Año sabático y voluntariados: la tendencia que crece entre argentinos para redefinir sus vidas
Durante mucho tiempo, la idea de tomarse un año sabático o hacer pausas prolongadas en la vida laboral y personal fue una práctica asociada a la juventud, generalmente al finalizar la secundaria o la universidad. Sin embargo, en Argentina, esta tendencia está experimentando una transformación notable: cada vez más adultos, ya insertos en el mercado de trabajo, eligen frenar su rutina para explorar nuevas formas de vida.
Las motivaciones son diversas. Algunos llegan a esta decisión tras una crisis personal profunda, mientras que otros lo hacen por agotamiento, curiosidad o la sensación de estar atrapados en una estructura que ya no los entusiasma. Aunque el camino no siempre es idílico, un punto en común emerge entre quienes se embarcan en esta aventura: la experiencia los transforma.
Historias de reinvención: de la rutina al cambio radical
Belén Johnson, de 36 años, oriunda de Florida, Vicente López, compartió su experiencia. Trabajaba en marketing, en el área de inteligencia comercial, como analista de datos y business intelligence. «Entré muy joven, me formaron ahí y todo lo que aprendí lo hice en ese lugar. Estuve siete u ocho años en la misma empresa, llevaba una vida muy lineal, muy rutinaria«, relató. Su vida incluía una pareja estable, convivencia, alquiler, auto y vacaciones anuales. El quiebre llegó con la muerte de su padre.
«Falleció por una enfermedad muy dura. Más allá del proceso en sí, el duelo posterior me hizo despertar y preguntarme qué estaba haciendo con mi vida, si tenía sueños pendientes y si realmente los iba a cumplir. Estaba por cumplir 30 años y seguir con esa rutina no me entusiasmaba».
Tras el duelo, Johnson investigó y descubrió las visas Working Holiday, que permiten vivir, trabajar y recorrer otro país durante un año. Consiguió la visa para Dinamarca y se fue en marzo de 2020, poco antes de cumplir 30 años, edad límite en muchos casos. «Dejé el trabajo en el que estaba hacía ocho años, dejé la rutina, la casa que alquilaba. También nos separamos con mi pareja. Pero yo tenía clarísimo que quería salir a explorar y ver qué había afuera. Sentía que no quería morir, como mi papá, sin haber cumplido un montón de sueños. Era ahora o nunca«, afirmó.
Para Natacha Tombesi, de 48 años, la necesidad de un cambio surgió cuando su hijo menor se independizó. «Soy mamá soltera de dos hijos: Luna, de 28, y Lautaro, de 22. Los dos ya eran independientes y, cuando el más chico empezó su vida, me quedé con el nido vacío. Entré en una especie de depresión, desmotivada, sin ganas de salir de la cama«, contó. Tenía un emprendimiento de delantales que ya no la motivaba. Ante la finalización de su contrato de alquiler y sin saber qué hacer, una tarde buscó en Google «intercambio de trabajo por hospedaje» y descubrió los voluntariados a través de la aplicación Worldpackers.
«Mi hija me regaló la membresía y me dijo: ‘Ma, es tiempo de que hagas algo por vos. Ya nos criaste, ahora te toca vivir a vos’. Vendí la máquina de coser y muchas de mis cosas. Preparé el bolso y me fui».
Su primer voluntariado fue en Las Vegas, Potrerillos, Mendoza, colaborando en tareas de bioconstrucción. Un destino cercano, elegido por el miedo y la incertidumbre inicial.
Un fenómeno en crecimiento y sus explicaciones
Aunque no existen mediciones específicas sobre años sabáticos o voluntariados en adultos en Argentina, el fenómeno se vincula con transformaciones sociales más amplias y está en aumento. Desde la consultora Voices, explicaron que «hoy las personas viven más años y, sobre todo, proyectan trayectorias vitales más largas y menos lineales. Si la expectativa de vida se extiende, también se reconfigura la manera en que pensamos el tiempo productivo: ya no es una carrera continua hasta la jubilación, sino un recorrido con posibles pausas, reinvenciones y etapas de formación».
La baja sostenida de la natalidad y la menor carga de responsabilidades familiares directas también influyen, permitiendo que más personas prioricen proyectos personales, salud mental o exploración vocacional. «Más que una excepción, creemos que estas pausas empiezan a formar parte de una nueva lógica de organización de la vida adulta», sostuvieron.
Luciana Rinaudo, directora de Psicopedagogía de la Universidad Siglo 21, agregó que «hoy ya no pensamos las trayectorias vitales y profesionales como caminos previsibles y únicos. Durante mucho tiempo predominó una lógica bastante estable: estudiar, recibirse, conseguir trabajo, crecer dentro de una misma organización y sostener ese recorrido hasta la jubilación. Ese modelo ofrecía cierta seguridad, pero respondía a un contexto social, económico y cultural muy distinto al actual».
En un mundo más dinámico e incierto, «no solo los adolescentes, sino también jóvenes adultos y personas en etapas más avanzadas de su vida laboral buscan detenerse, revisar, explorar y resignificar sus elecciones». Rinaudo enfatiza que estas pausas son una oportunidad de autoconocimiento y de construir futuro, siempre que haya un verdadero trabajo interior.
Nuevas identidades laborales y proyectos de vida
El voluntariado, en muchos casos, actúa como un puente hacia una nueva identidad laboral. Aurora Moreni, de 30 años, trabajaba como project manager en tecnología y sentía la necesidad de un cambio. Se fue a Italia hace casi tres años para un voluntariado en la Toscana, una villa dedicada al agroturismo, donde ayudaba con tareas del hogar y habitaciones de huéspedes. Esta experiencia fue clave para tramitar su ciudadanía italiana.
“No fue solo una pausa, fue un punto de inflexión”.
Renunció a su trabajo remoto, redujo su carga mental y exploró su costado creativo. Descubrió la ilustración digital y hoy vive en España, trabajando como ilustradora.
Para Belén Johnson, la experiencia en Dinamarca la llevó a una transformación profesional: actualmente es chef pastelera. «Tiene mucho que ver con todo este camino que fui recorriendo y con las cosas que fui aprendiendo sobre mí misma: lo que me gusta y lo que no», explicó. A sus 36 años, siente que puede reconciliarse con la estabilidad y ciertas rutinas, pero desde otro lugar.
Bárbara Casabianca, de 29 años, era profesora de educación inicial reemplazante en Santa Fe. Buscó oportunidades en hostels durante sus vacaciones de verano y se descargó Worldpackers. Un hostel de Bariloche la contactó y decidió ir. Durante el voluntariado, consiguió trabajo en un jardín de infantes local y decidió quedarse para mejorar su inglés y vivir la experiencia del invierno patagónico, pausando sus estudios en Santa Fe.
La psicóloga Romina Halbwirth destacó que «un año sabático no necesariamente es un año para no hacer nada o ‘rascarse las pestañas’. Puede ser un espacio para frenar el piloto automático y reconectarse laboral y profesionalmente con aquello que realmente entusiasma”. En orientación vocacional, cada vez más consultas provienen de personas mayores de 25 años que buscan revisar su trayectoria, preguntándose «¿cómo quiero vivir?», «¿qué estoy sosteniendo por inercia?» o «¿qué hago con todo lo que construí si ya no me representa?». Un año sabático, bien planificado, «puede funcionar como una pausa de reorganización subjetiva. No es un vacío: puede ser un tiempo fértil para explorar, descansar, formarse, viajar, revisar decisiones y elegir con más conciencia”.

