Argentina y Uruguay buscan desactivar conflicto por planta de hidrógeno en Paysandú
Los gobiernos de Argentina y Uruguay intensifican el diálogo para evitar que el proyecto de una planta de e-combustibles en Paysandú desate una crisis diplomática similar a la de las pasteras de los años 2000. Este martes, una delegación argentina de alto nivel se reunió en Montevideo con autoridades uruguayas para discutir la instalación de la planta de HIF Uruguay S.A., que genera fuerte preocupación en la provincia de Entre Ríos por su posible impacto ambiental sobre el río Uruguay y la ciudad de Colón.
El encuentro, que buscó ser una señal política preventiva, tuvo lugar días después de que la Justicia Federal argentina aceptara una acción preventiva por daño ambiental. Esta acción fue impulsada por legisladores peronistas entrerrianos —los diputados Guillermo Michel y Laura Marianela Marclay, y el senador nacional Adán Bahl—, quienes advierten sobre un eventual “daño irreparable” en la región compartida del río Uruguay y apuntan tanto contra el Estado uruguayo como contra la empresa.
La comitiva argentina estuvo encabezada por el canciller Pablo Quirno, quien viajó acompañado por el gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio; el intendente de Colón, José Luis Walser; y el subsecretario de Política Exterior, Juan Navarro. Fueron recibidos por el canciller uruguayo, Mario Lubetkin, y una delegación que incluyó a la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona; el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño; el intendente de Paysandú, Nicolás Olivera; y el embajador uruguayo en Buenos Aires, Diego Cánepa.
Avances y posturas encontradas
Según el comunicado conjunto emitido por ambas cancillerías, las delegaciones “analizaron el estado de situación del proyecto impulsado por la empresa HIF Uruguay S.A. y repasaron los avances administrativos y ambientales vinculados a la iniciativa.” Las autoridades uruguayas informaron que ya se firmó un Memorándum de Entendimiento con la compañía y que se están elaborando los términos de referencia para el estudio de impacto ambiental, que deberá ser presentado formalmente por la empresa y evaluado por el Ministerio de Ambiente uruguayo.
Un punto clave y valorado por la delegación argentina fue la confirmación de que se analizan “otras eventuales localizaciones alternativas” para el proyecto, con el objetivo de aprovechar mejores condiciones logísticas y técnicas. Aunque el comunicado no llegó a la decisión concreta de reubicar la planta, como reclamaba la oposición entrerriana y el propio gobernador Frigerio le planteó al presidente Yamandú Orsi, la apertura a buscar alternativas fue vista como un paso adelante.
El canciller Lubetkin destacó el viaje de Quirno como un “gesto excepcional” que refleja el nivel de relación bilateral y aseguró que las conversaciones avanzan “de forma importante” tanto en materia ambiental como en alternativas de emplazamiento. Remarcó que el proceso de instalación “todavía no está cerrado” y que esa situación fue transmitida a las autoridades argentinas, afirmando que la reunión “puede marcar un avance sustancial en un proceso que aún necesita algunos pasos más para completarse”.
La oposición entrerriana mantiene la cautela
A pesar de los gestos diplomáticos, el diputado Guillermo Michel expresó su pesimismo. “No confiamos nada en la gestión que lleva adelante el gobernador Frigerio, porque son más de lo mismo”, sentenció. Michel confirmó que la acción preventiva de daño ambiental seguirá adelante “hasta que la empresa o el estado uruguayo no se presenten en la cárcel y se comprometan por escrito en el expediente”.
El canciller Quirno, por su parte, intentó bajar el tono de la confrontación, luego de que el gobernador Frigerio advirtiera sobre la posibilidad de recurrir a la Corte Internacional de Justicia de La Haya si el proyecto avanzaba sin cambios. “No se trata de ir contra Uruguay ni de bloquear inversiones que el país logró atraer por sus propias capacidades. La región necesita más inversiones y ponerles trabas sería pegarse un tiro en el pie”, sostuvo Quirno. Lubetkin, en sintonía, insistió en que el “diálogo y la confianza” son la base para administrar las diferencias y evitar que se repita una crisis como la de 2005.

