A 40 años de México 86: el partido que trascendió el fútbol y la política
«¿Cuándo comienza un partido?» Y, más importante aún, ¿cuándo termina? Estas preguntas, que van mucho más allá del pitazo inicial y final, resuenan con fuerza a 40 años de uno de los encuentros más emblemáticos en la historia del fútbol: el 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca de México. Aquel Argentina 2 – Inglaterra 1, por los cuartos de final de la Copa Mundial, conocido simplemente como «El Partido», no fue solo un evento deportivo, sino que se inscribió indeleblemente en la memoria popular argentina.
La gesta de la selección argentina, que culminó con la obtención del Mundial, se debe en gran parte a Diego Armando Maradona, autor de dos goles que se volvieron leyenda: su Gol del Siglo y la controvertida Mano de Dios. La frase del historiador estadounidense Edmund Morgan en 2009, «El hombre que roba a un imperio no se trasforma en ladrón, sino en emperador», encapsula la dimensión simbólica de aquel segundo tanto.
Cine, fútbol y la sombra de Malvinas
El reciente documental «El Partido», que se estrena esta semana en salas del país, retoma el título del libro de 2016 de Andrés Burgo y profundiza en las capas de significado que rodearon aquel encuentro. La película entrelaza la epopeya futbolística con la historia de las invasiones inglesas de dos siglos atrás y, fundamentalmente, con la Guerra de Malvinas, ocurrida apenas cuatro años antes y con un costo humano devastador.
La pregunta sobre la relación entre fútbol y política no es nueva y encuentra eco en el propio Festival de Cannes, donde «El Partido» fue presentado. Cannes, fundado en 1939 como respuesta al Festival de Venecia —que premió a un documental propagandístico de la Alemania nazi—, siempre ha sido un espacio de debate sobre el rol del cine frente a los conflictos globales. Recientemente, el guionista Paul Laverty denunció listas negras de actores por su postura ante la masacre en Gaza, mientras que otras producciones palestinas han sido reconocidas en festivales como Venecia y Berlín, con directoras que rechazan distinciones si estas van acompañadas de premios a figuras militares israelíes, como hizo Kaouther Ben Hania en Berlín. El cineasta surcoreano Park Chan-Wook, en el mismo debate, subrayó que la expresión política debe estar mediada por el arte para no caer en la mera propaganda.
El arte de Maradona en el Azteca
En el césped del Azteca, Maradona materializó esta fusión de arte y política, incluso en la trampa convalidada, y cinco minutos después, en la obra maestra del «Barrilete cósmico». El documental, dirigido por los argentinos Juan Cabral y Santiago Franco, captura la intensidad de esos momentos, con narraciones de figuras como Jorge Valdano y Gary Lineker. También participan exjugadores argentinos como Oscar Ruggeri, Jorge Burruchaga, Julio Olarticoechea y Ricardo Giusti, quienes comparten detalles sobre las obsesiones y cábalas de Carlos Bilardo. Por el lado inglés, aparecen el arquero Peter Shilton, Glenn Hoddle, Terry Butcher y John Barnes.
El productor asociado Juan Pablo Sorin destacó la búsqueda de «sensibilidad, humanidad y autenticidad del futbolista». La película presenta a estos «gladiadores esculpidos» de los años ochenta, hoy sexagenarios, reaccionando ante un archivo imponente. El documental evita el chauvinismo y contextualiza el partido no solo con la guerra, sino también con episodios como la expulsión de Antonio Rattín en Wembley en el Mundial 66, o la visita de Queen a Buenos Aires antes del conflicto, con un joven Diego posando con Freddie Mercury y una bandera británica. El magnetismo de Maradona, «harto conocido», sigue asombrando y se agiganta con el tiempo.
La memoria que perdura
La complejidad de vincular Malvinas con México 86, una cuestión que muchos consideraron delicada, encuentra su justificación en el testimonio de excombatientes que lloraron con los goles de Diego. El escritor mexicano Juan Villoro, en su reciente libro «Los héroes numerados», comparó la victoria de México sobre Estados Unidos con una «reconquista de Texas», ilustrando cómo el fútbol puede canalizar sentimientos históricos y territoriales. «El Partido», con sus 91 minutos de duración, busca un final conciliatorio, un abrazo que alivia.
Aunque en la previa de aquel partido, colegas ingleses intentaron despolitizar el encuentro, los jugadores argentinos, «sensatos», sabían que «contra Inglaterra dejarían la vida», porque «la memoria de la colonia jamás será igual que la memoria del imperio». El documental nos recuerda que, si bien podemos precisar el inicio de un partido, su final, en términos de su impacto cultural y político, es mucho más difuso. En «tiempos difíciles», como señaló Paul Laverty en Cannes, donde «los locos guían a los ciegos», el cine y el fútbol actúan como bastones en la noche, iluminando y resignificando la historia.

