Efecto Mundial: el consumo se refugia en el delivery y las picadas pero enciende alarmas por la fuga de dólares
A horas de la gran final entre la Argentina y España, el balance económico del Mundial trasciende lo estrictamente deportivo. En medio de un escenario de consumo deprimido, el certamen deportivo reconfiguró el destino del gasto de los hogares: más que despertar una mayor demanda generalizada, provocó un corrimiento del consumo hacia los productos y servicios vinculados de manera directa con los partidos de la Selección.
El diagnóstico es unánime entre las principales empresas de consumo masivo, delivery, movilidad, entretenimiento y turismo. El fuerte incremento en las ventas de alimentos para consumir en el hogar y en los pedidos de comida convivió con una menor concurrencia a restaurantes tradicionales, cines y teatros. Este comportamiento refleja una modificación en los hábitos cotidianos de los argentinos antes que una mejora genuina en los niveles de consumo, como informó este medio Efecto Mundial: el consumo masivo se dispara en las previas y los pagos digitales se congelan durante los partidos.
Según explicó Ariel Coremberg, director del Centro de Estudios de la Productividad, la evidencia académica demuestra que el impacto económico de un Mundial suele ser más moderado de lo que se supone. El economista advirtió que el mayor consumo en gastronomía, entretenimiento o indumentaria deportiva suele implicar un reemplazo de otros consumos más que una expansión real del gasto. Asimismo, remarcó que los argentinos que viajan al exterior para seguir el torneo generan una salida de divisas que termina teniendo un efecto recesivo sobre la economía local.
El mundial de la picada y los snacks
A la hora de analizar los rubros ganadores, las picadas y los snacks lideraron cómodamente el ranking. En la plataforma PedidosYa, los comercios de cercanía llegaron a duplicar y hasta triplicar sus ventas de tablas preparadas durante los partidos de la Selección, con subas de entre el 70% y el 170% en categorías como quesos, embutidos y snacks. En promedio, los pedidos en la aplicación crecieron un 60% en las previas de los cinco encuentros disputados por la Argentina, alcanzando su pico máximo en el cruce frente a Egipto con un salto del 115%.
Desde la empresa especializada Piccadely señalaron que la demanda fue tan alta que el principal desafío operativo consistió en administrar la logística de entrega. Además, detectaron un aumento en el tamaño de las compras, con una marcada preferencia por las picadas XL y los combos familiares. Por su parte, la multinacional PepsiCo detalló que uno de cada tres argentinos elige snacks para acompañar los partidos, registrando una suba promedio del 13% en sus ventas durante los días de juego.
En tanto, desde el Grupo Bimbo reportaron un incremento del 40% en la demanda de pan para hamburguesas y panchos, mientras que su línea de snacks Takis agotó stock de manera temprana. En las góndolas de los supermercados la tendencia fue idéntica. Leonardo Arcas, director de Transformación Digital, Marketing y Ventas de Carrefour, precisó que si bien no hubo un cambio estructural en el volumen general, sí se registraron «picos muy marcados» en los horarios previos a los partidos. En la cadena de supermercados Día, las salchichas de copetín lideraron el crecimiento con un alza del 156%, seguidas por el salchichón (+150%) y los snacks salados (+120%).
El delivery vs. los salones tradicionales
El sector gastronómico vivió una realidad de dos caras. Las cadenas orientadas al despacho rápido y al envío a domicilio capitalizaron con fuerza el evento. La cadena de hamburgueserías Mostaza reportó un crecimiento superior al 3% en sus ventas de mayo y junio, mientras que la firma de empanadas Mi Gusto vio disparar sus ventas entre un 220% y un 300% durante los días de partido de la Selección.
La contracara absoluta la sufrieron los restaurantes tradicionales. Con las calles vacías y las ciudades paralizadas durante los partidos, la actividad en los salones cayó de manera abrupta. Alejo Pérez Zarlenga, fundador de la hamburguesería Williamsburg, explicó que los partidos nocturnos ponen a prueba la rentabilidad de los salones: la gente llega temprano para ver el encuentro y se queda hasta la madrugada, lo que anula la rotación de mesas necesaria para el negocio. En sintonía, Sebastián Ríos, cofundador de Almacén de Pizzas, describió salones vacíos durante los horarios de juego, compensados parcialmente por un crecimiento de entre el 25% y el 35% en el servicio de delivery.
Incluso rubros menos habituales sintieron el impacto de las reuniones. La cadena Farmacity detectó un incremento durante julio en la venta de productos para aliviar trastornos digestivos, colagogos, inhibidores de la acidez y analgésicos asociados a los excesos de comidas y bebidas.
Espectáculos en baja y la sangría de dólares
El entretenimiento fuera del hogar fue uno de los sectores más perjudicados. En las salas de cine, cada presentación de la Selección provocó un desplome masivo de la asistencia. Tras el triunfo argentino ante Cabo Verde, las entradas vendidas en todo el país cayeron de 58.000 a 20.400 en apenas 24 horas, afectando incluso los estrenos de tanques cinematográficos como Toy Story 5 y Minions & Monsters. En el teatro, la final obligó a la reprogramación y cancelación de la gran mayoría de las funciones de la jornada.
Por fuera del consumo interno, la mayor preocupación económica se trasladó al frente cambiario. Si bien el Mundial dinamiza ciertos sectores locales, la contracara es la salida de divisas por turismo emisor. Tras la clasificación argentina a la final, la plataforma Despegar registró un aumento exponencial en las búsquedas de vuelos a Nueva York, sede del encuentro decisivo.
De acuerdo con estimaciones de la consultora Qualy, unos 4.500 argentinos viajarán exclusivamente para presenciar el partido frente a España. Con un gasto promedio calculado en 13.000 dólares por persona (que incluye pasajes, entradas, hotelería y viáticos), este grupo demandará unos 58 millones de dólares adicionales. Esta cifra se acopla a la proyección inicial de la consultora, que preveía una salida total de 455 millones de dólares a lo largo de todo el torneo por parte de unos 45.500 viajeros argentinos.
Para Coremberg, el verdadero rédito de una eventual consagración se ubica en el terreno de los intangibles. Un nuevo título fortalecería la cohesión social y potenciaría la «marca Argentina» en el mediano plazo, aunque advirtió que esos beneficios son sumamente difíciles de cuantificar en el corto plazo de la balanza comercial.

