EconomíaPolítica

Economía argentina: los cinco debates clave sobre empleo, consumo y dólar en la era Milei

Compartir:

La economía argentina atraviesa un proceso de transformación con velocidades dispares entre sus sectores. Mientras el agro, la energía y la minería muestran un fuerte crecimiento, la construcción, el comercio y la industria experimentan un retroceso. Esta heterogeneidad alimenta una constante controversia sobre la lectura de los datos económicos, que en marzo registró una recuperación interanual del 5,5% tras nueve meses de estancamiento, aunque los sectores de mercado interno aún no consolidan su repunte.

En este escenario, cinco economistas consultados por LA NACION analizaron los números más debatidos para clarificar el panorama, abordando interrogantes sobre el empleo, el consumo privado, las importaciones, el valor del dólar y la acumulación de reservas del Banco Central.

Consumo privado: ¿récord histórico o caída masiva?

El Gobierno celebra que el consumo privado agregado se encuentra en su máximo histórico. Sin embargo, especialistas como Natacha Izquierdo, directora de Operaciones de Abeceb, y Lorena Giorgio, economista jefe de Equilibra, matizan esta afirmación.

Izquierdo ratifica el récord en el consumo privado agregado, que incluye gasto de los hogares en servicios, turismo, bienes durables y crédito. No obstante, aclara que el consumo masivo (minorista) acumula caídas significativas. Según Scentia, en marzo de 2026 cayó 5,1% interanual, con una baja acumulada del 3,1% en el primer trimestre y un nivel 11% por debajo de enero de 2023.

La perspectiva cambia al analizar el consumo per cápita. Izquierdo señala que en 2025 el consumo privado agregado apenas superó en 0,2% el nivel de 2018, manteniéndose por debajo de 2011, 2012, 2013 y 2017. «Hubo una recuperación respecto del piso de 2024, aunque sin una mejora homogénea del poder de compra», dimensiona.

Lorena Giorgio agrega que el último dato disponible (cuarto trimestre de 2025) del Indec mostró un consumo privado 6% por encima del tercer trimestre de 2023. Sin embargo, la heterogeneidad sectorial es clave: «el consumo masivo no remonta, pero durables e importados siguen creciendo», explica. Entre noviembre de 2023 y marzo de este año, la caída acumulada en consumo masivo es del 15%. Las ventas en supermercados retrocedieron un 11% y las minoristas pyme, un 30%.

En contraste, la compra de bienes durables y productos importados registra un crecimiento, atribuido al abaratamiento de bienes por el «dólar barato y la apertura importadora». La compra de inmuebles en CABA y PBA creció 67% en marzo de este año frente a noviembre de 2023. Los patentamientos de autos y motos superan en 19% y 94% respectivamente los niveles del final del gobierno anterior. Las cantidades importadas de bienes de consumo final crecieron 41% a marzo de este año contra noviembre de 2023.

Izquierdo también destaca un cambio de lógica económica: la menor inflación y estabilidad cambiaria reducen el incentivo a adelantar compras y acumular stock. El crecimiento del comercio electrónico, que en marzo subió 31,3% y ya concentra el 25% de las ventas de empresas líderes, redefine la estructura comercial. Además, el consumo muestra disparidad geográfica, con caídas pronunciadas en el Gran Buenos Aires y dinamismo en provincias como Neuquén.

Empleo formal e informal: ¿contracción o cambio de composición?

Las estadísticas sobre el trabajo registrado de la Secretaría de Trabajo indican que en febrero de este año había 12.878.900 trabajadores registrados, una baja de 477.600 puestos respecto a noviembre de 2023 (13.323.500).

No obstante, Federico González Rouco, coordinador de estrategia económica de Empiria, analiza que «el mercado laboral, en términos generales, no se contrajo». Explica que hubo un cambio de composición: el segmento privado asalariado se redujo en cerca de 200.000 personas, pero fue compensado por el crecimiento del empleo informal y monotributista. Esta visión coincide con la expuesta por el ministro Federico Sturzenegger, quien señaló la creación de 400.000 puestos de trabajo en los últimos dos años, producto de 630.000 nuevos puestos informales e independientes, compensando la caída de 222.000 formales.

Las cifras de Lorena Giorgio también muestran una neutralidad en la cantidad de puestos de trabajo al cuarto trimestre de 2025, pero con «más precariedad». Se destruyeron casi 400.000 empleos asalariados (300.000 formales y 90.000 no registrados), mientras creció fuertemente el cuentapropismo (150.000 monotributistas y 190.000 informales). La tasa de desempleo aumentó de 5,7% a 7,5%, con 420.000 más desocupados.

En cuanto al salario real, los datos de Equilibra indican que el ingreso registrado está 2,4% por debajo de noviembre de 2023. Los jubilados que no cobran la mínima y los privados formales recuperaron 8% y 3% respectivamente, mientras que los jubilados con la mínima perdieron casi 10% y los empleados públicos, un 18%.

