Jubilaciones: las nuevas altas de Anses cayeron casi a la mitad por el fin de la moratoria
La cantidad de personas que lograron acceder a una nueva jubilación a través de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) sufrió una fuerte contracción durante la primera mitad de este año. Entre enero y junio, se registraron apenas 99.673 altas jubilatorias en el régimen general, lo que representa una caída del 45% en comparación con el mismo período de 2025 y un desplome del 53% respecto del primer semestre de 2024, según datos oficiales de la Subsecretaría de Seguridad Social de la Nación.
Este retroceso histórico en el acceso al sistema previsional se explica principalmente por la finalización del plan de pago de deuda previsional establecido por la ley 27.705, que perdió vigencia el 23 de marzo de 2025. Al no ser prorrogada por la gestión del presidente Javier Milei, y en un contexto de persistente informalidad laboral estructural, miles de personas quedaron excluidas de la posibilidad de jubilarse al no alcanzar el rígido requisito legal de contar con un mínimo de 30 años de aportes efectivos.
El fin de la hegemonía de las moratorias
La salida de vigencia de la moratoria provocó un cambio de paradigma inédito en las estadísticas oficiales. Por primera vez en más de una década, la proporción de personas que se jubilaron sin recurrir a moratorias superó a las que necesitaron un plan de pago: en el primer semestre de este año, el 57% de las altas se otorgaron sin moratoria, mientras que el 43% restante requirió de estas herramientas. Esta relación contrasta fuertemente con los registros de 2024 y 2025, cuando más del 70% de los nuevos beneficiarios ingresaba bajo algún esquema de regularización.
Actualmente, el universo previsional total refleja la dependencia histórica de estos mecanismos de auxilio estatal. De los 5,67 millones de jubilaciones que la Anses abonó en junio de este año, el 68% (3,86 millones) incluye alguna moratoria, mientras que solo el 32% (1,81 millones) corresponde a aportantes puros que completaron sus tres décadas de contribuciones durante su vida laboral activa.
Las alternativas vigentes y la opción de la PUAM
Para quienes no alcanzan los requisitos y necesitan un ingreso en la vejez, la principal vía de auxilio es la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM). Esta prestación, destinada a personas de 65 años o más sin aportes y bajo previo examen socioeconómico, equivale al 80% del haber mínimo (más el bono de $70.000), aunque no genera derecho a pensión para el cónyuge sobreviviente. En junio pasado, la PUAM alcanzó a 218.844 beneficiarios, un incremento del 14% respecto al promedio mensual de 2025.
Asimismo, persisten dos herramientas marginales de regularización. Por un lado, la histórica ley 24.476 (de 1995), un régimen permanente que permite comprar aportes anteriores a octubre de 1993, aunque su utilidad se licúa con el paso del tiempo. Por el otro, el plan de compra para trabajadores en actividad (mujeres de 50 a 59 años y hombres de 55 a 64 años) para adquirir períodos previos a abril de 2012. Cada mes de aporte tiene un costo actual de $40.240, que se elevará a $41.000 en agosto, lo que implica que comprar 10 años de aportes requiere un desembolso superior a los 4,9 millones de pesos.
Compensación por edad y reconocimiento por tareas de cuidado
El sistema previsional argentino aún contempla mecanismos de compensación para mitigar la falta de aportes. Quienes decidan postergar su retiro más allá de la edad mínima (60 años para mujeres y 65 para hombres) pueden aplicar la regla de compensar un año de aporte faltante por cada dos años de exceso de edad.
Por último, las mujeres disponen del programa de reconocimiento de aportes por tareas de cuidado. Este esquema computa un año de aporte por cada hijo biológico, dos años en caso de adopción, un año adicional si el hijo tiene alguna discapacidad, y dos años extra si la madre percibió la Asignación Universal por Hijo (AUH) durante al menos doce meses.

