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La Scaloneta: la remontada épica ante Egipto reaviva la fe en la Selección y en el «Dios argentino»

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La Selección Argentina de fútbol protagonizó una remontada histórica este martes en Atlanta, venciendo a Egipto en un partido que, por su dramatismo y épica, ya se inscribe en la memoria colectiva. El triunfo, gestado en los últimos 15 minutos del encuentro, desató una ola de euforia en todo el país, llevando a miles de argentinos a revivir sensaciones de alegría y emoción que trascienden lo meramente deportivo.

Lo que parecía una derrota inminente se transformó en una victoria vibrante, con el equipo que muchos ya apodan la “Scaloneta” arrancándose las vendas de la frustración para dar un golpe de autoridad. Este desenlace, cargado de coraje y rebeldía, hizo que la razón se fuera de vacaciones, dejando lugar a la emoción pura, a los abrazos espontáneos y a la sensación de que, por un momento, las diferencias cotidianas se disolvieron ante la gesta futbolística.

Un festejo que une y conmueve

El impacto de la victoria se reflejó en las calles y en las redes sociales. Los festejos, con gritos, saltos y el estruendo de los cohetes, atravesaron paredes y ventanas, contagiando a quienes intentaban racionalizar lo inexplicable. Para muchos, esos 15 minutos finales son un tesoro que “habría que sacar una caja de seguridad en un banco y guardar ahí para siempre”, como expresó el editor Daniel Lagares en su columna, destacando la singularidad de un momento que “es difícil que se repita”.

La imagen de los jugadores abrazándose con sus familiares tras el pitazo final resonó profundamente, conectando con las historias personales de cada hincha. Este triunfo habilitó una licencia para creer en la grandeza, en ese sentimiento identitario de “¡Somo’ lo mejore’, papá!” y para construir un nuevo relato que será transmitido a futuras generaciones: “No sabés lo que fue ese 3-2 a Egipto”, dirán los abuelos a sus nietos.

De la angustia a la liberación: el espíritu de la Scaloneta

La angustia que se vivió en la helada tarde argentina, con los ojos clavados en la televisión, se transformó en un premio de liberación. El cabezazo de Enzo Fernández, que selló la remontada, se convirtió en una postal para enmarcar. La Selección, que en un momento parecía “momia en las manos (y los pies) de los egipcios”, se levantó, le dio “una patada a la extremaunción y pegó un fuerte golpe sobre la mesa”.

Hoy y aquí, esta Selección nos llevó de regreso a la infancia, cuando por primera vez pateamos una pelota y fuimos felices como nunca volvimos a serlo. Hasta ahora. Hasta estos latidos, estas risas, estos gritos. Y estas lágrimas.

La victoria no solo generó alegría, sino que reavivó la pregunta sobre el “Dios argentino”, ese que muchos invocaron pidiendo un milagro. Más allá de lo divino, la gesta se atribuye al coraje, a la vergüenza deportiva y a la rebeldía de no aceptar la derrota. Este equipo, con Lionel Messi como estandarte, volvió a hacer sufrir a sus seguidores, pero también les regaló una felicidad inmensa, conectándolos con la pureza de la pasión futbolera de la infancia.

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