La ética del poder en debate: ¿qué moral guía al gobierno de Milei?
El presidente Javier Milei ha elevado la “moral como política de Estado” a uno de los pilares centrales de su gestión, presentándola como el fundamento filosófico de una nueva era en la política argentina. Según esta visión, la acción de gobierno debe guiarse por principios morales inquebrantables, dejando de lado la conveniencia o el cálculo electoral. Sin embargo, esta proclamación ha desatado un intenso debate en la esfera pública, especialmente ante la recurrencia de escándalos, conflictos de interés y sospechas de corrupción que parecen contradecir el discurso oficial.
Para Hernán Reyes, dirigente de la Coalición Cívica, el problema de fondo no radica en una contradicción entre una moral republicana y prácticas incompatibles. Más bien, sostiene que la concepción moral de Milei nunca integró una ética del poder público. Reyes argumenta que la filosofía moral del Presidente se enfoca primordialmente en el individuo, la propiedad privada y el mercado, dejando de lado aspectos cruciales como la función pública, los límites institucionales, la transparencia y la responsabilidad de quienes ejercen el gobierno.
Moral privada versus ética pública
Reyes enfatiza que, si bien Milei posee una filosofía moral, esta es de carácter privado, económico e individual. Una moral que, si bien defiende la libertad frente al Estado, no desarrolla herramientas para pensar cómo debe ejercerse el poder. «Por eso puede construir un discurso extremadamente rígido sobre impuestos o libertad económica y, al mismo tiempo, no tener herramientas políticas ni morales para pensar la corrupción, los conflictos de interés o el uso del Estado en beneficio propio», señala el dirigente. Esta visión, que desconfía de la intervención pública, no ha gestado una ética republicana capaz de limitar, controlar y transparentar a los gobernantes.
La tradición republicana, en contraste, ha forjado históricamente una moral basada en el cumplimiento de la ley, la rendición de cuentas y el control del poder público. Esta ética se interroga no solo sobre lo que un individuo puede hacer con lo suyo, sino sobre el correcto uso del lugar que la sociedad le ha otorgado a quien gobierna. «Gobernar no es solamente administrar individuos. Gobernar es ejercer poder», afirma Reyes, añadiendo que «cuanto mayor es el poder, mayor debe ser la exigencia ética sobre quien lo ejerce».
La ausencia de empatía social y sus consecuencias
El dirigente de la Coalición Cívica también apunta a una ausencia aún más profunda en el discurso moral del oficialismo: la desaparición del otro como problema moral. La tradición humanista, explica Reyes, sostiene que una sociedad democrática no puede reducirse a individuos compitiendo. La política implica empatía, reconocimiento de la vulnerabilidad y responsabilidad colectiva hacia quienes quedan relegados. «No alcanza con garantizar libertades abstractas si millones de personas viven en condiciones materiales que les impiden ejercerlas realmente», sostiene.
En este sentido, problemáticas como el endeudamiento familiar, la situación de los jubilados, las personas con discapacidad dependientes de prestaciones estatales o la necesidad de acceso a medicamentos, no son solo cuestiones económicas. También plantean interrogantes sobre las responsabilidades morales de una comunidad frente a sus sectores más vulnerables. Reyes concluye que, al reducir la moral a la libertad económica individual, el gobierno debilita los controles sobre el poder y la responsabilidad hacia los más débiles, transformando la palabra “moral” en una mera justificación ideológica en lugar de un contrato colectivo.
«La Argentina necesita reconstruir otra conversación ética. Una moral democrática y republicana que vuelva a poner límites claros al poder. Que entienda que la transparencia no es un detalle administrativo sino una obligación política. Que gobernar implica rendir cuentas y asumir responsabilidades. Pero también una moral profundamente humana, capaz de mirar a quienes sufren, a quienes quedan afuera, a quienes no tienen poder para defenderse solos».
El análisis de Reyes subraya que una sociedad no solo se mide por el respeto a la propiedad, sino también por cómo ejerce el poder y cómo trata a los más débiles, invitando a una profunda reflexión sobre los fundamentos éticos del gobierno actual.

