Osqui Guzmán: del kung fu al teatro, la historia detrás del actor y su relación con el éxito y la familia
Osqui Guzmán, una de las figuras más versátiles de la escena argentina, transita un presente de intensa actividad con múltiples proyectos en teatro. Desde su participación en la reposición de Vivitos y coleando 2 hasta la dirección y dramaturgia de sus propias obras, el actor, director y dramaturgo comparte su visión sobre el arte, la familia y el éxito, revelando detalles de un camino que comenzó con un fuerte disgusto familiar.
Guzmán creció en una familia de inmigrantes bolivianos dedicados a la costura. Mientras sus padres soñaban con un futuro universitario para él, el joven Osqui albergaba una pasión muy diferente: el kung fu. Su interés por las artes marciales lo llevó a inscribirse en el Conservatorio de Arte Dramático, motivado por la materia de Acrobacia, violencia en escena y esgrima. Sin embargo, su decisión de ser actor generó una fuerte reacción en su padre, quien le dejó de hablar por tres años.
La reconciliación y el aval materno
La difícil situación familiar, que se desarrollaba en un pequeño cuarto compartido, se mantuvo hasta que Guzmán consiguió su primer trabajo profesional en la obra El delirio. Al enterarse de que su hijo se ganaba la vida actuando, su padre fue a verlo al teatro. La función marcó un antes y un después en su relación.
“Te quiero pedir perdón. Te cagué la vida. Yo quería que fueras una persona respetable, que te pudieras valer por vos mismo. Por eso te obligaba a leer, a practicar caligrafía para que tuvieras buena letra”, le dijo su padre al día siguiente de la función, visiblemente emocionado.
A partir de ese momento, la relación padre-hijo se transformó. “Fue mi mejor amigo hasta el último día de su vida. Fue muy emocionante”, recuerda Osqui Guzmán, destacando la atención y el apoyo incondicional que recibió desde entonces.
La madre de Guzmán, en cambio, lo apoyó desde el inicio. Incluso antes de su debut profesional, lo acompañaba a sus presentaciones de teatro callejero en La Boca. Un comentario de Bergara Leumann, quien lo vio actuar y elogió su talento, sirvió como un espaldarazo definitivo para que su madre lo defendiera “capa y espada” frente a la incredulidad del resto de la familia.
Una vida compartida en el arte y el amor
Desde hace más de dos décadas, Osqui Guzmán comparte su vida y su pasión por el arte con Leticia González de Lellis. Se conocieron en 1998 durante una fiesta de teatro y se casaron en 2001, en plena crisis económica del país. Juntos, no solo formaron una familia con su hija Nuria, nacida hace siete años, sino que también construyeron un sólido vínculo profesional.
La pareja colabora en la creación de historias y proyectos, como la obra Waminix, que dirigen en conjunto con el grupo Proyecto Migra. Aunque reconocen que trabajar juntos puede tener sus desafíos, destacan que “lo que nunca deja de suceder es la conversación, la paciencia, el tiempo, el amor”.
Guzmán y González de Lellis, además de la actuación, se dedican a la docencia, una actividad que los apasiona y les permite “evolucionar compartiendo la experiencia”. Han dictado talleres en diversos lugares del mundo, aprovechando sus giras y viajes artísticos.
La multiplicidad de roles y la visión del éxito
Actualmente, Osqui Guzmán es parte del elenco de Vivitos y coleando 2 en el Auditorio Belgrano y tiene en cartel dos obras que escribió y dirige en Timbre 4: la exitosa El centésimo mono y la reciente Waminix. Además, se sumó a la gira de Maldita felicidad, reemplazando a Carlos Portaluppi, una decisión que califica de “temeraria” pero necesaria como trabajador del arte.
A pesar de su extensa trayectoria y reconocimiento, Guzmán mantiene una perspectiva particular sobre el éxito. “No creemos que sea un gran logro, pero sí entendemos que es un motivo de festejo”, afirma sobre su duradera relación con Leticia. Esta filosofía se extiende a su visión del arte, donde no existe “lo que está mal y lo que está bien” sino la lectura de las cosas que suceden, abrazando el error como parte del proceso creativo. “Somos el error en el sistema, siempre… Por eso somos artistas”, concluye.
Próximas funciones
- Vivitos y coleando 2: Auditorio Belgrano (Virrey Loreto 2348), sábados 4 y 11 de julio, a las 17. Durante las vacaciones de invierno, de miércoles a domingo, a las 17.
- El centésimo mono: Timbre 4 (Boedo 640), viernes, a las 20.30.
- Waminix: Timbre 4 (Boedo 640), desde el domingo 19 de julio, a las 16. Durante las vacaciones de invierno, de miércoles a domingo, a las 16.

