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De Perón a Milei: el desafío de la economía para «tapar» la política

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La relación entre la economía y la política ha sido una constante en la historia argentina, con presidentes que buscaron equilibrar ambos frentes o, en algunos casos, utilizar uno para mitigar el impacto del otro. Una de las frases más recordadas en este sentido pertenece a Juan Domingo Perón, quien en 1953, tras un cambio de rumbo en su política económica, afirmó que “no hay nada más elástico que la economía”. Esta declaración reflejaba la capacidad de adaptación y los vaivenes que caracterizan al ámbito económico.

Setenta años después, en un contexto muy diferente, el actual gobierno de Javier Milei, a través de su ministro de Economía Luis Caputo, parece apostar a una lógica similar, aunque con un matiz distinto. La estrategia actual sugiere que los resultados económicos favorables tienen el potencial de “tapar” o minimizar el impacto de los escándalos y conflictos políticos que puedan surgir. Esta perspectiva implica una fuerte dependencia de la performance económica como pilar de la estabilidad y la gobernabilidad.

El giro peronista y la búsqueda de flexibilidad

La frase de Perón en 1953 se enmarcó en un momento de redefinición de su política económica. Tras años de énfasis en la industrialización por sustitución de importaciones y un fuerte rol estatal, el gobierno peronista comenzó a abrirse a inversiones extranjeras y a buscar una mayor flexibilidad en la gestión económica. La “elasticidad” a la que aludía el entonces presidente se refería a la capacidad de la economía para ajustarse y responder a nuevas directrices, sin que esto implicara un quiebre ideológico, sino más bien una adaptación pragmática a las circunstancias.

«no hay nada más elástico que la economía»

Esta flexibilidad le permitió a Perón navegar por diferentes etapas, buscando siempre el consenso y la legitimidad social, incluso cuando las medidas económicas generaban controversia. La historia económica argentina está repleta de estos giros, donde la necesidad de estabilizar o impulsar el crecimiento ha llevado a gobiernos de distintas extracciones a modificar sus enfoques iniciales.

La apuesta de Milei: economía como escudo político

En la actualidad, la administración de Javier Milei y su equipo económico liderado por Luis Caputo, parecen seguir una línea donde la economía no solo debe ser flexible, sino que debe generar resultados tan contundentes que sirvan como un escudo frente a las turbulencias políticas. La premisa implícita es que si la economía muestra signos de mejora –como la desaceleración de la inflación, la acumulación de reservas o la reducción del déficit fiscal–, la opinión pública podría ser más indulgente con las fricciones o los problemas que surjan en el ámbito político.

Esta estrategia, que podría resumirse en la idea de que “la economía se llevará puesta la política”, deposita una enorme presión sobre el éxito de las medidas económicas. Si los resultados esperados no llegan o tardan en manifestarse, el riesgo de que los conflictos políticos escalen y afecten la gobernabilidad se incrementa considerablemente. La historia argentina ha demostrado que, si bien la economía es un factor determinante, la política y la capacidad de construir consensos son igualmente cruciales para la estabilidad a largo plazo.

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