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Mundial en Suiza: la comunidad argentina prepara una vigilia de madrugada con asado, bombos y banderazos

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A más de 11.000 kilómetros de Buenos Aires, la pasión por la Selección Argentina desafía el huso horario y la distancia geográfica. Mientras en nuestro país el trascendental cruce de cuartos de final entre el equipo de Lionel Scaloni y Suiza se disputará el sábado a las 22:00, en territorio helvético el pitazo inicial llegará a las tres de la madrugada del domingo. Lejos de desanimarse por el reloj, cientos de compatriotas radicados en el país europeo organizan una vigilia que transformará la noche suiza en una fiesta albiceleste con asados, murgas y pantallas gigantes.

Zúrich, el epicentro de la marea albiceleste

La mayor concentración de hinchas se registrará en Zúrich. A partir de las 20:00 del sábado, la comunidad argentina comenzará a reunirse en Leutschenpark, un parque ubicado al norte de la ciudad. Allí se montará una previa con parrillas improvisadas, banderas y bombos, antes de trasladarse al salón de eventos Sektor 11, donde el partido se transmitirá en directo en pantalla gigante.

Los organizadores estiman una concurrencia récord de entre 500 y 700 personas. Claudio González, uno de los impulsores de la iniciativa, explicó cómo el torneo reactiva el sentido de pertenencia de los residentes en el exterior:

Hay gente con la que durante años casi no hablamos, pero cuando llega un Mundial, volvemos a encontrarnos. Nos siguen porque quieren cantar, llevar el bombo y alentar a la selección. Suiza será nuestro segundo hogar, pero todos vamos a hinchar por Argentina.

El fervor ya se venía sintiendo en la previa de este cruce decisivo. Durante el reciente show de la banda argentina Ke Personajes en el local Komplex 457 de Zúrich, el público colmó las instalaciones con camisetas celestes y blancas y entonó de forma espontánea «Muchachos», el emblemático himno de la hinchada nacional, anticipando el clima de fiesta que se vivirá el fin de semana.

Vigilias y grupos de WhatsApp en todo el territorio

La movilización no se limita a la principal urbe suiza. En Basilea, Lausanne, Ginebra, Zug, Berna y Sion, los residentes argentinos coordinan sus propios puntos de encuentro a través de la tecnología. Kevin Ortlieb, un platense que reside en el país europeo desde hace casi una década, armó un grupo de WhatsApp que rápidamente pasó de 30 a 108 integrantes. Se reunirán en la cantina de un club deportivo para esperar el partido con truco, cumbia y fernet.

En Basilea, el reconocido restaurante gastronómico ¡Che, Qué Lomo!, fundado por el argentino Alan Duca y su esposa suiza en 2010, debió adaptar sus planes. Tras colmar sus instalaciones en el partido anterior frente a Egipto, la restricción horaria comercial les impide abrir a las tres de la mañana. Sin embargo, Duca confirmó que se trasladarán en grupo a un bar local para mantener el aliento.

Como restaurante, no podemos abrir a esa hora, así que esta vez nos vamos a juntar en un bar de la ciudad para verlo entre argentinos. Tenemos mucha confianza en el equipo. Entendemos que ganar sufriendo también forma parte de nuestra historia.

El desafío de las familias binacionales

Para los argentinos con raíces divididas, el partido genera sentimientos encontrados pero también una profunda unión familiar. Ivana Sabios, radicada en Sion desde hace 13 años y casada con un ciudadano suizo, describe la particularidad de ver el partido con compatriotas:

No es lo mismo verlo con gente de acá que con argentinos. Nosotros cantamos, saltamos, gritamos y vivimos el fútbol de otra manera. Al principio pensé: ‘No quiero que gane Suiza porque va a tener que enfrentar a la Argentina’. Después entendí que cualquiera de los dos resultados me iba a hacer feliz, porque hoy los dos países forman parte de mi vida.

Por su parte, en Lausanne, Florencia Bonafé evalúa mudar la habitual reunión en un bar céntrico a un domicilio particular para evitar cruces directos con la hinchada local, ya que el establecimiento suele ser concurrido por fanáticos suizos. En tanto, Lucía Arcagni, quien vive en Suiza desde 2018 con su esposo austríaco, relata cómo su hijo Teo, de cinco años, ya eligió bando: a pesar de su herencia multicultural, el pequeño insiste en vestir la camiseta número 10 de Lionel Messi y sueña con un triunfo de la Selección.

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