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De yacimientos petroleros a vinos de autor: la historia de Daniel Kokogian en Mendoza

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La vida del geólogo Daniel “Koko” Kokogian es un testimonio de cómo la pasión por la tierra puede tomar rumbos inesperados. Recibido en 1982, su primer destino laboral lo llevó a Mendoza, donde se instaló con su familia para trabajar en la prospección petrolera de YPF. Esa provincia, que inicialmente fue su hogar por ocho años, se convertiría en un hilo conductor inquebrantable en su trayectoria, culminando en el descubrimiento de uno de los yacimientos de petróleo convencional más importantes del país y, años más tarde, en la creación de una bodega de vinos que aspira a trascender generaciones.

Fue en Mendoza donde Kokogian participó en el hallazgo del yacimiento Corcobo, un hito en la industria petrolera argentina que, en su pico, llegó a producir casi 30.000 barriles diarios. Pero más allá del éxito en su expertise geológica, la provincia cuyana sembró en él un deseo profundo de arraigo. Este anhelo se materializó con Altar Uco, el proyecto vitivinícola que fundó en el corazón del Valle de Uco junto al reconocido enólogo Juan Pablo Michelini, y que hoy elabora algunos de los vinos más distintivos e interesantes del panorama nacional.

El camino del geólogo: de Malargüe al descubrimiento de Corcobo

La relación de Kokogian con Mendoza comenzó en 1982, recién egresado de geólogo. Con su esposa Mónica y tres hijos, se sumergió en el trabajo de exploración de petróleo y gas para YPF. Su labor se centró en la geología de superficie, recorriendo y mapeando vastas áreas en busca de formaciones rocosas propicias para la generación de hidrocarburos. «Estuvimos haciendo ese trabajo primero en Malargüe, lo que en petróleo se llama Cuenca Neuquina, y luego en el norte de Mendoza, San Juan y hasta La Rioja, la llamada Cuenca Cuyana», relata Kokogian. Ascendió de geólogo ayudante a jefe de comisión geológica, ganándose el mote de “experto en la cuenca triásica”.

En 1989, su carrera dio un giro al ser contratado por la empresa norteamericana Occidental Petroleum. Aunque lo trajo a Buenos Aires, su enfoque seguía ligado a la exploración, esta vez en el mar alrededor de las Islas Malvinas. Tras esa experiencia, pasó por una start up canadiense y luego lideró Petroandina, una compañía con la que alcanzaría su mayor éxito geológico y de negocios: el descubrimiento del yacimiento Corcobo en el sur de Mendoza, cerca del campo volcánico Payún Matrú. «Realizamos un descubrimiento magnífico que fue el Corcobo, un yacimiento de petróleo que al día de hoy sigue produciendo», afirma.

Del petróleo al vino: el nacimiento de Altar Uco

A pesar de sus logros en la industria petrolera, Mendoza siempre fue un anhelo personal para Kokogian. «Quería tener algo en Mendoza, una finca para ir, pararme ahí y mirar la Cordillera. Y si tenías la finca te hacías un vinito…», confiesa. La oportunidad llegó de forma fortuita en 2012. Tras una visita a Mendoza, se enteró de que sus socios canadienses de una compañía anterior habían invertido en la bodega Zorzal, en Gualtallary. Kokogian decidió invertir en la primera implantación de viñedos de Zorzal, marcando su entrada al mundo del vino.

El encuentro con Juan Pablo Michelini, enólogo de Zorzal, fue decisivo. Michelini expresó su deseo de crear “el mejor vino del mundo” con total libertad creativa. Meses después, le propuso a Kokogian asociarse. «Él tenía tres barricas que había empezado a hacer con un amigo, pero no tenía plata para poner el vino en la botella. Yo puse la plata para embotellar y esa resultó ser la primera añada de Altar Uco», recuerda Kokogian. Ese primer vino, el Edad Media Tinto, fue un éxito inmediato, con gran parte de la producción adquirida por Pablo Rivero de la reconocida parrilla Don Julio, lo que significó un espaldarazo crucial para la joven bodega.

Un proyecto de vida para las próximas generaciones

El crecimiento de Altar Uco fue exponencial. La incorporación de vinos blancos, el reconocimiento de críticos internacionales como Parker y Atkin, y la constante búsqueda de innovación por parte de Michelini, impulsaron la expansión. En 2017, la bodega invirtió en fudres para elaborar el Edad Antigua, un vino pensado para una larga guarda y lanzado recién en 2023. «¡Sí que valió la pena!», exclama Kokogian al recordar su primera degustación.

Hoy, Altar Uco se ha convertido en la inversión más grande de Daniel Kokogian. La necesidad de tener una bodega propia, tras operar inicialmente en Zorzal y otras locaciones, llevó a la compra de cuatro hectáreas en Gualtallary y al inicio de la construcción en octubre de 2023. A pesar de los desafíos económicos, el proyecto avanza, sustentado por un equipo comprometido.

«Altar Uco es el proyecto de mi vida que quisiera que le quede a mis nietos, y no podía ser en otro lugar que no fuera Mendoza.»

Para Kokogian, Altar Uco trasciende lo meramente comercial. «Yo siempre digo que la evolución de Altar Uco nos llevó puestos», reflexiona. Su aspiración es que la bodega se convierta en una de esas marcas que perduran por décadas, haciendo vinos de calidad y llevando un valor intrínseco que va más allá del esnobismo. La conexión con Mendoza, su «hilo conductor», permanece inalterable en este viaje que lo llevó de la prospección de petróleo a la creación de vinos con historia y futuro.

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