Analía Castro: la niña de «La historia oficial» que cautivó a Robert De Niro y eligió una vida lejos de las cámaras
Analía Castro, la niña que con su espontaneidad conmovió en la icónica película La historia oficial y captó la atención de figuras como Robert De Niro, eligió hace años un camino distinto al de los flashes. Aquella pequeña que compartió pantalla con Norma Aleandro y Héctor Alterio, hoy se dedica a la empresa familiar de catering, lejos de la actuación que abandonó en su adolescencia.
Desde la comodidad de su hogar, Castro recuerda con frescura los inicios de su carrera. “Siempre fui muy cara rota”, confiesa a LA NACION, rememorando la cualidad que, a sus cuatro años, la llevó de un programa infantil con Berugo Carámbula a los pasillos de Canal 13. Su desparpajo natural y su habilidad para desenvolverse entre adultos fueron clave para que una representante artística se fijara en ella.
Su primera gran oportunidad llegó con la novela Amada, junto a Libertad Lamarque. Analía relata que, en aquella época, su curiosidad la llevaba a explorar el canal sin límites. “Me metía en la oficina del director de Canal 13, que era militar, a pedirle hojas para dibujar”, cuenta, evidenciando una inocencia que la protegía de los riesgos de un ambiente complejo.
De la televisión al cine: el impacto de «La historia oficial»
La presencia de la pequeña actriz en televisión no pasó desapercibida para el director Luis Puenzo. Fue él quien la convocó para interpretar a Gaby en La historia oficial, la niña adoptada ilegalmente en plena dictadura militar por el matrimonio que encarnaron Alicia (Norma Aleandro) y Roberto (Héctor Alterio). A su corta edad, la complejidad de la trama se mantuvo al margen de su entendimiento.
“A mí no me contaron nunca las complejidades del personaje; sí lo básico: ‘Ellos van a ser tus papás, vas a ser la hija’ y listo. Era la única información que me daban”, recuerda Castro.
Su naturalidad era tal que incluso se atrevió a contradecir a Puenzo. “No lo puedo creer que le dijera a Puenzo: ‘No, no, esta escena no me gusta, hagámosla de vuelta’”, rememora entre risas. En el set, Norma Aleandro y Héctor Alterio se convirtieron en una red de contención, asumiendo sus roles con una ternura que trascendía la ficción. Castro recuerda a Alterio como “otro papá más”, incluso dándole un remedio real en una escena donde simulaban hacerlo.
El Oscar, Robert De Niro y el adiós a la actuación
El éxito de La historia oficial, que culminó con un Premio Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1986, abrió puertas internacionales para Analía. Luis Puenzo quiso llevarla a Estados Unidos, ya que su actuación había cautivado a Robert De Niro. “Él se quedaba sorprendido de eso y le decía a Luis: ‘Tráemela, tráemela’”, cuenta Castro.
Sin embargo, los estrictos contratos de exclusividad de Alejandro Romay, entonces figura clave de la televisión argentina, impidieron que la niña viajara. “Ahí caí; no pude ir a ningún lado”, lamenta. Su último trabajo artístico fue un episodio de la serie Detective de señoras. La ausencia de nuevas propuestas y el inicio de la secundaria la llevaron a tomar la decisión de abandonar la actuación. “Estaba cansada y justo estaba en una etapa en la que no era ni nena ni mujer”, explica, refiriéndose también a las presiones físicas de un medio que empezaba a volverse más exigente.
Una nueva vida: el amor y el negocio familiar
Lejos de los sets de filmación, Analía Castro se volcó a otras actividades. Empezó a trabajar de camarera y a estudiar psicología. Fue en este nuevo capítulo de su vida donde, a los 19 años, conoció al que sería su marido. Lo que comenzó como una primera impresión de “creído” se transformó en una historia de amor que lleva 27 años.
Castro se sumó a la empresa de catering de su esposo, una elección que le permitió conciliar su vida profesional con la crianza de sus hijas. “Empecé a hacer esto con él, que lo podía hacer desde casa, tranquila”, explica sobre la rutina que adoptó tras ser madre joven. Hoy, con sus hijas ya grandes, Analía y su marido disfrutan de un tiempo que les permite “volver a ser novios”, compartiendo momentos de humor y complicidad.

