La “manera argentina de hacer política”: ¿un gobierno “tan peronista” como en 1952?
La reciente reconfiguración de cargos en el gobierno nacional ha generado un particular debate sobre la naturaleza política del actual oficialismo. Con la designación de Diego Santilli como Jefe de Gabinete, Martín Menem al frente de la Cámara de Diputados, y Victoria Villarruel en el Senado, el autor del análisis sugiere que la composición actual del poder evoca una estructura “tan peronista” como la de 1952, un período marcado por la fuerte presencia del peronismo.
La presencia de figuras como José Mayans y Guillermo Moreno, que muestran “admiración” por Villarruel, junto a Cristian Ritondo manejando los diputados cercanos al oficialismo, y Lule Menem como “el hombre del poder en las sombras”, refuerza esta percepción. A esto se suma Patricia Bullrich presidiendo el bloque oficialista de senadores y Daniel Scioli en un puesto ministerial, conformando un escenario que el texto describe como un “combo completo” al comparar a Santiago Caputo con Raúl Apold, el influyente Subsecretario de Prensa y Difusión de las primeras presidencias de Juan Domingo Perón.
Raúl Apold: el constructor del relato peronista y su legado
El nombre de Raúl Apold emerge como una figura central para entender la analogía planteada. Apold, Subsecretario de Prensa y Difusión entre 1945 y 1955, fue el principal artífice del relato peronista. Su influencia abarcó el control de los medios y la propaganda, la denigración de opositores y el diseño de instrumentos de manipulación ideológica y emocional.
“Decidió que Evita había muerto a las 20:25 porque las 20:23, hora real del fallecimiento, no era un horario fácil para recordar. Muchos se preguntan por qué no dijo que murió a las 20:30 y chau. A partir de ese momento y durante años, cada vez que el reloj marcaba las 20:25, los locutores radiales debían decir “son las 20:25 hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad”. Esto se repitió todos los días entre 1952 y 1955.”
Apold fue responsable de hitos como el lema “Perón cumple, Evita dignifica” y el cambio de nombre de provincias como La Pampa (a Eva Perón) y Chaco (a Juan Perón). Su figura es utilizada para trazar paralelismos con estrategias de comunicación y construcción de imagen en gobiernos posteriores, incluido el kirchnerismo, y el actual. El autor especula que, de vivir hoy, Apold se adaptaría a las nuevas tecnologías y herramientas de difusión, manteniendo su rol de “constructor de relato”, incluso en la esfera digital.
El peronismo como “manera argentina de hacer política”
Más allá de la composición del gabinete, el análisis profundiza en una definición del peronismo que trasciende la idea de partido, movimiento o ideología. Citando una “definición anónima”, el texto sostiene que:
“El peronismo no es un partido político ni un movimiento como suele decirse. Tampoco una doctrina o una ideología como pretenden algunos. Ni siquiera “un amplio movimiento donde todos tienen cabida, desde la derecha hasta la izquierda”, como decía el General Perón. Tampoco es un frente electoral aunque muchas veces se haya presentado en ese envase: FREJULI, FREJUP, FREPASO, Frente para la Victoria, Frente de Todos y tantas otras marcas o segundas marcas. El peronismo es algo mucho más grande. De hecho, el peronismo incluye al antiperonismo que no existiría sin el peronismo. […] podríamos decir que el peronismo no es ni más ni menos que la manera argentina de hacer política.”
Esta perspectiva sugiere que el peronismo es una matriz cultural y política que moldea la forma en que se ejerce el poder en Argentina, independientemente de la filiación partidaria explícita. Desde esta óptica, la presencia de figuras con trayectorias diversas en el actual gobierno, muchos de ellos provenientes del PRO, sería una manifestación de esta “manera argentina de hacer política”.
La “estampida del PRO”, con la migración de numerosos dirigentes hacia el gobierno actual, es interpretada bajo esta lógica. Mauricio Macri, quien “se pasó 20 años administrando una guardería de peronistas”, habría formado a estos dirigentes en conceptos como “República, instituciones democráticas y seguridad jurídica”, para que luego, “como buenos peronistas”, se movieran hacia el nuevo centro de poder. El autor concluye que tanto Macri como Javier Milei, a pesar de definirse como antiperonistas, forman parte de esta dinámica, ya que “el antiperonismo es parte del peronismo”.

