Crisis de lealtad: La compleja «sobrevida» de Manuel Adorni en el Gobierno de Milei y la causa por enriquecimiento ilícito
La permanencia de Manuel Adorni como jefe de Gabinete, a pesar de la investigación judicial por enriquecimiento ilícito y su desplazamiento de la vocería oficial, genera un clima de perplejidad en el seno del Gobierno de Javier Milei. La situación del ex portavoz, cuyas explicaciones públicas sobre su patrimonio han exacerbado el escándalo, se ha convertido en un punto de fricción y desorientación para el oficialismo.
La decisión de Milei de sostener a Adorni, incluso después de correrlo de la comunicación oficial –donde fue reemplazado por el diputado y economista Adrián Ravier–, sugiere una particular concepción de la autoridad presidencial, ligada a la lealtad y la obediencia, más allá de los cuestionamientos públicos y judiciales.
El laberinto judicial y la estrategia presidencial
La investigación por enriquecimiento ilícito que pesa sobre Adorni cobra cada vez más fuerza en el ámbito judicial. El fiscal Guillermo Marijuan ha pedido la declaración indagatoria de Francisco Adorni, hermano del jefe de Gabinete y legislador provincial bonaerense, en una causa que lleva el juez Daniel Rafecas y que indaga sobre enriquecimiento ilícito, falsedad u omisión en declaraciones juradas y rectificaciones sucesivas.
Manuel Adorni, por su parte, intentó justificar la tenencia de medio millón de dólares con una supuesta inversión en bitcoins, lo que le permitiría explicar parte de los gastos descubiertos desde su asunción. Sin embargo, los fiscales Marijuan y Gerardo Pollicita, a cargo de la investigación del jefe de Gabinete, habrían encontrado un vínculo entre los papeles de ambos hermanos, relacionado con la herencia paterna. Francisco Adorni blanqueó 21 millones de pesos, mientras que Manuel habría aducido haber encontrado una «caja de zapatos» con dinero en un departamento paterno con deudas e hipotecas, una versión que genera fuertes dudas en la Justicia.
La postura del presidente Milei frente a este escándalo ha sido la de atribuir la responsabilidad al periodismo, al que acusa de «amplificar» los hechos y de no reconocer los «éxitos» de su gestión económica. Esta narrativa, que descalifica a los medios de comunicación, se alinea con una visión que considera a la disidencia como una «traición», una característica que, según la fuente, ya se ha manifestado en episodios anteriores, como el reemplazo de Guillermo Francos por Adorni en la Jefatura de Gabinete. Francos, a diferencia de Adorni, no dudaba en señalar sus puntos discordantes, aunque siempre en privado.
Silencios compartidos y la irrupción del nuevo vocero
El «ecosistema libertario» se caracteriza por un llamativo silencio en torno al caso Adorni. Ni diputados ni senadores oficialistas, ni el equipo de ministros, han salido en defensa del jefe de Gabinete. Incluso las «Fuerzas del Cielo» que responden a Santiago Caputo, el estratega de comunicación, «fingen demencia». La única excepción ha sido Patricia Bullrich, quien si bien «desnudó las anomalías de Adorni», ha impulsado una estrategia en el Senado para ganar tiempo al Gobierno.
El arribo de Adrián Ravier como nuevo vocero oficial buscaría, en parte, romper la parálisis oficial y reenfocar el debate público en la economía. Ravier, coautor de un libro con Milei y cercano a la Fundación Faro (vinculada a Caputo), asume con la ilusión de «comunicar los logros». Sin embargo, su desempeño ante preguntas sobre Adorni es un enigma que la Casa Rosada deberá enfrentar.
La situación de Adorni no solo presiona al Gobierno internamente, sino que también ha impulsado al kirchnerismo a considerar una moción de censura o interpelación. La oposición se debate entre apremiar a Milei desde el Congreso o dejar que el escándalo continúe «desangrando» al Gobierno, esperando el avance de la investigación judicial.
La permanencia de Adorni dispara una cantidad de conjeturas. Desde su supuesta complicidad con los secretos de los hermanos del poder hasta la participación en alguna ganancia conjunta. Todavía incomprobable. Existe constancia, en cambio, de un hilo argumental presidencial invariable pese a la escalada del escándalo. La responsabilidad (o la culpa) sería del periodismo que amplifica todos los hechos.

