Interna libertaria: Milei se «desentiende» de las peleas y se aferra a la «tabla de salvación» de la economía
En medio de un escenario político de alta confrontación, el gobierno de Javier Milei parece disociar la gestión eficaz de las tensiones internas. La pregunta que resuena es si un gobierno puede mantener sintonía con la sociedad y eficacia administrativa mientras se sumerge en un nivel tóxico de disputas políticas internas. La respuesta, desde la perspectiva libertaria, se inclina hacia la priorización absoluta del crecimiento económico, dejando en un segundo plano la resolución de las rencillas.
Una figura clave del Gobierno, cuya identidad no fue revelada, resumió la percepción interna: “A Javier lo votaron para resolver la economía, para combatir a la casta y cambiar la política. Pero cada vez más todo queda reducido a lo económico. En el resto, nos diferenciamos cada vez menos, y así perdemos capital simbólico. Entonces la única tabla de salvación es la economía”. Este razonamiento subraya la convicción presidencial de que su éxito será evaluado por el control de la inflación, la estabilización macroeconómica y la generación de bienestar.
La incapacidad de Milei para intervenir en las disputas internas, a pesar de su disgusto, se evidencia en frases como “Hay que pararlos” ante los escándalos, sin asumir un rol activo. Esta reticencia a actuar directamente, sumada a episodios como la no presentación de la declaración jurada de Manuel Adorni o los mensajes filtrados de Martín Menem, desgasta el capital simbólico de transparencia y diferenciación de la “casta” que el mandatario busca proyectar.
La psicología detrás de la inacción presidencial
La paralización del Presidente frente a estos temas tiene una razón emocional. Mientras Milei fue inflexible para despedir a funcionarios como Guillermo Ferraro, Osvaldo Giordano, Sonia Cavallo o Nicolás Posse, la situación cambia cuando los lazos personales, como los que mantiene con su hermana Karina Milei o con Santiago Caputo, entran en juego. Lidiar con estas relaciones parece ser un desafío más psicológico que político.
El cruce entre Santiago Caputo y Martín Menem, que se gestó en el mundo virtual, es un ejemplo claro. Menem conversó con Milei tras el escándalo, y el Presidente salió públicamente a decir que le habían “prefabricado” la filtración de mensajes en contra de Caputo. Por su parte, Caputo habló varias veces con Milei esta semana, sin ser reprendido, y el mandatario lo describió como “un hermano” en un streaming. Este episodio, junto a las tensiones entre Karina Milei y Patricia Bullrich, y los ruidos en la mesa política, sugieren que el Gobierno está acostumbrándose a convivir con una dosis constante de desorden e internas.
La convicción entre los funcionarios es que Milei no intervendrá, lo que implica acostumbrarse a un Adorni devaluado, una Bullrich disgustada (que esta semana vio partir a Federico Angelini de Seguridad), un Caputo “lastimado” y una Karina “implacable”. Se ha abandonado la posibilidad de recuperar algún tipo de organización interna.
Dos bandos y la disputa por el poder
Dentro de esta desconfiguración, emerge una cristalización de dos bandos que exceden al núcleo duro de Karina Milei o Santiago Caputo. Ya no se trata solo de los Menem y Sebastián Pareja, por un lado, o del “Gordo Dan” y las “Fuerzas del Cielo”, por el otro. Figuras como Nicolás Márquez y Agustín Laje se posicionan críticamente, mientras Lilia Lemoine y el cineasta Santiago Oría actúan como arietes del ala karinista. Se van conformando alineamientos paralelos, como “ejércitos que se preparan para una guerra superior”.
Aunque los ministros, “a tiro de decreto”, no intervienen públicamente, se asume que Pablo Quirno, Diego Santilli, Juan Bautista Mahiques, Alejandra Monteoliva y Carlos Presti orbitan con Karina. Por su parte, Luis Caputo y Mario Lugones, junto a funcionarios de organismos como la SIDE y la ARCA, tienen afinidades con Santiago. Los “mileistas puros”, como Federico Sturzenegger y Sandra Pettovello, solo se referencian en el Presidente.
El enfrentamiento se expone con cualquier tema de controversia pública, desde el escándalo Adorni hasta la licitación de la Hidrovía o la controversia por José Luis Espert. Ya no se trata solo de visiones diferentes sobre el proyecto libertario, sino de una disputa por cuotas de poder, intereses y negocios. Un actor clave del ecosistema oficialista vaticina que “todo esto va a terminar mal en la justicia”. A diferencia de internas en gobiernos anteriores, la “curiosidad libertaria” es que estas rencillas ocurren en una fuerza política unipersonal, donde el liderazgo de Milei no es cuestionado, pero él mismo reniega de la tarea de ordenar internamente.
La economía como única bandera y la posible visita del Papa
En este contexto, el proyecto libertario queda angostado al desempeño económico. Tras un primer trimestre adverso, Milei y el ministro Luis “Toto” Caputo encuentran motivos para ilusionarse con una mejora de las expectativas. Datos de actividad económica de marzo (3,5% superior a febrero), superávit comercial de abril (exportaciones 33,6% arriba interanual) y la aprobación de un nuevo tramo del crédito del FMI, son señales favorables.
Sin embargo, el problema mayor persiste en la “economía callejera”, el consumo y el poder adquisitivo. Los datos del Indec de marzo reflejan caídas interanuales de ventas en supermercados (-5,1%), autoservicios (-7,2%) y shoppings (-13,3%). La frase de Luis Caputo: “Seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil”, denota un intento de pasar de una fase fiscalista a una más productivista, para lo cual se necesitaría crecer fuertemente.
El Gobierno está especialmente entusiasmado con la idea de que el papa León XIV visite la Argentina. Esto generaría una expectativa positiva y permitiría a Milei mostrarse como el primer presidente desde Alfonsín en recibir a un Sumo Pontífice. La Casa Rosada podría capitalizar una movilización masiva, aunque el Papa traería consigo un mensaje social de prioridad a los más pobres y su prédica contra los “delirios de omnipotencia”.
El Papa ha expresado a obispos argentinos su intención de visitar el país este año. La designación de Michael Banach como nuncio apostólico y la confirmación de Agustín Caulo como secretario de Culto normalizaron la vía diplomática. Aunque hubo ansiedad por adelantarse a la noticia por parte de funcionarios, la confirmación oficial solo puede venir del Vaticano. El Papa esperaría el desenlace de las elecciones en Perú para definir su itinerario.
En una reunión en Cancillería, Pablo Quirno, junto con Sandra Pettovello, recibió a la cúpula de la Conferencia Episcopal Argentina. Aunque no se habló de la visita papal, Quirno se identificó como el interlocutor principal con la Iglesia. La figura más activa en este vínculo ha sido Pettovello, con quien la Iglesia mantiene una relación cordial, a pesar de diferencias en materia social. Los obispos plantearon su preocupación por la situación económica en los barrios populares, mientras la ministra insistió en una redefinición de las lógicas de asignación de ayuda. Pettovello viajará a Roma para un encuentro de ministros y tendrá una audiencia grupal con el papa León XIV.

