Economía

Maíz: el sector empresario reclama falta de competitividad e infraestructura para exportar más proteína animal

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La Argentina, con una cosecha récord de maíz, enfrenta serios desafíos para transformar su potencial cerealero en una mayor exportación de proteína animal. Así lo diagnosticaron líderes de las cadenas porcina, avícola, láctea y de huevos durante el Congreso Maizar 2026, celebrado en el Goldencenter. Los principales escollos identificados son la falta de competitividad, la alta presión impositiva, la deficiente infraestructura, las dificultades para acceder a mercados internacionales y los elevados costos internos.

En este contexto, una frase sintetizó el sentir del sector:

“Nosotros deberíamos ser un país exportador de proteína animal y no de maíz”

, afirmó Juan Kútulas, presidente de la Cámara Argentina de Productores Avícolas e Industrializadores (Capia). Este año, las estimaciones de cosecha de maíz rondan las 68 millones de toneladas según el sector privado y 70 millones según el Gobierno, un volumen que, según los empresarios, no se aprovecha plenamente para generar valor agregado.

Presión impositiva y costos laborales, los principales frenos

Uno de los puntos de mayor consenso entre los panelistas fue la excesiva presión impositiva que afecta a las cadenas productivas. Cristian Chiavassa, director del Grupo Chiavassa, ejemplificó con el sector lechero, donde se exporta “más o menos un 7% del valor del producto de impuestos internos como ingresos brutos e impuesto al cheque”, sin contar los reintegros a la exportación. Advirtió que, sin una corrección, Argentina termina trasladando esos impuestos a los mercados externos. Kútulas, por su parte, señaló que la producción de huevos sufre una cadena impositiva similar que impacta directamente en el exportador.

La comparación con otros países exportadores también puso de manifiesto la desventaja argentina. Francisco Santángelo, presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) y titular de Soychú, citó el caso de Brasil, donde los costos laborales son más bajos y la carga impositiva interna es menor.

“Comparado contra Brasil tenemos un costo laboral más alto y en la parte impositiva el impuesto al cheque, ingresos brutos. Hay mucho impuesto en el movimiento interno que es un problema de todas las industrias”

, sostuvo Santángelo, marcando la necesidad de revisar estos factores para mejorar la competitividad.

Acceso a mercados y financiamiento: claves para el desarrollo

Otro desafío crucial es la dificultad para colocar determinados subproductos en el exterior. Lisandro Culasso, vicepresidente de la Federación Porcina Argentina y director de Isowean SA, explicó que en la cadena porcina, el 60% de los cortes tienen poco consumo interno, pero sí tienen demanda en el sudeste asiático.

“Si nosotros pudiéramos exportar eso, de cierta forma se ubicaría el resto de los cortes y podemos bajar el precio y competir en el mundo”

, señaló Culasso, destacando que la apertura de esos destinos mejoraría la competitividad general de la actividad.

El acceso a mercados internacionales, especialmente China, también fue un eje central del debate. Tanto Culasso como Santángelo remarcaron que existen negociaciones demoradas por cuestiones políticas.

“Está todo listo para la firma del protocolo [por menudencias], pero es una decisión política”

, dijo Culasso, mientras Santángelo coincidió en que, tras la influenza aviar, aún esperan una señal política para avanzar con el gigante asiático. Chiavassa agregó que la lechería necesita diversificar sus mercados, ya que actualmente tiene un gran foco en Brasil y Argelia, lo que la hace vulnerable a solo dos destinos.

Finalmente, la falta de financiamiento y la necesidad de modernizar la infraestructura productiva fueron otros puntos destacados. Santángelo planteó que la renovación de granjas es un gran desafío a largo plazo, especialmente para pequeños y medianos productores que tienen dificultades para acceder al crédito. En la misma línea, Chiavassa sugirió que una ley de warrant más accesible sería fundamental para que las empresas, sobre todo las más chicas, puedan manejar la volatilidad del precio del maíz, ya que el instrumento actual es “carísimo” e inviable.

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