite el uso de dosis más altas y efectivas con menores efectos adversos que las opciones sistémicas tradicionales.
En línea con la tendencia a tratamientos menos invasivos, Federico Waisberg mencionó el estudio Senomac. Este trabajo demostró que en algunos tumores con compromiso de uno o dos ganglios axilares «centinela», el vaciamiento axilar no afecta la sobrevida, evitando así efectos adversos importantes como el linfedema, un trastorno crónico para muchas pacientes. En varios centros médicos argentinos, esta práctica ya se evita en numerosos casos de cáncer de mama.
Finalmente, el ensayo clínico de fase 3 Serena 6 mostró que el camizestrant, un medicamento oral de nueva generación aprobado por la EMA, puede ralentizar la progresión del cáncer de mama avanzado con receptores hormonales positivos y HER2 negativos que portan la mutación del gen ESR1, asociada a la resistencia a los tratamientos de primera línea. François-Clément Bidard, profesor de Oncología Médica en el Instituto Curie, destacó la importancia de cambiar a una combinación basada en este medicamento ante la aparición de dicha mutación.
Aporte argentino en el cáncer triple negativo
Un equipo argentino, liderado por Federico Waisberg junto a Dana Nárvaez del IAF y otros centros, presentó una investigación sobre 109 pacientes con cáncer de mama triple negativo. Este subtipo, que representa entre el 10 y el 15% de los casos y es más agresivo y común en mujeres jóvenes, no tiene receptores hormonales ni expresa la proteína HER2. Su detección suele ser tardía y el tratamiento habitual es una quimio e inmunoterapia de cinco meses seguida de cirugía.
Waisberg explicó que, si bien este esquema cura al 65% de las pacientes, genera toxicidades a largo plazo. El estudio argentino busca generar un modelo predictivo para identificar qué pacientes responderán mejor al tratamiento actual.
“Hasta ahora probamos que nuestro modelo anticipa en el 80% de los casos quiénes tendrán mejor respuesta al tratamiento habitual. Nuestra idea es profundizar para seleccionar en quiénes podríamos entonces disminuir la intensidad del esquema actualmente utilizado, reducir toxicidades y aun así tener mejor pronóstico de curación y reducción del riesgo de metástasis”, concluyó el oncólogo.

