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Adiós a un prócer: murió Antonio Rattín, el caudillo de Boca que desafió al poder inglés en Wembley

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El fútbol argentino está de luto. Falleció Antonio Ubaldo Rattín, uno de los máximos símbolos de la historia de Boca Juniors y de la Selección Argentina. Su partida física reaviva el recuerdo de una de las leyendas más grandes del deporte nacional, marcada a fuego por su temperamento, su liderazgo y, fundamentalmente, por aquella histórica tarde del 23 de julio de 1966 en el estadio de Wembley, donde desafió al poder establecido del fútbol mundial. Como informó este medio Duelo nacional: murió Antonio Rattín, el eterno caudillo de Boca y la Selección, su deceso genera un profundo dolor en todo el arco deportivo del país.

Nacido deportivamente en el club xeneize, Rattín vistió la camiseta albiceleste en dos Copas del Mundo (Chile 1962 e Inglaterra 1966), ambas bajo la conducción técnica de Juan Carlos Lorenzo. Sin embargo, fue en tierras británicas donde su figura de «caudillo» trascendió las fronteras para convertirse en un mito viviente del fútbol internacional por su inolvidable cruce con la corona inglesa.

El camino a la gloria y la desorganización de la época

La trayectoria de Rattín con la Selección no estuvo exenta de vaivenes. En el Mundial de Chile 1962, el «Toto» Lorenzo lo ubicó en una posición inusual de mediocampista ofensivo para tapar al inglés Haynes, una decisión que el propio jugador reconoció años después como un error táctico que costó la eliminación temprana tras caer 3-1 ante Inglaterra. No obstante, el temple del equipo se recuperó con la sorpresiva conquista de la Copa de las Naciones en Brasil (1964), donde vencieron a los locales bicampeones, a Portugal y a los propios ingleses con el arco invicto.

Para el Mundial de 1966, la preparación volvió a estar marcada por la desorganización, pero Lorenzo apostó por hombres de experiencia. Argentina superó con solidez la primera fase tras vencer a España y Suiza, e igualar sin goles con una durísima Alemania Federal, lo que propició el fatídico cruce de cuartos de final ante los anfitriones en Londres.

Escándalo en Wembley: la alfombra y el banderín

Aquel 23 de julio, el partido era sumamente parejo frente a una de las mejores selecciones inglesas de la historia, que contaba con figuras de la talla de Bobby Charlton y Bobby Moore. A los 32 minutos del primer tiempo, el árbitro alemán Rudolf Kreitlein decidió expulsar a Rattín tras reiteradas protestas que, debido a la barrera idiomática, eran imposibles de comprender por el juez.

Lejos de aceptar la injusta decisión de inmediato, el capitán argentino decidió «enfriar» el encuentro exigiendo un intérprete. Ante la negativa, protagonizó una de las escenas más icónicas de la historia de los Mundiales: caminó hacia el palco oficial y se sentó sobre la alfombra roja destinada a la realeza británica. Tiempo después, Rattín relató el episodio con su habitual frescura:

«La reina no estaba y vi el palco vacío, con una alfombra de 6 x 4 roja. Hermosa. Era un lugar lindo. Me senté unos diez minutos allí, porque si no tenía que irme debajo de la tribuna. No lo hice para agraviar a la reina, sino para ver el partido. Cuando me fui al vestuario, los ingleses me tiraban chocolates. En ese momento pasé por el banderín del córner, que tenía los colores de la bandera inglesa, lo retorcí y los insulté».

Un quiebre histórico para el fútbol mundial

La resistencia argentina con diez hombres aguantó hasta que Geoff Hurst marcó el único gol del partido que clasificó a Inglaterra. La furia británica tras el encuentro fue total; el director técnico local, Alf Ramsey, tildó de «animals» (animales) a los jugadores argentinos. Las sanciones de la FIFA no tardaron en llegar: una multa de 1.000 francos suizos (unos 250 dólares de la época) a la AFA, cuatro partidos de suspensión para Rattín, y tres partidos para Roberto Ferreiro y Ermindo Onega (este último por escupir a un dirigente del organismo).

A pesar del triunfo británico, la prensa argentina calificó el arbitraje de Kreitlein como «malintencionado y parcial». El escándalo de Wembley fue de tal magnitud que impulsó a la FIFA a buscar un método más claro para sancionar a los futbolistas sin depender del idioma, lo que derivó en la posterior implementación de las tarjetas amarillas y rojas a partir del Mundial de México 1970. Con la partida de Antonio Rattín, se apaga la vida de un hombre extraordinario, pero su leyenda de rebeldía y orgullo nacional en el templo del fútbol inglés quedará grabada para siempre.

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