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Celulares en las escuelas: la Red Itínere prohibió su uso pero el tiempo en pantalla de los alumnos no bajó

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En abril de 2025, la red de escuelas privadas Itínere —que incluye al colegio Northfield y otras siete instituciones de la zona norte y sur del conurbano bonaerense— tomó una decisión drástica: prohibir el uso de teléfonos celulares en el nivel secundario, tanto en las horas de clase como en los recreos. Sin embargo, un relevamiento propio realizado un año después reveló un dato inesperado: la restricción dentro de las aulas no logró disminuir el tiempo diario que los adolescentes pasan frente a las pantallas.

La medida de la red educativa se dio en sintonía con políticas similares adoptadas en distintas partes del país y del mundo, motivadas por una creciente preocupación en torno a la salud mental de los jóvenes. Cuadros de ansiedad, principios de depresión y desinterés generalizado comenzaron a ser habituales tras la pandemia de Covid-19. No obstante, los datos duros demostraron que limitar el dispositivo en el colegio no es suficiente para quebrar el hábito del consumo digital.

La paradoja del «efecto compensación»

De acuerdo con el reporte de la institución, los estudiantes de secundaria pasan entre 5 y 5 horas y 45 minutos diarios con sus teléfonos inteligentes. Esta cifra equivale a 73 días completos al año o al 21,6% de cada jornada de los jóvenes. Al no poder utilizarlos durante las casi ocho horas que pasan en el colegio, los adolescentes recuperan el tiempo perdido fuera del horario escolar.

“Lo que creemos es que le ganan tiempo por fuera del cole, le sacan tiempo a actividades o le sacan tiempo al sueño, por la noche”, explicó el neurocientífico Alejo Barbuzza, integrante del equipo de investigación de la red Itínere, liderado por Fabricio Ballarini, investigador del Conicet y director del departamento de Bioingeniería del ITBA.

Para obtener los datos de la edición 2026, los investigadores analizaron, de manera voluntaria y con autorización de las familias, los reportes reales de tiempo de pantalla de los smartphones de 654 alumnos de secundaria pertenecientes a seis colegios del grupo. Los resultados arrojaron que las aplicaciones más utilizadas por los estudiantes son TikTok (52%), seguida por Instagram (19%) y WhatsApp (13%).

Ansiedad, depresión y falta de sueño

El estudio de la red educativa también cruzó los datos de consumo con cuestionarios de salud mental para evaluar cuadros de adicción al celular, somnolencia y trastornos del ánimo. Aunque la metodología del informe no permite establecer una relación de causa y efecto directa, sí demostró una correlación alarmante entre el uso problemático de los dispositivos y el bienestar emocional de los alumnos.

Los estudiantes que se ubicaron por encima del límite de consumo problemático reportaron un 53% más de ansiedad, un 56% más de depresión y un 25% más de somnolencia diurna en comparación con aquellos que tienen un uso más controlado. Además, este grupo registró un 24% más de tiempo neto de pantalla.

El desafío de involucrar a las familias

Frente a este escenario, las autoridades de la red escolar ratificaron que mantendrán la prohibición del celular en el ámbito escolar porque mejora la convivencia en los recreos, pero advirtieron que la solución de fondo requiere un compromiso activo de los padres en el hogar.

“El dato mata relato. Nuestro gran lema es cambiar el hábito, y para eso no alcanza con limitar el uso de celulares frente a nosotros. La realidad es que el hábito no cambió”, sintetizó Darío Álvarez Klar, fundador y director general de la Red Educativa Itínere.

El directivo enfatizó la necesidad de un trabajo conjunto entre la escuela y el hogar para abordar lo que calificó como un consumo problemático de tecnología. “Colegio y familia somos patas de la misma mesa. Siempre esperamos que el otro ponga el límite”, concluyó Álvarez Klar, tras confirmar que continuarán con los talleres de concientización sobre ludopatía, redes sociales y bienestar digital.

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