Brigadas Educativas: la experiencia de Julieta en San Juan que derribó prejuicios sobre la pobreza
Un mensaje de texto, corto pero contundente, fue suficiente para que Julieta, una joven sanjuanina de 26 años, recordara el profundo impacto de su trabajo voluntario. “Juli, quiero volver a la escuela”, decía el mensaje de Gonzalo, un niño de 10 años que había considerado dejar sus estudios para trabajar. Esa frase, que para muchos podría pasar desapercibida, encapsuló para Julieta la esencia de la labor que realiza desde hace seis años con Brigadas Educativas en barrios populares de San Juan.
La historia de Julieta y Brigadas Educativas nació en plena pandemia. Con 20 años y cursando Derecho, se sumó a un merendero sin dimensionar el alcance de lo que encontraría. Allí, se topó con una realidad cruda: niños que no comprendían las tareas escolares, sin acceso a internet o a un celular para las clases virtuales. La respuesta fue improvisar aulas en cualquier espacio disponible: tablones, pizarras prestadas y lápices sobre el piso.
De la comodidad personal a la cruda realidad
Julieta había crecido en un hogar donde la educación era un pilar fundamental. Sus padres, profesionales, y sus hermanos, estudiantes universitarios en la Universidad Pública de San Juan, le habían inculcado que estudiar era algo natural. Sin embargo, en el merendero, se enfrentó a una contradicción dolorosa: chicos con deseos de aprender que, a pesar de la existencia de la educación pública, no lograban sostener la escolaridad. La falta de alimento, el hacinamiento, la escasez de agua potable y la ausencia de recursos tecnológicos en sus hogares eran barreras infranqueables.
“Yo voy a volver a estudiar por Zoom, a leer mis apuntes, a dormir en una cama calentita. ¿Cómo hacen ellos para estudiar acá?”, reflexionaba Julieta tras sus primeras experiencias. Este contraste marcó un quiebre en su percepción, abriendo su mirada a realidades que antes le eran ajenas y la obligaron a cuestionar sus propios prejuicios.
Yo tenía muchos prejuicios que ni siquiera sabía que tenía. Nunca había entrado a un barrio popular. Si pasaba cerca de uno en auto, sentía miedo. Me preguntaba por qué había chicos que no estudiaban, si existe la educación pública. Pensaba que entendía la pobreza porque había participado en colectas o campañas solidarias, pero en realidad nunca había mirado de cerca ciertas realidades. Y el barrio tiene eso: te obliga a mirar.
La experiencia directa la llevó a comprender que la pobreza no se reduce a estadísticas. Relata la historia de Brisa, una niña de siete años, que con total naturalidad le explicó que no quedaba agua para todo el fin de semana en su casa, revelando la normalización de carencias que para otros serían una urgencia.
El poder de la presencia y el acompañamiento
Entre las dificultades, también surgieron historias de esperanza. Julieta recuerda el caso de dos hermanos que no iban a la escuela, a quienes, con ayuda de otras organizaciones y organismos públicos, lograron reinsertar en el sistema educativo. La foto de ellos con guardapolvo, sonriendo y llevando la bandera, es un recuerdo que atesora.
Con el tiempo, el equipo de Brigadas Educativas comprendió que el apoyo escolar era solo una parte de la solución. Empezaron a articular con otras organizaciones, a realizar colectas, a acompañar trámites y a generar talleres y espacios para adolescentes. Pero, sobre todo, aprendieron la importancia de “estar”. Muchas veces, lo más valioso no era una explicación de matemática, sino que los niños sintieran que alguien se preocupaba por ellos, que alguien regresaría el sábado siguiente, que alguien recordaba su nombre. Esa presencia, cree Julieta, fue lo que motivó a Gonzalo a querer volver a la escuela.
La experiencia en los barrios transformó profundamente a Julieta, desafiando sus miedos e incomodidades. Le mostró las enormes desigualdades que a menudo se prefieren ignorar, pero también la fuerza de la comunidad, el deseo innato de aprender y la necesidad fundamental de sentirse visto y reconocido. A pesar de los desafíos y las historias difíciles, Julieta y su equipo siguen volviendo cada sábado, impulsados por la emoción de mensajes como el de Gonzalo, que reafirman el poder transformador de la educación y el acompañamiento.
Brigadas Educativas es un grupo de jóvenes de San Juan comprometido con la educación como herramienta para la igualdad de oportunidades. Esta iniciativa forma parte de Vidas Desiguales, un proyecto de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes en contextos vulnerables.

