Adorni resiste en el Gobierno: Milei lo sostiene en medio de un «escándalo» y la presión del Congreso
El presidente Javier Milei mantiene a Manuel Adorni como jefe de Gabinete, a pesar de las crecientes presiones políticas y las acusaciones que pesan sobre el funcionario. La decisión presidencial de sostener a Adorni, calificado por la fuente como un «muerto político, sospechado de corrupción y de haber mentido reiteradamente», genera interrogantes dentro y fuera del Gobierno.
Las razones de Milei para no soltarle la mano a Adorni no tendrían una única explicación. Una de las hipótesis sugiere que el Presidente está convencido de la existencia de una conspiración político-empresarial que busca debilitar a su administración a través de este escándalo. Para Milei, el desgaste sobre el capital simbólico del oficialismo ya se ha pagado, y prefiere afrontar las consecuencias antes que desamparar a un funcionario que, si bien no ha demostrado ser útil en asuntos políticos, podría haberlo sido en otros aspectos que aún permanecen en la «media sombra».
El Congreso y la presión por una interpelación
El Poder Legislativo se prepara para exigir explicaciones a Adorni. Se evalúa la posibilidad de una interpelación, que requiere mayorías especiales en ambas Cámaras, similar al voto de censura establecido por la Constitución. El oficialismo busca ganar tiempo, consciente de que parte de sus aliados ya se han inclinado a favor de votar la interpelación, lo que representa un primer paso significativo.
Paradójicamente, la fuente señala que el embate contra Adorni cuenta con el apoyo tácito de varios miembros del propio Gobierno. Estos funcionarios, empantanados en el escándalo, creen que el esfuerzo por sostener al jefe de Gabinete es inversamente proporcional a los resultados económicos que se están obteniendo. Se aferran a los números positivos de la economía y, según la fuente, aplaudirían si el Congreso termina con la «agonía» de Adorni.
Las especulaciones sobre el futuro de Adorni y la postura de Macri
Aun si se lograra el número necesario para avanzar en una moción de censura, existe el temor entre los aliados de que Milei decida sostener al funcionario «decapitado», renombrándolo en un abierto desafío a los legisladores. Estas son, por ahora, «especulaciones febriles que se adelantan a los hechos».
La fuente sugiere que la amputación de funciones de Adorni, con la asignación de la vocería a un ex adversario de Milei reconvertido en oficialista, es un intento del Gobierno por mostrar normalidad. Esta medida confina al jefe de Gabinete a una actividad burocrática, careciendo de poder propio y dependiendo exclusivamente de la voluntad de Karina Milei y Javier Milei, quienes lo protegen y le buscan un destino cuando la tormenta amaine.
La situación de Adorni contrasta con la de otros funcionarios de alto rango que Milei desplazó sin titubeos, como dos jefes de Gabinete (Nicolás Posse y Guillermo Francos, quien aún considera ser candidato a gobernador bonaerense) y dos cancilleres (Diana Mondino y Gerardo Werthein). Esta disparidad de conducta es calificada como «sugestiva» por la fuente.
En este contexto, Mauricio Macri ha decidido ser más directo y pedir la salida de Adorni. Esta postura genera presión sobre figuras como Cristian Ritondo, quien debe responder a su presunto jefe partidario y, al mismo tiempo, armonizar con el oficialismo. El macrismo buscaría un compromiso libertario para asegurar su derecho a mantener la Ciudad de Buenos Aires y, a la vez, posicionarse frente a la figura de Patricia Bullrich, a quien la fuente describe como «la más rápida del Oeste para meter el dedo en la llaga de Adorni». Bullrich, a sus setenta años, tendría una urgencia presidencial y no estaría interesada en competir por la Ciudad, mientras que su posible candidatura a vicepresidente ya habría sido vetada por Karina Milei.

