Mundial en Suiza: la insólita vigilia de la hinchada argentina para el cruce de cuartos de final
A miles de kilómetros de su tierra natal, la comunidad de argentinos residentes en Suiza copó las calles de las principales ciudades europeas en una vigilia sin precedentes. A pesar de que el trascendental partido por los cuartos de final del Mundial entre la Selección Argentina y el combinado helvético comenzará a las tres de la mañana del domingo en el huso horario local, los hinchas desplegaron banderas, encendieron parrillas y organizaron banderazos para acortar la ansiosa espera.
La movilización comenzó a media tarde de la Argentina (las 20 horas en territorio suizo), cuando familias y grupos de amigos se concentraron en el Leutschenpark, un parque ubicado al norte de Zúrich. El objetivo fue claro: iniciar una extensa previa con asado, fernet y cumbia, que luego se trasladó al centro de eventos Sektor 11, un boliche reservado especialmente para albergar a unos 700 fanáticos que seguirán el encuentro disputado en Kansas City a través de una pantalla gigante.
Zúrich: asado, cumbia y advertencia policial
La fiesta en Zúrich estuvo coordinada por referentes de la comunidad local como Lino, un barbero oriundo de Villa Dolores, Córdoba, quien vive en Suiza desde hace un año. Ante la falta de espacio en los bares locales —en su mayoría reservados por simpatizantes suizos—, los organizadores debieron buscar alternativas de gran capacidad. «Conseguimos uno donde entran 700 personas. A las ocho de la noche nos juntamos todos, hacemos el asado, después el banderazo y más tarde vamos al boliche donde vamos a ver el partido», detalló el cordobés.
Sin embargo, la caravana hacia el Sektor 11 tuvo un pequeño contratiempo. La policía local intervino para solicitarles que cesaran los ruidos molestos en la vía pública, específicamente el sonido de los bombos. La respuesta de los hinchas fue pacífica y organizada: acataron la orden temporalmente bajo la promesa de desatar el festejo una vez dentro del local.
A la logística también se sumaron Fabio Benítez y Jonathan Michael Ediger, fundadores del grupo cultural «Dos Amigos». Benítez, oriundo de Misiones y con ciudadanía suiza por herencia de su abuelo, reconoció los sentimientos encontrados de enfrentar al país que lo alberga desde 2014, aunque su lealtad futbolística no tiene dudas: «Siempre voy a querer que gane Argentina». Por su parte, Ediger, quien llegó a Suiza a los cinco años, destacó que estos encuentros son clave para mantener vivas las tradiciones, la cultura y el amor por el país.
Ginebra y la marcha de los bombos
La pasión celeste y blanca no se limitó a la Suiza de habla alemana. En Ginebra, la concentración se inició a las 22 horas en la emblemática Plaine de Plainpalais. Desde allí, una columna de hinchas inició una caminata de dos kilómetros y medio hasta el sector de Bout-du-Monde, portando bombos, banderas y entonando cánticos de cancha.
El punto de encuentro final fue un bar en la Route de Vessy, acondicionado con una pantalla gigante en su terraza. Kevin Ortlieb, uno de los promotores de la iniciativa en Ginebra y creador de un grupo de mensajería que superó rápidamente los cien integrantes, explicó la necesidad de un espacio propio para evitar tensiones con hinchas de otras nacionalidades:
«El problema no son los suizos, que son bastante respetuosos. A veces son personas de otros países que quieren que le vaya mal a la Argentina y se ponen la camiseta de cualquier rival. Como nosotros somos calentones, preferimos ir a un lugar donde sabemos que vamos a ser mayoría».
El corazón dividido en los hogares bilingües
El cruce mundialista también se coló en la intimidad de las familias argentinas radicadas en el país europeo, donde conviven identidades diversas. Giselle Moreira, educadora infantil que reside en el cantón del Tesino, relató cómo su hijo Michele, de cinco años, lidia con el dilema de alentar a la Argentina de Lionel Messi o a su Suiza natal. «Él ama a la Argentina y ama a Messi, pero porque yo se lo transmito. Nació acá, se cría acá y es lo que conoce», explicó, confirmando que seguirán el partido por televisión con transmisión y relatos argentinos para no perder la mística.
Una experiencia similar atraviesa Violeta Ramos en Zug, junto a sus hijos adolescentes, e Ignacio, capitán de su equipo de fútbol local. Del mismo modo, Lucía Arcagni, instructora de esquí en St. Moritz y oriunda de San Martín de los Andes, contó que su hijo Teo, de cinco años, viste orgulloso la camiseta número 10 de la Selección, pese a tener también las nacionalidades suiza y austríaca.
Con el asado consumido, los bombos listos y la cumbia sonando de fondo, la comunidad argentina en Suiza desafía el sueño y el frío de la madrugada europea para empujar a la Scaloneta rumbo a las semifinales del Mundial.

