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Murió Daniel Castellani, emblema del vóley argentino: el recuerdo de Susana Giménez y su defensa de los clubes de barrio

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El vóleibol argentino está de luto. Daniel Castellani, histórico capitán de la Selección Nacional que obtuvo la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, falleció este lunes a los 65 años. Su figura, sinónimo de una época dorada para el deporte, trascendió las canchas, dejando un legado que incluyó desde anécdotas televisivas hasta una profunda defensa de los clubes de barrio.

Castellani fue una de las caras visibles de un equipo que marcó un antes y un después para el voleibol nacional. Aquel tercer puesto olímpico, logrado tras vencer a Brasil en un partido inolvidable, fue el punto cúlmine de una trayectoria que también lo vio brillar en el Mundial de Argentina 1982, donde el equipo obtuvo un histórico tercer lugar.

La anécdota en el living de Susana Giménez

La popularidad de Castellani y de aquel equipo los llevó a espacios impensados para deportistas de la época. Una de las anécdotas más recordadas la contó él mismo en el living de Susana Giménez, en el auge de su programa. Allí, el excapitán rememoró un momento clave que lo marcó previo a las semifinales del Mundial de 1982 contra la poderosa Unión Soviética.

Castellani compartió su costumbre de intentar tocar la varilla de la red durante la entrada en calor. En una de esas ocasiones, mientras aterrizaba sin haber rozado su objetivo, vio cómo su rival, Vladimir Shkurikhin, de más de dos metros de altura, saltaba en el mismo lugar y, sin esfuerzo, palmeaba la varilla, dejándola vibrando. Un gesto silencioso que, para Castellani, anticipó la dificultad del partido que terminaría en un inapelable 3-0 a favor de los soviéticos. Más allá de la derrota, aquel tercer puesto en el Luna Park fue un hito que encendió la pasión por el vóley en el país.

Trayectoria internacional y el valor de los clubes de barrio

Tras su exitosa etapa como jugador, Castellani desarrolló una extensa y destacada carrera como entrenador, principalmente en Europa. Radicado por cerca de 20 años en países como Polonia, Italia, Turquía, Bélgica y Grecia, su experiencia internacional le brindó una perspectiva única sobre Argentina.

Fue en Polonia, donde dirigió a la selección nacional y se ganó un reconocimiento unánime, que Castellani dimensionó la importancia de los clubes de barrio. Tras ganar el Campeonato Europeo en 2009, el entonces primer ministro polaco, Donald Tusk, le preguntó cómo era posible que Argentina, con menos presupuesto, produjera tantos deportistas de élite. La respuesta de Castellani, enviada posteriormente, fue contundente y reveladora:

“Si no hay pelotas, los padres hacen una rifa. Si falta plata, venden panchos.”

Con estas palabras, Castellani describió la esencia del deporte de base en Argentina, un motor inagotable de talento y pasión que, a su entender, explicaba la capacidad del país para generar deportistas de alto nivel a pesar de las limitaciones económicas. Este compromiso con las raíces del deporte lo pintó de cuerpo entero, mostrando no solo al atleta de elite, sino también al defensor de los valores que forjan a los campeones.

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