Crisis política: Javier Milei se «encerró» en Olivos en medio de la ofensiva contra Manuel Adorni
La cúpula del poder atraviesa días de profunda tensión y desconcierto. El presidente Javier Milei se ha recluido en la Quinta de Olivos, minimizando sus apariciones públicas durante las últimas dos semanas, en un contexto de creciente presión sobre su gobierno y, particularmente, sobre el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
La última vez que el mandatario pisó la Casa Rosada fue el martes 9 de junio, para actividades protocolares, y el miércoles 17 recibió a una delegación del Banco Mundial en la residencia presidencial. Su reaparición pública fue recién ayer en Rosario.
Durante este repliegue autoimpuesto, Milei mantuvo un contacto limitado con sus funcionarios, mostrando signos de tensión. Una fuente cercana describió su interacción en estos días como “espasmódica” e “incómoda”, añadiendo que “Javier se refugió en su intimidad, se replegó más por instinto de supervivencia. Es lo que hace cuando tiene un problema y no encuentra la solución”. La fuente no aclara si en esta soledad el Presidente reflexiona sobre posibles alternativas o simplemente procesa su “emocionalidad intensa”, como la describió Patricia Bullrich.
En este período, su hermana Karina Milei asumió el rol de emisaria para mantener la postura de que Manuel Adorni no será removido y de que es necesario resistir lo que consideran un intento de desestabilización por parte del periodismo y la oposición. Sin embargo, esta misión se vuelve cada vez más compleja, ya que, según la fuente, “absolutamente todos los actores del oficialismo, desde el conjunto de los ministros hasta los diputados y senadores de La Libertad Avanza (LLA), imploran para que se termine de una vez este calvario” que los tiene paralizados y sin agenda legislativa.
Impacto en la imagen y la estrategia del Gobierno
En la Casa Rosada, el denominado “affaire Adorni” se analiza desde dos perspectivas. Una de ellas, el daño objetivo en la imagen del Gobierno y del propio Presidente. Según mediciones internas, la percepción positiva del gobierno tocó un piso del 33% a fines de mayo, recuperándose en las últimas semanas hasta el 38%, lo que mantiene vivas las chances de reelección para el próximo año.
No obstante, existe una segunda lectura más profunda que advierte sobre una dinámica “irreversible”. Los últimos sondeos que llegaron al Gobierno indican que la defensa irrestricta de Adorni está erosionando una de las principales banderas de Milei: la lucha contra la corrupción de la “vieja casta”. Un referente del espacio sintetizó: “Hay variables cualitativas rotas. La construcción de Javier Milei como un político distinto, transparente, aferrado a sus convicciones, está muy dañada. Si nuestra ventaja competitiva era ser distintos del sistema político, hoy ya nadie nos votaría por eso. Esto nos hace mucho más dependientes de lo económico, un plano en el que estamos evolucionando muy bien”.
Ante este panorama, el viernes pasado se produjo una reacción política con la designación del diputado Adrián Ravier como vocero, una decisión personal de Milei. Ravier, con quien el Presidente comparte el entusiasmo por la economía y la escuela austríaca, fue incorporado a la Fundación Faro por pedido del propio mandatario. Su nombramiento, aceptado por las facciones internas del oficialismo, busca calmar los ánimos y representa un anticipo de la disputa por la sucesión de Adorni.
Uno de los objetivos de la elección de Ravier es que se convierta en un “traductor amigable” de los logros económicos, orientando la narrativa oficial hacia un enfoque más monotemático. La estrategia apunta a un discurso con “más estadísticas y menos lucha anticasta; más indicadores de inversión y balanza comercial, y menos batalla cultural”. Esta simplificación y depuración del discurso libertario se alinea con la idea de que el principal mandato de Milei fue mejorar la economía, variable por la que será evaluado el próximo año.
El Congreso y la Justicia en el centro de la tormenta
El “dilema Adorni” se extenderá esta semana al Congreso, donde se espera una ofensiva opositora. Aunque existe un consenso generalizado sobre la necesidad de su salida, nadie quiere asumir la responsabilidad de “ajusticiarlo”. Milei ha manifestado su intención de protegerlo, prefiriendo que sean los legisladores quienes lo remuevan mediante una moción de censura, lo que le permitiría acusar a la oposición de “golpista” y “desestabilizadora” por utilizar por primera vez desde 1994 esta facultad constitucional.
En los bloques oficialistas, especialmente en el Senado, sugieren al Gobierno un desplazamiento previo de Adorni para evitar una “sangría” legislativa. Un legislador libertario expresó: “todos queremos tener existencia política después de este episodio”. Los gobernadores aliados, contactados por la “patrulla desesperada” integrada por Diego Santilli y Lule Menem, muestran señales indescifrables, buscando evitar ser asociados con el kirchnerismo, que junto a la izquierda, es el único sector convencido de avanzar, aunque sin los números para un impeachment.
Esta semana, en el Congreso, se desarrollarán dos instancias preliminares: el martes en Diputados y el jueves en el Senado. Se debatirá la interpretación del artículo 101 de la Constitución Nacional, sobre si se requieren dos tercios de los votos (48 en el Senado y 172 en Diputados) o mayoría absoluta (37 en el Senado y 129 en Diputados) para la interpelación y eventual moción de censura. El oficialismo buscará imponer la primera interpretación, mientras la oposición resistirá con la segunda.
Una derrota legislativa no solo definiría el futuro de Adorni, sino que también evidenciaría una nueva pérdida de control del Congreso por parte del oficialismo, que había logrado una mayoría significativa en la primera mitad del año. Patricia Bullrich recordó que el bloque oficialista cuenta con solo 21 legisladores, y el “efecto Adorni” está angostando el rango de acción en el Senado, reduciendo el apoyo de 37 senadores.
En paralelo, el caso Adorni también expone la tirante relación entre la Casa Rosada y la Justicia. La investigación del fiscal Gerardo Pollicita, por delegación del juez Ariel Lijo, acumula información que estrecha la posibilidad de que Adorni no sea citado a indagatoria y eventualmente procesado, dadas las “irregularidades y contradicciones” halladas. La causa aterriza en Comodoro Py en un momento de profunda redefinición de la relación del Gobierno con la Justicia, donde Milei, y sobre todo Karina, han adoptado una postura conservadora, evitando críticas a los magistrados y habilitando un entendimiento con la “familia judicial”.
Esta relación ha derivado en una “cartelización de la Justicia”, con dos bandos (Lijo, Marcelo Martínez de Giorgi, Ricardo Lorenzetti, Santiago Caputo de un lado; Juan Bautista Mahiques, Horacio Rosatti, Karina Milei, Santiago Viola del otro) disputando y negociando un “tesoro vacante” de cargos judiciales. Esta dinámica se apoya en la “judicialización de la política” y la “politización de la Justicia”, fenómenos que, aunque no son nuevos, se desarrollan ahora a la vista de la sociedad, reforzando una noción de ajenidad y un divorcio entre la dirigencia y la gente que “nunca es gratuito para un país como la Argentina”.

