Congreso Maizar 2026: La fría reacción del campo a los anuncios de Sergio Iraeta y el reclamo por las retenciones
La reciente intervención del secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, en el Congreso Maizar 2026 generó una curiosa reacción en el auditorio. El funcionario, al destacar las medidas del Gobierno en relación con la actividad agroindustrial, particularmente el anuncio del cronograma de baja de los Derechos de Exportación (DEX) y la reducción inmediata para trigo y cebada, se encontró con un escaso entusiasmo por parte de los asistentes. Este episodio reabre el debate sobre la relación entre el Estado y el sector agropecuario, donde, según la visión de los productores, los funcionarios deberían ser quienes aplaudan al campo.
Desde la reimplantación de los DEX en sus alícuotas más elevadas en 2002, el Estado se ha apropiado de aproximadamente US$200.000 millones generados por la actividad agropecuaria. Este vasto monto fue a parar a rentas generales sin retornar, en gran medida, en forma de mejora en la calidad de vida de las regiones productivas, ni en mayor seguridad, salud o educación pública para el resto del país. Durante casi un cuarto de siglo, el Estado ha extraído recursos del campo vía retenciones, sin contar otras distorsiones macroeconómicas como la brecha cambiaria o la inflación, que también afectaron al sector. Los funcionarios actuales, aunque no hayan sido los responsables directos de gran parte de esa exacción, representan la continuidad del Estado.
El impacto de las retenciones en la producción y la competitividad
A pesar de esta enorme transferencia de recursos, el agro ha continuado produciendo, aunque en un escenario significativamente distorsionado. Gran parte de las decisiones de siembra se han tomado en función del nivel de retenciones de cada cultivo. Existe evidencia clara de que cuando los DEX de trigo y maíz se redujeron a cero, tanto el área sembrada como la producción de ambos cultivos experimentaron un salto exponencial. En contraste, la soja, principal generador de divisas del país, muestra un estancamiento desde hace más de una década. Esta situación se agrava al considerar que el complejo oleaginoso argentino está perdiendo competitividad frente a líderes como Brasil y Estados Unidos, que incrementan su producción de harina de soja gracias a políticas que favorecen la expansión del biodiésel y los biocombustibles.
Diversos especialistas han señalado reiteradamente que el principal efecto de las retenciones es su impacto negativo en la relación insumo/producto. Para compensar el gasto que implican los DEX, que son un descuento directo sobre el precio de los granos, los productores suelen recurrir a paquetes tecnológicos defensivos. Esto se traduce en un menor uso de fertilizantes y fitosanitarios, un parque de maquinaria agrícola desactualizado y un menor respeto a la propiedad intelectual en semillas, entre otras consecuencias. En términos generales, más allá de la eficiencia individual de ciertos productores, el sistema agrícola opera por debajo de su potencial, como demuestran los trabajos sobre brecha de rendimiento de cultivos y desbalance de nutrientes en los suelos.
Negocios son negocios: la respuesta del campo a la cautela oficial
En definitiva, la postura del campo no es una cuestión de actitud, simpatía o “buena onda”, sino de números y rentabilidad. Si no hay nuevos anuncios de bajas significativas, la soja finalizará el primer mandato del presidente Javier Milei con una alícuota de DEX del 24%. Si bien es una reducción respecto al 33% inicial, sigue siendo una cifra elevada; prácticamente uno de cada cuatro camiones de soja que van al puerto continúa siendo captado por el Estado.
El mejor aplauso que se podría llevar el Gobierno es tener una respuesta contundente en términos de inversión y gasto en la campaña agrícola. Cuando hay incentivos correctos, el campo responde. Y pese a las bajas modestas de los DEX, lo ha hecho.
No obstante, la actual administración ha implementado otras medidas que sí generan expectativas favorables para aumentar el gasto y la inversión. Esto incluye no solo la intención de resolver problemas macroeconómicos, sino también acciones específicas para la actividad, como la eliminación de restricciones a las exportaciones y la reducción de alícuotas de importación para insumos. Aunque la baja de los DEX hasta ahora ha sido conservadora, es bienvenida. El presidente Milei ha justificado esta cautela para evitar la necesidad de volver a subir impuestos, un escenario que la historia económica argentina reciente ha demostrado que puede ocurrir. Si el Gobierno prefiere dar pasos cortos pero firmes, no tiene sentido esperar expresiones de algarabía; el verdadero “aplauso” del campo se manifestará en una respuesta contundente en términos de inversión y gasto en la campaña agrícola, cuando los incentivos sean los correctos.

