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Dolor en el fútbol: murió Antonio Rattín, leyenda de Boca Juniors y de la Selección Argentina

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El fútbol argentino está de luto. Antonio Ubaldo Rattín, uno de los máximos referentes de la historia de Boca Juniors y de la Selección Argentina, falleció a los 89 años, dejando un vacío inmenso en el corazón de los hinchas y un legado imborrable como el eterno caudillo del mediocampo nacional.

Rattín representó como pocos la mística y el temperamento del club de la Ribera. A lo largo de 14 temporadas consecutivas, el volante central defendió la camiseta azul y oro en una era dorada para la institución. En total, conquistó cuatro títulos locales y se ganó el respeto eterno de la parcialidad xeneize al cumplir con una marca de fidelidad inusual en el fútbol moderno: nunca vistió otra camiseta a nivel de clubes en toda su carrera profesional, convirtiéndose en uno de los grandes «one-club men» de la historia local.

El caudillo de la Selección y el hito de Wembley

Su liderazgo natural y su presencia física en la mitad de la cancha lo llevaron rápidamente a portar la cinta de capitán en la Selección Argentina. Con la camiseta albiceleste, Rattín disputó las Copas del Mundo de Chile 1962 e Inglaterra 1966. Fue precisamente en este último torneo donde protagonizó uno de los episodios más icónicos y recordados de la historia de los mundiales.

Durante el polémico partido de cuartos de final ante el seleccionado local en el mítico estadio de Wembley, Rattín fue expulsado por el árbitro alemán Rudolf Kreitlein. Al no comprender el idioma y considerar injusta la decisión, el mediocampista argentino se resistió a abandonar el campo de juego exigiendo un traductor. En su salida, dejó dos imágenes que quedaron grabadas para siempre en la mitología futbolística: se sentó temporalmente en la alfombra roja destinada a la reina Isabel II y luego estrujó un banderín de córner con la bandera británica ante el abucheo del público local. Este histórico incidente aceleró la implementación de las tarjetas amarillas y rojas en el fútbol mundial para evitar problemas de comunicación.

Con su partida física, el deporte argentino despide no solo a un extraordinario jugador de gran despliegue y enorme temperamento, sino también al exponente de una época donde el amor por los colores prevalecía por sobre cualquier oferta del exterior. Su figura continuará imponente en el recuerdo de los hinchas que poblaron la Bombonera durante las décadas de 1950 y 1960.

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