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RIGI: el detrás de escena de la ley que divide a liberales y peronistas

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El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que genera un intenso debate en el Congreso y en la opinión pública argentina, esconde un origen que contradice las posturas ideológicas de los principales actores políticos. Según reveló Eduardo Falcone, diputado nacional por el MID, el RIGI no fue una creación del ala liberal del actual gobierno, sino que fue diseñado por un ex funcionario con una extensa trayectoria en gobiernos peronistas: Guillermo Ferraro.

Falcone, quien se define como desarrollista, mantuvo una reunión con Ferraro en enero de 2023, cuando este último era diputado en el bloque de La Libertad Avanza. En ese encuentro, el propio Ferraro le confirmó que el régimen era de corte desarrollista y que había sido concebido por su equipo y bajo su dirección absoluta. Esta revelación echa luz sobre las marcadas contradicciones que exhiben tanto liberales como peronistas al momento de posicionarse frente a la iniciativa.

Liberales en el gobierno: entre la convicción y la necesidad

Los sectores liberales que no forman parte del Gobierno, así como algunos que están dentro pero no lo expresan públicamente, se oponen al RIGI. Argumentan que el Estado, al incentivar inversiones millonarias en sectores estratégicos, va en contra del libre mercado y perjudica la asignación eficiente de recursos. Sin embargo, los liberales que sí respaldan el RIGI, como el propio Ferraro en su momento, justifican su apoyo alegando la necesidad de otorgar seguridad cambiaria y fiscal a los inversores, basándose en la histórica «pelea al capital» y los cambios de reglas de juego atribuidos a gobiernos peronistas, como la recordada Resolución 125.

Peronistas: la doble vara ante los incentivos

En el otro extremo, gran parte del peronismo se opone al RIGI por motivos ideológicos, salvo los gobernadores de provincias que serían receptoras de estas grandes inversiones, quienes priorizan el desarrollo de sus territorios. Estos sectores critican la propuesta citando a figuras liberales que se opusieron históricamente a la intervención estatal en la economía, calificando al RIGI como una «herejía desarrollista inaceptable».

Sin embargo, la historia reciente muestra contradicciones en esta postura. En julio de 2013, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, se firmó un acuerdo con Chevron que incluía condiciones como topes de regalías, estabilidad tributaria, libre disponibilidad de divisas y jurisdicción extranjera por 30 años, lo que requirió una reforma de la Ley de Hidrocarburos. Este antecedente es visto como un «proto-RIGI kirchnerista». En aquella ocasión, el PRO, la UCR y el Frente Renovador de Sergio Massa votaron en contra, mientras que el kirchnerismo lo hizo a favor.

Más recientemente, en octubre de 2023, el kirchnerismo, con Massa ya integrado, dio media sanción a una Ley de Gas Natural Licuado (GNL) con fundamentos que hoy contradicen su oposición al RIGI. Esa ley de GNL, incluso más similar al RIGI que el acuerdo con Chevron, contemplaba libre disponibilidad del 50% de divisas, retenciones escalonadas, amortización acelerada en Ganancias y devolución de IVA por 30 años. Fue votada con fervor por el kirchnerismo, mientras que el PRO y la UCR se abstuvieron. Curiosamente, ningún libertario votó a favor: Javier Milei y Carolina Píparo votaron en contra, José Luis Espert se abstuvo y Victoria Villarruel estuvo ausente.

La coherencia desarrollista

Falcone concluye que los desarrollistas, como su partido, hubieran votado a favor en los tres casos (acuerdo con Chevron, Ley de GNL y RIGI) sin contradicciones ideológicas. Subraya la coherencia de su espacio político, que siempre ha apoyado «impulsar masivas inversiones en sectores estratégicos para el desarrollo nacional», una postura que sostienen desde el gobierno del presidente Arturo Frondizi.

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