Blade Runner en el Colón: Vangelis en vivo reaviva un clásico distópico
El Teatro Colón se vistió de futuro distópico con el estreno latinoamericano de «Blade Runner LIVE», una experiencia que fusionó la proyección del clásico cinematográfico de Ridley Scott con la interpretación en vivo de la legendaria banda sonora de Vangelis. El evento, parte del ciclo Colón Contemporáneo, permitió al público revivir la versión Final Cut (2007) de la película de 1982, con la música a cargo del Ensamble Nexus-7.
Más allá de las virtudes técnicas del film, la propuesta en concierto revalidó la vigencia de esta obra de ciencia ficción a casi 45 años de su estreno, destacando tres dimensiones esenciales: su contenido existencial, su estética visual y, fundamentalmente, su inconfundible sonido.
Un futuro que hoy interpela: contenido y estética
El contenido existencial de la historia de Blade Runner resuena hoy con una intensidad particular. Lo que en los años 80 se imaginaba como un futuro lejano, con el avance de la inteligencia artificial y el debate sobre la autonomía de las máquinas, se vuelve «más vertiginoso, más inquietante y actual». La trama, aparentemente sencilla, y sus personajes carentes de emociones, construyen un «clima melancólico» que invita a la reflexión sobre la condición humana, la finitud y el sentido de la existencia. El monólogo improvisado por Rutger Hauer como Roy Batty, con su poética referencia a las «lágrimas en la lluvia», encapsula esta profunda tristeza.
Visualmente, la película presenta una «fabulosa estética» de un porvenir sombrío. La ciudad de Los Ángeles de 2019, imaginada como futurista en su momento, se revela ahora como un pasado «siempre nocturno, sórdido, solitario, lluvioso y contaminado». En este entorno, los vehículos surcan el espacio entre columnas de humo y neones, mientras la humanidad se diluye en un submundo donde «nada se cuenta de la vida». La paradoja de autómatas anhelando recuerdos y vivencias auténticas, en contraste con un futuro tecnificado que falsifica la humanidad, sigue siendo impactante.
La impronta sonora de Vangelis: el alma de la película
La dimensión sonora, creada por Evángelos Odysséas Papathanassíou, conocido mundialmente como Vangelis, es un ingrediente «indisoluble» que aporta identidad y profundidad existencial al film. Su «sonido cósmico y a la vez introspectivo» es la firma de un compositor griego precursor de un género que emplea sintetizadores, teclados e instrumentos electroacústicos a gran escala, fusionando lo épico con lo clásico en un estilo «sinfónico-electrónico». Sin esta banda sonora, que también dio vida a obras como Carrozas de Fuego, el film de Ridley Scott «no calaría tan hondo», justificando así su presentación en el escenario del Colón.
La reproducción de este diseño sonoro fue uno de los puntos más destacados de la velada. La «impecable sincronicidad con la pantalla», la «elegancia, balance y sutileza en la ejecución» del Ensamble Nexus-7, coordinado por el tecladista Ernesto Romeo, fueron clave. El ensamble, que utilizó sintetizadores, teclados, cuerdas electrónicas, flauta, saxofón, voz y percusión, logró una interpretación fiel. Se destacaron el solo de saxofón de Rosa Nolly en el tema de amor entre Rick Deckard (Harrison Ford) y Rachael (Sean Young), la performance vocal de Tatiana Álvarez “Árwy”, las percusiones de Bruno Lo Bianco y Lucas Aldieu, el despliegue de los sintetizadores y teclados por Ernesto y Lucas Romero, y la sección de cuerdas electrónicas, cuyos intérpretes lucieron antifaces emulando a la replicante Pris (Daryl Hannah).
Bajo la dirección musical de Pete Billington, la realización alcanzó una «amalgama perfecta» con las voces de los personajes y el «clima onírico» de la historia. Cada entrada de la música en vivo «resultó imperceptible», logrando una inmersión total que, parafraseando la belleza del film, fue tan sutil como el implante de la memoria en Rachael o los «momentos perdidos en el tiempo y las lágrimas de Roy en la lluvia».

