Fallo histórico contra el bullying: la Provincia deberá indemnizar con $19 millones a un chico de Chivilcoy
Un fallo sin precedentes en la provincia de Buenos Aires condenó a la Dirección General de Cultura y Educación a pagar una indemnización de 19 millones de pesos, más intereses y actualización, a un adolescente que sufrió acoso escolar en una escuela pública de Chivilcoy. La sentencia, dictada por el Juzgado de Primera Instancia en lo Contencioso Administrativo N° 1 de Mercedes, considera la «inacción institucional» como un factor determinante en la persistencia y agravamiento de las agresiones.
La resolución judicial, que cita la definición consensuada de bullying entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la ONG Bullying Sin Fronteras, subraya que el acoso escolar es «toda intimidación o agresión física, psicológica o sexual contra una persona en edad escolar en forma reiterada de manera tal que causa daño, temor y/o tristeza en la víctima o en un grupo de víctimas». Este caso, que sienta un importante precedente, pone de manifiesto la responsabilidad del Estado y la comunidad educativa en la prevención y abordaje de esta problemática.
Según la denuncia, los episodios de acoso escalaron desde golpes y escupitajos hasta el impacto de un borrador en la cara del joven, amenazas constantes y agresiones diarias, tanto dentro como fuera del aula. Incluso, uno de los ataques fue filmado. Testimonios de compañeros, algunos de ellos también víctimas, confirmaron los hechos, mientras que especialistas que atendieron al adolescente dieron cuenta del «fuerte impacto psíquico y emocional» y las «consecuencias derivadas» de estas agresiones.
El tribunal enfatizó que el bullying «se presenta como una problemática social, no solamente de quien lo padece o ejerce, sino de toda la comunidad educativa: alumnos, docentes y familias». En este sentido, el fallo insta a la «búsqueda de soluciones conjuntas y participativas en función de alcanzar la no violencia y favorecer vínculos solidarios», señalando que la falta de intervención institucional generó «un mensaje implícito de tolerancia frente a prácticas que lesionaban gravemente la integridad psíquica y emocional del alumno».
Cifras alarmantes y la influencia de las redes sociales
La magnitud del problema se refleja en las estadísticas. La organización Bullying Sin Fronteras reporta que entre mayo de 2024 y mayo de 2025 se registraron al menos 140 mil casos graves de bullying y ciberbullying en Argentina. Esta cifra récord posiciona al país entre los diez primeros a nivel mundial en cantidad de casos. En la Ciudad de Buenos Aires, una encuesta reveló que el 66% de los menores de entre 12 y 18 años sufrió acoso o conoce a alguien que lo padeció, con el 77,2% de estas situaciones ocurriendo en el ámbito escolar y casi un 38% en redes sociales.
La irrupción de las redes sociales ha complejizado aún más el escenario. La capacidad de viralizar y multiplicar al instante ataques verbales o físicos, burlas y descalificaciones abre «una verdadera caja de Pandora de la que nadie termina siendo responsable», como advierte la sentencia. Este factor se suma a la histórica tendencia de «naturalizar» el bullying, restándole importancia bajo el argumento de que «estas cosas siempre pasaron», una postura que la Justicia y los especialistas consideran inválida, especialmente ante la gravedad de sus consecuencias, que incluyen casos de suicidio.
El bullying, un problema que excede las aulas y llega al poder
La discusión sobre el bullying también se ha extendido a esferas de poder, evidenciando que no es un fenómeno exclusivo del ámbito escolar. Recientemente, el asesor presidencial Santiago Caputo utilizó la palabra «mogólico» como insulto, lo que generó un comunicado de repudio por parte de la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina. Asimismo, la diputada Lilia Lemoine fue citada a indagatoria tras ser acusada de «maltratar» a Ian Moche, un niño autista con fuerte presencia en redes sociales, al cuestionar a su madre por «hacerlo actuar de autista» y «usarlo para figurar».
Estos episodios, que se replican desde lo más encumbrado del poder hacia abajo, refuerzan la necesidad de comprender que el bullying «no es cosa de chicos» y requiere una respuesta integral de toda la sociedad.

