El interior argentino, motor de un nuevo federalismo
Argentina se encuentra en un punto de inflexión que podría redefinir su estructura de poder histórico, impulsado por el valor estratégico de sus recursos naturales. La concentración de la inversión en el interior del país, particularmente en las regiones cordilleranas y patagónicas, proyecta un escenario donde el federalismo, largamente postergado, podría finalmente materializarse.
Esta transformación emerge en un contexto global cambiante, donde la seguridad energética y alimentaria se posicionan como demandas centrales. Argentina, con su abundancia de recursos en estas áreas, especialmente en sus provincias, se encuentra en una posición privilegiada. La economía nacional, en un movimiento que algunos consideran paradójico en un mundo que tiende al cierre, se abre y se adapta a estas nuevas dinámicas.
Inversión estratégica y el mapa del poder
Los números de inversión son elocuentes y marcan un claro desplazamiento del foco económico. De 36 proyectos presentados en el Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones (RIGI), que suman casi 93 mil millones de dólares, la mayoría se concentra en minería, específicamente en las regiones del NOA y Cuyo. Se espera que los proyectos de energía en la Patagonia, liderados por Neuquén, superen holgadamente esta cifra una vez que avancen en el proceso.
Esta tendencia sugiere que la ubicación territorial de los recursos podría alterar de manera significativa la histórica concentración de poder en Buenos Aires, una problemática que, según el abogado y ex Procurador del Tesoro de la Nación, Bernardo Saravia Frías, ha caracterizado a Argentina desde los tiempos de Leandro Alem. Alem, en 1889, ya alertaba sobre la «absorción de las autonomías locales por el poder central», una visión profética que Martínez de Estrada describiría más tarde como un «cuerpo de David con cabeza de Goliat».
El desafío de la descentralización
Esta oportunidad histórica exige a las autoridades y burocracias provinciales estar a la altura de las circunstancias. La clave reside en anticiparse al futuro con astucia y valentía, asumiendo las riendas del propio destino. Esto, en esencia, es el núcleo de un federalismo genuino: la descentralización y la responsabilidad compartida.
El marco institucional para esta transformación ya existe, siendo el concepto de región, de rango constitucional, una plataforma ideal. Provincias con geografías, geologías y culturas comunes pueden agruparse para definir, a partir de la ventaja de sus recursos, las necesidades para su explotación conveniente y responsable. Esto abarca desde la educación en todos los niveles, ligada a la actividad para favorecer el empleo, hasta el cuidado común del medio ambiente, fortaleciendo una identidad regional como proyecto colectivo.
«Tal vez por primera vez el federalismo tiene la posibilidad cierta de pasar de la potencia al acto. De que el enunciado del primer artículo de la Constitución Nacional ‘forma representativa, republicana y federal de gobierno’ sea el fundamento para la transformación argentina, como lo soñaron aquellos próceres.»
La visión de Saravia Frías resalta que este momento podría ser la concreción del sueño de los próceres fundacionales, de que el primer artículo de la Constitución Nacional, que establece la «forma representativa, republicana y federal de gobierno», se convierta en el pilar de una verdadera transformación argentina, donde el desarrollo y las oportunidades se distribuyan equitativamente por todo el territorio.

