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Industria textil: la pyme de La Paternal que se reinventa con telas importadas y el método Toyota

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En un escenario complejo para la industria nacional, marcado por el cierre de 874 establecimientos textiles y la pérdida de 24.000 puestos de trabajo desde 2023, una pyme familiar del barrio porteño de La Paternal decidió desafiar la inercia del sector. Se trata de JIT Pants, una fábrica que, tras atravesar las sucesivas crisis de la economía argentina, apostó por una profunda reconversión productiva: pasar de la confección de ropa de trabajo a pantalones de vestir de alta gama bajo el concepto de «lujo accesible».

El método Toyota aplicado a la costura

Detrás de una fachada típica de taller de barrio que denota el paso del tiempo, la planta de la fábrica alberga un proceso de manufactura altamente tecnificado. La empresa adoptó el Toyota Sewing System (TSS), un método de producción modular y flexible basado en la filosofía industrial «Just In Time» (Justo a Tiempo). Este sistema busca optimizar cada minuto del proceso de confección a través de un flujo continuo.

Actualmente, la planta opera con 11 operarias en un único turno de ocho horas, una estructura notablemente más acotada que en el pasado reciente, cuando llegaron a contar con 50 empleados distribuidos en tres turnos. En el piso superior, equipadas con máquinas de coser japonesas de la marca Brother, las trabajadoras cumplen con metas de producción diarias muy precisas. Un reloj en la línea de producción marca el objetivo de la jornada: confeccionar 62 piezas terminadas en un lapso de pocas horas. Eduardo Buchbinder (58), actual director de la pyme, defiende la vigencia del equipamiento: «lo viejo funciona».

Importación estratégica y venta directa

Frente a la competencia de productos terminados de origen asiático, la estrategia de JIT Pants consiste en diferenciarse a través de la calidad de la materia prima. Con la flexibilización de las trabas a la importación y un tipo de cambio favorable para la compra de insumos, la cuarta generación de la familia, representada por Daniel Buchbinder (26), asumió la tarea de buscar géneros exclusivos en el exterior.

La firma comenzó a importar algodón supima de Estados Unidos, lino y gabardinas de Italia, y corderoy de Inglaterra. El objetivo es dar un salto de calidad rotundo: abandonar progresivamente la producción de pantalones para uniformes de choferes, bancarios y personal de seguridad, y volcarse al pantalón de vestir de alta calidad. Al eliminar intermediarios mediante un esquema de venta directa, la empresa asegura poder ofrecer estas prendas premium a precios sumamente competitivos en el mercado local.

Cuatro generaciones de resiliencia familiar

La historia de la familia en el rubro se remonta a 1927, año en que Isaías Buchbinder emigró desde Polonia. En 1943 fundó el primer taller de ropa de trabajo. Dos décadas después, en 1963, su hijo Carlos dio el primer paso hacia los pantalones de vestir utilizando talleres tercerizados. Fue Eduardo, perteneciente a la tercera generación y graduado en Administración de Empresas, quien decidió centralizar la producción en una fábrica propia para controlar todo el proceso.

Desde la incorporación de la cuarta generación en 2018, la firma consolidó su identidad de diseño europeo y disponibilidad inmediata (ready to wear). Tras haber sobrevivido a la crisis del 2001, que los sorprendió con deudas y créditos en medio de una recesión histórica, la empresa familiar adoptó una política financiera estricta: hoy operan sin deudas y reinvierten la totalidad de sus excedentes.

Eduardo Buchbinder sintetiza la filosofía de la empresa apelando a un concepto clásico de la economía:

«Nuestro mayor activo es entender que el legado de la generación anterior nunca es suficiente para sostener el negocio familiar. Hay que repensar, conservar lo que resultó valioso y construir siempre».

Cada domingo, durante almuerzos familiares que se extienden por horas, las distintas generaciones debaten el rumbo del negocio, convencidos de que innovar no requiere necesariamente romper con todo el pasado, sino adaptar la tradición a las exigencias del presente.

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