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Familia Alvarado: de tambo en crisis a industria láctea líder en Salta con dulce de leche

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En un contexto económico desafiante para la Argentina, donde la eficiencia y la profesionalización son determinantes para la competitividad agropecuaria, la familia Alvarado de Salta emerge como un caso de éxito. Su estrategia: trascender la mera producción lechera para construir una industria integrada, agregando valor desde el origen y diversificando su oferta de productos.

Ubicados en el Valle de Lerma, a 20 kilómetros de la capital salteña, los Alvarado operaban un campo de 320 hectáreas dedicado a la lechería pastoril. Sin embargo, como relata Julián Alvarado, uno de los titulares de la empresa, «las cuentas no cerraban». Esta situación, sumada a la necesidad de generar más recursos para los tres hermanos y su padre, impulsó un cambio radical en el modelo de negocio.

Martín Gana, asesor de Select Debernardi, destaca que la clave de esta transformación radica en la visión de los Alvarado de industrializar sus materias primas, diferenciarlas y acercarlas al consumidor con identidad propia. Este enfoque les permitió no solo superar las dificultades económicas, sino también consolidar su posición en el mercado.

De la lechería pastoril a la innovación industrial

El camino hacia la industrialización comenzó con una inversión significativa en infraestructura. Para optimizar la producción y mejorar el confort de sus 300 vacas, que hoy producen 11.000 litros de leche diarios, construyeron un galpón con cama de compost de 250 por 20 metros. Si bien las vacas permanecen gran parte del día encerradas, también salen a pastorear praderas de alfalfa, tréboles y verdeos, una combinación que, según Julián, «le da otro gusto a la leche».

La decisión de montar una fábrica de productos lácteos en el propio campo se justificó no solo por las razones familiares, sino también por la escasa oferta de usinas receptoras de leche en Salta, lo que les permitía evitar la dependencia de pocos compradores. En 2005, iniciaron con la fabricación de dulce de leche, un producto que no requiere frío para su distribución y que aprovechaba la cercanía del azúcar y el servicio de gas natural, disponible gracias a la industria tabacalera de la zona.

La diversificación continuó en 2008 con la incorporación de yogur, buscando un producto de mayor demanda estival. Más recientemente, en 2024, sumaron la producción de mozzarella y quesillo, un postre tradicional del Noroeste Argentino. La planta de procesado cuenta con dos calderas, tanque de frío, pailas para dulce de leche, yogurteras para 10.000 litros y otros equipos, financiados con recursos propios y créditos.

Un modelo de negocio que sostiene el tambo

Actualmente, la fábrica procesa 10.000 litros de leche por día y emplea a siete personas. La distribución se realiza principalmente en la provincia de Salta, con alcance a Tucumán y algunos comercios gourmet en Buenos Aires. El producto estrella es el dulce de leche Campo Quijano, enfocado en el uso repostero y comercializado en almacenes y comercios de proximidad para asegurar una mayor visibilidad en góndola.

La calidad de la leche recién ordeñada es el principal argumento de venta, una característica que se mantiene a lo largo de todo el proceso industrial. Julián Alvarado subraya que, si bien la industria demanda más tiempo que el tambo, ha demostrado ser un pilar fundamental para la sostenibilidad del negocio familiar. «Hay momentos como el actual, en los que la fábrica soporta económica y financieramente al tambo», afirma, destacando que «en este momento la fábrica factura el triple que lo que factura el tambo».

Este éxito no es casualidad; es el resultado de una visión de largo plazo, reinversión constante, profesionalización y una sólida cultura de trabajo, que incluye la formación de equipos interdisciplinarios. La resiliencia, en este caso, significó adaptarse positivamente, superar el estrés y encontrar oportunidades de crecimiento. Como concluye Martín Gana, «agregar valor no solo mejora la rentabilidad; también genera empleo, fortalece las economías regionales, promueve el arraigo y multiplica oportunidades en el interior productivo».

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