Sociedad

Alojamientos insólitos: la Argentina se reinventa con hoteles cápsula, vagones y aviones

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La industria del turismo en Argentina se encuentra en plena transformación, impulsada por una demanda creciente de experiencias únicas y memorables. Ya no basta con un lugar para descansar; los viajeros actuales, influenciados en gran medida por las redes sociales, buscan que el alojamiento sea el epicentro de su aventura. En este contexto, proliferan propuestas hoteleras que desafían lo convencional, convirtiendo la curiosidad y el ingenio en el principal motor del viaje.

Desde hoteles cápsula inspirados en Asia hasta vagones de tren reciclados y aviones convertidos en suites de lujo, el país ofrece opciones que elevan la estadía a una categoría superior. Estos proyectos, a menudo nacidos de visiones personales y audaces, demuestran que el límite está en la imaginación a la hora de crear un refugio diferente.

De Asia a Ezeiza: el hotel cápsula que aterriza en el aeropuerto

La visión de Sabrina Hernández, una experta con más de dos décadas en hospitalidad, trajo a Argentina un concepto revolucionario. Tras experimentar la calma de un espacio capsular en un aeropuerto asiático, se propuso replicar esa sensación de refugio en medio del caos. Su primer intento, un hotel cápsula en Esquel, cerró con la pandemia, pero la meta de abrir uno en un aeropuerto se mantuvo firme.

Así nació My Pod Capsule Airport en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Este proyecto fusiona el concepto capsular con una experiencia de línea boutique, ofreciendo un oasis para cualquier viajero. «Sentí calma en medio del caos: una cama, una ducha, un momento que era completamente mío. Ahí me pregunté, con la certeza de quien ya conoce la industria, ¿por qué esto no existe en la Argentina?», detalla Hernández. Cada pod es un espacio privado con cama, iluminación personalizada, enchufes y wifi. Algunos cuentan con duchas, espacio de guardado y snack bar. La flexibilidad es clave: se puede reservar por día o por hora, e incluso ofrece espacios de coworking y salas de reuniones.

Aventura en las alturas: cápsulas transparentes frente al Fitz Roy

Para los amantes de la montaña y la adrenalina, Ovo Patagonia en El Chaltén redefine la experiencia de hospedaje. Se trata de cuatro cápsulas de acero y policarbonato adheridas a una pared de roca, a 340 metros de altura, con una vista inigualable del majestuoso Fitz Roy. El acceso a cada habitación es una aventura en sí misma: una vía ferrata suspendida en el vacío.

Cada cápsula se distribuye verticalmente: en la parte superior, una cama de dos plazas; en el medio, un living con baño en seco; y abajo, una red suspendida a 300 metros de altura para disfrutar del paisaje y el vértigo. Ezequiel Ruete, uno de los creadores, asegura: «Es un espacio diseñado para que nunca más te olvides que estuviste en el OVO, colgado de la montaña».

El encanto ferroviario: vagones convertidos en suites

En San Antonio de Areco, la nostalgia del tren cobra una nueva vida gracias a Arturo Figueroa y su proyecto Los Vagones de Areco. Antiguos vagones de tren, cargados de historia, han sido restaurados y transformados en cómodas habitaciones. «La idea la tuvo mi viejo. Su objetivo era hacer un hotel que no fuera convencional y, en ese momento, ya estaba restaurando un vagón antiguo», cuenta Candelaria, una de sus cinco hijos que colaboran en el emprendimiento.

Cada vagón, como el Peña –un furgón de cola traído desde Corrientes– o un vagón comedor de más de 100 años, está equipado con baño privado, aire acondicionado y calienta colchones. La propuesta es todo incluido: picada, vino, budines, chipá, cena en el vagón comedor y un fogón bajo las estrellas. Los visitantes no solo duermen en piezas únicas, sino que también acceden a un pequeño museo de reliquias y disfrutan de un día de campo en plena naturaleza.

Desde Trevelin hasta Córdoba: huevos de dragón y aviones habitables

En el fértil valle chubutense de Trevelin, el Huevo de Dragón es una estructura de metal que llama la atención por su singular forma y su historia. Concebido como el atelier del arquitecto Martín De Estrada, este alojamiento fue ganador del OMG Fund de Airbnb. Con una cama para dos personas, cocina y baño, su exterior de chapa cortada y oxidada evoca la escultura del dragón de la plaza local. «Lo pensé como figura de renacimiento, de la totalidad, como un arquetipo de renacer», explica De Estrada.

Finalmente, en Oncativo, Córdoba, Oscar “Pupi” Scorza llevó la originalidad a otro nivel con Air Damasco, parte de su Campo Hotel Nono Luigi. Lo que comenzó como un homenaje familiar, evolucionó cuando adquirió tres aviones Boeing 737 de la aerolínea Southern Winds en un remate. Tras una compleja travesía para trasladarlos, dos de ellos se convirtieron en habitaciones de lujo.

Los huéspedes acceden por una manga, como en un aeropuerto, a suites tecnológicas con jacuzzis en el balcón, aire acondicionado, wifi y duchas con música. El interior conserva elementos originales de la cabina, como ventanillas y puertas de emergencia, e incluso la cabina del piloto. «Es un lugar único en el mundo. La gente tiene una gran curiosidad por los aviones y, por eso viene, desde todos lados», concluye Scorza.

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