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Obra paralizada: alumnos de una escuela de Virrey del Pino sufren hacinamiento y aulas precarias

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La imagen se repite a diario en Virrey del Pino, partido de La Matanza: una pelota de educación física que cruza un alambrado y cae en el predio de una escuela que, a pesar de su tamaño, nunca fue inaugurada. Los alumnos de la Escuela Secundaria N°176, obligados a desarrollar sus clases en espacios reducidos, observan a pocos metros una estructura de dos pisos, con aulas y pasillos ya delineados, que debía ser su edificio definitivo. Esta obra, iniciada en 2022 y con un avance del 32,60%, se encuentra paralizada desde febrero de 2024, sumiendo a la comunidad educativa en un limbo de precariedad y expectativas frustradas.

La situación actual contrasta fuertemente con el futuro prometido. Mientras el edificio inconcluso se deteriora por el paso del tiempo, con acumulaciones de agua, humedad y moho, la vida escolar transcurre en condiciones de hacinamiento. Los estudiantes de primero a tercer año cursan en aulas cedidas por la escuela primaria, mientras que los de cuarto, quinto y sexto lo hacen en módulos prefabricados instalados en el patio, que originalmente estaban destinados a ser una solución transitoria.

Un presente marcado por la precariedad y la falta de identidad

El acceso a la escuela es a través de una puerta de madera con un número pintado: 176. No hay un nombre institucional, ya que el proceso formal para asignarlo nunca avanzó debido a la falta de inauguración del edificio. Esta ausencia de identidad es tal que los propios alumnos impulsan un proyecto para elegir un nombre y dotar a la institución de un sentido de pertenencia que consideran pendiente.

Las condiciones de cursada son uno de los principales focos de reclamo. Romina Vanesa Aquino, madre de alumnos, describe un escenario donde “es una carrera para agarrar sillas” y los bancos, pensados para dos, son ocupados por tres estudiantes. Su hija cursa en un aula prestada de la primaria, donde el espacio para recreos es mínimo, y su hijo asiste a cuarto año en un módulo. Aquino relata que algunos cursos reúnen entre 35 y 45 alumnos en espacios reducidos, con pisos hundidos que han provocado golpes y torceduras.

“Los pisos se hunden. Varias veces los alumnos se lastimaron al meter el pie ahí dentro. Mi hijo me decía que se caían las sillas y las mesas, pero no me lo contaba para no preocuparme”, afirmó Romina Vanesa Aquino a LA NACION.

Las inclemencias climáticas agravan la situación. En verano, los estudiantes deben tomar clases en el patio por el calor insoportable dentro de los módulos, mientras que en invierno el frío se convierte en otro problema. La falta de espacio también obligó a reorganizar los turnos, separando compañeros y modificando la dinámica familiar de muchos alumnos.

Una obra con historia y responsabilidades difusas

La construcción del edificio de la Escuela Secundaria N°176 comenzó formalmente el 19 de enero de 2022, con la publicación del llamado a licitación pública nacional. El proyecto, enmarcado en el Programa 37 – Plan de Obras, contemplaba un presupuesto oficial de $327.515.199,25 y un plazo de ejecución de 450 días, con financiamiento del Ministerio de Educación de la Nación. Un cartel de obra, ya retirado, indicaba un monto contractual de $424.744.963 y una fecha de inicio del 12 de agosto de 2022.

Según información de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, el proyecto preveía un edificio de dos niveles con 12 aulas y espacios complementarios. La empresa contratista fue SES S.A. y la obra alcanzó un avance físico del 32,60% antes de su paralización en febrero de 2024. La causa oficial de la detención es una rescisión de mutuo acuerdo por falta de financiamiento, en el marco de la suspensión de programas nacionales que afectó a otras 82 obras de infraestructura escolar en la provincia.

Las familias, representadas por madres como Elizabeth Taborda, empleada de 55 años, y la propia Aquino, debaten sobre la responsabilidad de la finalización de la obra. Mientras algunas atribuyen la responsabilidad al Estado nacional, por ser el financiador original, otras señalan a la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, ambas coinciden en el reclamo urgente de que el edificio sea terminado. Los directivos de la escuela han realizado constantes reclamos ante distintos organismos, pero sin respuestas concretas sobre la reactivación de la construcción.

A pesar de las dificultades, la comunidad educativa, con el apoyo de la cooperadora escolar, continúa realizando actividades para sostener el funcionamiento diario de la institución. Florencia Guzmán, madre de dos alumnos e integrante de la cooperadora, destaca el vínculo entre alumnos y docentes y el esfuerzo colectivo para mejorar las condiciones existentes, incluyendo la recaudación de fondos para cortinas y sistemas de alarma. También trabajan en proyectos para la construcción de identidad institucional, como la realización de un mural y la elección de un nombre propio para la secundaria.

Al cierre de esta edición, la Secretaría de Educación de la Nación no había respondido las consultas de LA NACION sobre la continuidad de la obra, desembolsos pendientes o gestiones para su reactivación.

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