González Rouco pone el foco en el ingreso disponible, que en febrero sufrió una caída real del 2,1% y se ubica 5,4% por debajo de 2023. Atribuye esto al aumento de los gastos fijos de las familias, que pasaron del 15% al 24% del ingreso por la recomposición de tarifas, alquileres y expensas.

Importaciones: ¿apertura irrestricta o normalización?

El crecimiento de las importaciones refleja el paso de una economía cerrada a una más abierta. Natacha Izquierdo de Abeceb describe una «normalización en 2025 luego de muchos años de restricciones, y una moderación clara en 2026». En 2025, las importaciones crecieron 24,7% interanual, alcanzando US$75.792 millones, impulsadas por un aumento del 30,5% en cantidades, un máximo histórico. Sin embargo, el pico anual en dólares sigue siendo 2022 (US$81.522 millones).

Izquierdo contextualiza que Argentina tiene una economía más grande y compleja, con cadenas productivas más largas. «Tampoco vemos una apertura irrestricta. Lo que hubo fue una desburocratización profunda del sistema», afirma, señalando que siguen vigentes aranceles, impuestos y controles.

Federico González Rouco coincide: «La Argentina sigue siendo uno de los países más cerrados del mundo». La eliminación de restricciones permite mayores posibilidades de importar bienes de capital y finales, lo que genera tensión con un sector productivo no acostumbrado a competir globalmente.

En el primer cuatrimestre de este año, las cantidades importadas cayeron 6,4% interanual. Los bienes de consumo representan el 16% del total, y las importaciones vía courier explican solo el 1,2%. No obstante, el impacto se siente en sectores como indumentaria, calzado y electrodomésticos. En febrero, las importaciones de textiles terminados subieron 54% en volumen. En el segmento automotor, los modelos importados pasaron de representar el 38% a ocupar el 65% del mercado local en dos años.

El dólar: ¿atrasado o ancla antiinflacionaria?

El nivel del tipo de cambio es uno de los puntos de mayor controversia entre los especialistas. En lo que va del año, el dólar oficial retrocede 4,1%, mientras la inflación acumulada en el primer cuatrimestre fue del 12,3%.

El Gobierno argumenta que el dólar flota en una banda amplia y que su valor sería más bajo si el Banco Central no comprara agresivamente. También destaca el nivel de las exportaciones, que en abril alcanzaron US$8.914 millones, con un superávit comercial récord de US$2.711 millones. Además, se defiende que una devaluación se traslada de inmediato a precios, fogoneando la inflación.

Luis Secco, director de Perspectiv@s económicas, observa que «el tipo de cambio real se viene apreciando desde fines del año pasado». Advierte que si el mercado cambiario fuera totalmente libre, la política cambiaria no generaría tantas discusiones. «Si el Gobierno insiste en usar el tipo de cambio (nominal) como ancla antiinflacionaria, los precios relativos seguirán en espera de ser corregidos, lo cual es un obstáculo para la toma de decisiones de inversión», opina.

Matías Surt, director de Invecq, cree que «el tipo de cambio actual no es consistente con la aún baja productividad que tiene la Argentina en promedio». Si bien podría ser de equilibrio con un aumento de la productividad en el futuro, con las condiciones actuales «pone en dificultad de competir a varios sectores». Surt agrega que el tipo de cambio real multilateral (TCRM) está en niveles similares a 2017 y viene en caída, sugiriendo que debería detenerse la apreciación o incluso recuperarse.

Reservas del Banco Central: ¿se acumulan o persiste la fragilidad?

La controversia sobre las reservas es menor desde que el Banco Central comenzó a comprar dólares con intensidad este año. Hasta el último miércoles, la autoridad monetaria había adquirido US$8.702 millones en lo que va del año. El acuerdo con el FMI establece una meta de incremento de US$8.000 millones en las reservas internacionales netas para 2026, que hoy rondan los US$2.200 millones.

Luis Secco señala que, si bien las reservas brutas mejoraron unos US$6.000 millones, las netas «siguen mostrando una fragilidad extrema». Atribuye esto a que el Central compra «en un mercado al que no le sobra oferta» y a la dolarización de individuos, que en abril volvió a rondar los US$1.500 millones. Para revertirlo, propone «corregir el mix macro —menos dependencia del dólar como ancla antiinflacionaria, una política monetaria más clara— y un Gobierno que deje sus internas de lado y se ocupe de la gestión».

Matías Surt celebra el cambio de enfoque del BCRA. «Antes no acumulaba porque no quería comprar dólares en el mercado. Ahora lo está haciendo y viene bien. Se perdieron algunos meses que no deberían haberse perdido y hoy estaríamos con más reservas. Lo importante es que continúe comprando, independientemente de que el tipo de cambio suba», concluye.

Compartir: