Delfina Pignatiello: De la gloria olímpica al renacer artístico
Delfina Pignatiello, una de las figuras más destacadas de la natación argentina que brilló en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 y se consagró campeona panamericana en Lima 2019, transita un profundo proceso de reinvención. Tras anunciar su retiro del alto rendimiento a los 21 años, en 2021, la atleta encontró en el arte un nuevo camino para su pasión y determinación, consolidándose hoy como fotógrafa, directora y actriz.
Cinco años después de aquella decisión que sorprendió al universo deportivo, Pignatiello se expresa con la elocuencia de quien ha transitado un arduo redescubrimiento personal. «Vine, nadé, vencí» es la frase que elige para resumir su etapa como nadadora, una declaración que hoy resuena con la misma fuerza en su vocación artística. «Voy plantando semillas de sueños, los voy haciendo y la vida sigue. Si aparece otro sueño, lo voy a ir a buscar», afirma, revelando una filosofía de vida que la impulsa constantemente a explorar nuevas facetas.
El arte como nuevo escenario: de la pileta a la galería
La transición de Pignatiello al ámbito artístico es total. Actualmente, se desempeña como fotógrafa profesional en festivales de música, integra equipos técnicos y de casting en proyectos audiovisuales, y explora la vasta oferta cultural de Buenos Aires. Su vocación artística es seria y se manifiesta en diversas expresiones: hace dos años publicó Diarios de Delfín, un libro donde reconstruye su experiencia en el deporte, y recientemente, hasta el 7 de mayo, presentó su exposición fotográfica Ninfas.
Esta serie de imágenes subacuáticas, que explora el cuerpo y el vínculo entre mujeres, ha sido un hito personal. «La noche de la inauguración me sentía en mi cumpleaños de 15: hablaba con todo el mundo, fue muy mágico poder ver cara a cara a la persona que estaba mirando las fotos, contar cómo las hice, que pasen cosas en vivo…¡y no en las redes!», relata Pignatiello, quien valora la experiencia real por encima de la virtualidad. La muestra tendrá una nueva oportunidad de ser vista en la feria MAPA, del 25 al 28 de junio en la Rural, y se gestionan exhibiciones en Córdoba y eventos de arte ligados al mar.
Su incursión en la fotografía comenzó de manera orgánica, con una cámara analógica heredada de su padrino. Esta experiencia inicial, que la conectó con el proceso químico y la magia del revelado, sentó las bases de su actual metodología. Aunque hoy trabaja en digital, Pignatiello «trata de respetar la gimnasia analógica, de pensar mejor el encuadre y no confiar en tener tantos tiros. Voy más al grano, espero el momento, me quedo en silencio, esperando».
La vida volcada al camino artístico y el aprendizaje constante
Desde hace dos años, la vida de Pignatiello está completamente dedicada al arte. «Mi vida está totalmente volcada al camino artístico, como fotógrafa, y también como directora e incluso como actriz», asegura. Aunque acepta algunos trabajos corporativos para invertir en su propia obra, su carrera en este nuevo campo ha despegado rápidamente. Ha colaborado con artistas como Duki, Nicki Nicole y Trueno, cubrió el festival Lollapalooza, y se fue de gira con la banda Conociendo Rusia. También participó en proyectos para Fundación River y Coca-Cola, y formó parte del equipo técnico de la película El Jockey, una experiencia junto a Luis Ortega que fue «reveladora» y la convenció de dedicarse al cine.
Pignatiello se define como una autodidacta, que se formó «en el hacer» y luego se especializó con clínicas de fotografía y talleres de escritura, como el que realizó con Samanta Schweblin. A diferencia de su vida como deportista de alto rendimiento, marcada por una rutina estricta y sin espacio para la espontaneidad, hoy busca la disponibilidad y la libertad. «Si me sale un rodaje, voy. Si sale una gira, voy. Vivo mucho por corazonada», explica, dejando abierta la posibilidad de estudiar Letras en el futuro.
Superar la angustia y encontrar la plenitud
El camino de Pignatiello no ha sido exento de desafíos emocionales. Tras su retiro, tuvo que enfrentarse a una profunda angustia. «Me tuve que poner cara a cara con lo más oscuro que pude haber pensado y vivido. No hice ojos ciegos. Todo se fue acumulando y un día estalló», confiesa. Este proceso implicó un intenso trabajo personal y terapéutico para comprender el origen de su malestar y encontrar las herramientas para sanar.
Hoy, a sus 26 años, mira hacia atrás y reconoce la realidad de esa angustia, pero ya no la siente. «Si pude reencontrarme con mi sensación de plenitud fue porque empecé a conocerme de verdad: qué me gusta, la gente que quiero cerca, las pelis que consumo, los libros que leo», reflexiona. Esa plenitud, que no sentía desde sus 17 o 18 años como deportista, ha regresado. Aunque los primeros años post-retiro le costó encontrar dónde volcar su pasión y la adrenalina de la competencia, hoy la encuentra en cada show, cada rodaje y cada proyecto artístico.
«Ahora esa sensibilidad está libre, la dejo fluir, y vuelco la determinación y la estructura en mis objetivos artísticos», afirma Pignatiello, quien antes «escribía poemas en mi cabeza mientras nadaba y no sabía dónde ponerlos». Su próximo proyecto es una continuación de Ninfas, una serie de fotos con mujeres que exploran la feminidad en el paso a la adultez, que planea realizar en distintas locaciones de Argentina. Además, está escribiendo un cortometraje, demostrando una versatilidad que le permite expresarse en un abanico de formatos artísticos.

