Caseros: le dispararon para robarle la moto, quedó en silla de ruedas y los tatuajes «le salvaron la vida»
Era el lunes 19 de octubre de 2015 cuando la vida de Damián Dimare dio un giro inesperado y brutal. Un día lluvioso, mientras se dirigía a trabajar como cadete en Caseros, fue interceptado por dos delincuentes en moto. El instinto de Damián lo llevó a acelerar para escapar, pero un disparo por la espalda lo derribó, dejándolo inmóvil en la vereda y con la grave sospecha de una lesión medular. Los ladrones se llevaron su moto, no sin antes intentar un segundo disparo que, por fortuna, no salió.
Abandonado bajo la lluvia, Damián esperó una hora la ambulancia, mientras la policía impedía que los vecinos lo asistieran. Ese momento de vulnerabilidad, sumado a la reciente pérdida de su abuelo, lo llevó al límite. Finalmente, fue trasladado al Hospital Posadas, donde le salvaron la vida, pero el diagnóstico de una lesión medular se confirmaría una semana después en el Hospital Italiano de la Ciudad de Buenos Aires.
El «limbo» y la reconstrucción
Damián recuerda ese período como un «limbo». Recién egresado del secundario, sin una pasión definida más allá del básquet que no podía practicar a tiempo completo, y con un historial familiar complejo, se sentía renegado con su realidad. La noticia de la lesión medular fue un golpe devastador. «Es una sensación que te hiela la sangre, un escalofrío que recorre todo el cuerpo y cala hasta el alma: un sacudón brutal de realidad», describe sobre el momento en que comprendió la magnitud de su situación.
En su proceso de rehabilitación, Damián destaca el rol fundamental de su madre, quien lo impulsó a ingresar a una clínica especializada. Allí, contra su voluntad inicial, encontró un camino de introspección y crecimiento. Adoptó la lectura, compartió experiencias con otros pacientes y absorbió conocimientos sobre su nueva condición. La silla de ruedas, que al principio veía como una limitación, se convirtió en una aliada para su movilidad y para explorar el mundo.
Los tatuajes: un renacer inesperado
Aunque desde chico los tatuajes le habían fascinado, Damián los rechazó tras su lesión. Sin embargo, esta oportunidad, que llegó «casi por obligación», se transformó en su motor. Hace seis años que vive de lo que ama. Su primer diseño, un cofre de oro en el tobillo de su amigo Augusto, marcó el inicio de esta nueva etapa.
“Los tatuajes me salvaron la vida, sin lugar a dudas. Creo que una de las actividades que recuerdo desde que tengo un poco de razonamiento es dibujar. Siempre fue un cable a tierra para mí. Empecé a tatuar casi por obligación, estaba muy perdido con respecto a que hacer con mi vida a mis 23 años. Entre charla y charla con Fabiana (la Directora de la clínica de rehabilitación en la que estuvo internado), ella me propuso la idea de tatuar, yo estaba bastante reacio al principio. Y cuando le agarre la mano fue un camino de ida. Es el único amor que me duró tanto tiempo”.
Además de dedicarse profesionalmente al tatuaje, Damián ha buscado constantemente nuevas experiencias. En el verano de 2025, volvió a surfear por primera vez en silla de ruedas, en la única playa adaptada de Mar del Plata, con el apoyo de Lucas Rubiño de MardelSurf. Incluso, un profesor lo animó a subirse nuevamente a una moto, una experiencia que revivió con risas y el redescubrimiento de su autonomía. «Siempre busco primeras veces en todo, porque esa actitud le dice a mi cerebro que estoy vivo, cambiando y creciendo», afirma.
A los 31 años, Damián Dimare lleva una vida plena y tranquila. Ama su trabajo como tatuador, que le permite gestionar sus tiempos, entrena con disciplina, come sano y prioriza relaciones de calidad. Cuida su energía y disfruta del tiempo con amigos. Reconoce que la vida que tiene hoy fue construida «poco a poco» a través de «muchos procesos complejos».
Entre sus objetivos a corto plazo, planea dar un seminario de Letras Cursivas, su especialidad en el tatuaje. A mediano plazo, busca ser más rentable para viajar y expandir sus conexiones profesionales. A largo plazo, el deseo de formar una familia lo motiva a seguir adelante.

