EspectáculosSociedad

Murió Julio Le Parc, el maestro argentino que revolucionó el arte cinético global

Compartir:

Julio Le Parc, uno de los artistas argentinos más influyentes y reconocidos a nivel mundial, falleció este sábado en París a los 97 años. Su muerte pone fin a una prolífica carrera de más de siete décadas, durante las cuales se consolidó como el gran precursor y maestro del arte cinético, explorando incansablemente el movimiento en la obra y la interacción con el espectador.

Nacido en Palmira, Mendoza, el 23 de septiembre de 1928, Le Parc se instaló en la capital francesa en 1958, desde donde impulsó un movimiento artístico que desafió las convenciones y buscó democratizar la experiencia del arte. Su partida se produce días antes de la inauguración de una muestra retrospectiva de su trabajo en el prestigioso Museo Tate de Londres, un testimonio de su vigencia y la continua relevancia de su obra.

Un legado de innovación y participación

Desde el Museo Tate, donde se preparaba su exposición, destacaban la visión de Le Parc: “Quiere crear un arte más democrático que todos puedan disfrutar fácilmente”. Esta filosofía guio gran parte de su producción, buscando activar al público y redefinir la experiencia artística a través de la interacción. La curadora Estrellita Brodsky, al presentar en 2016 la primera exposición individual del artista en Estados Unidos —“Julio Le Parc, de la forma a la acción” en el Perez Art Museum de Miami—, lo definió como un creador que consideraba el arte un “laboratorio social, capaz de producir situaciones impredecibles y de activar lúdicamente al espectador de manera novedosa”.

La clave de su vitalidad y actividad constante, incluso a su avanzada edad, residía en la curiosidad. “En la medida en que el trabajo sea interesante, si a uno lo atrae y le intriga lo que está haciendo, hay curiosidad, perspectiva, resultados”, había expresado el propio artista. Esta búsqueda incesante lo llevó a formarse en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza y luego en Buenos Aires, donde tuvo como profesor a Lucio Fontana, quien lo impulsó a reflexionar sobre el espacialismo y el arte concreto. Sus influencias también incluyeron a pioneros como Mondrian, Albers y Tatlin, quienes sentaron las bases para su exploración del movimiento óptico y la relación visual.

De París al mundo: el Grupo GRAV y la consagración

La llegada de Le Parc a París en 1958, gracias a una beca, marcó un punto de inflexión. En una humilde habitación-taller, comenzó a gestar los “Proyectos de color”, ensayos que luego se materializarían en obras a gran escala. A principios de los años 60, junto a Francisco García Miranda, Horacio Demarco, Jean-Pierre Yvral y Jöel Stein, fundó el Grupo de Investigación de Arte Visual (GRAV). Este colectivo se propuso “desafiar el sistema del arte”, con el movimiento y la participación del público como ejes centrales. El GRAV fue una plataforma desde la cual Le Parc impulsó una ruptura con la tradición pictórica, abrazando una concepción dinámica de la obra de arte, en constante transformación e inestabilidad.

La crítica especializada destacó sus “investigaciones científico-mecánicas, que resultaron en interesantes juegos azarosos de luces y sombras” y la “participación del espectador que permite completar la obra de arte”. La consagración definitiva de Le Parc llegó en 1966, cuando obtuvo el prestigioso Premio Internacional de Pintura en la Bienal de Venecia. A lo largo de su vida, también demostró un fuerte compromiso social y político, manifestándose activamente contra las dictaduras sudamericanas de los años 70.

El impacto de Le Parc en Argentina y el mundo

La obra de Julio Le Parc trascendió fronteras y generaciones. En París, intervino el puente de Bir-Hakeim durante “La Noche Blanca” y el Palais de Tokyo le dedicó una exitosa retrospectiva, que incluso llevó a la marca Hermès a adaptar una de sus obras, “La larga marcha”, en codiciados pañuelos de seda. En Argentina, su vínculo con el público se acentuó en los últimos años. El Centro Cultural Borges albergó la muestra “Julio Le Parc, la otra mirada”, que incluyó su deslumbrante Móvil transparente de 1.561 piezas de acrílico. El Malba presentó la exitosa “Le Parc Lumière” en 2014, una selección de instalaciones lumínicas que modificaban el espacio y sumergían al espectador en la obra.

Uno de sus aportes más significativos a la ciudad de Buenos Aires es la Esfera Azul, incorporada al patrimonio del CCK en 2016, una creación móvil que invita a recomponer la imagen a través del movimiento y la proximidad. También contribuyó con la escultura Hacia la luz, instalada en la Plazoleta Rubén Darío, un haz de luz de aluminio que simboliza la unidad y la integración. “Quiero dar un mensaje optimista, que todos los seres humanos tenemos la aspiración de mejorar y cambiar nuestra existencia”, sentenció el artista, cuyo legado seguirá iluminando el camino del arte.

Compartir: