Economía

El carry trade pierde atractivo y la calma del dólar se vuelve más frágil

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La estrategia de carry trade, que durante los primeros cuatro meses del año fue clave para mantener la estabilidad del tipo de cambio en Argentina, comienza a mostrar signos de agotamiento. Junto a las robustas compras de dólares por parte del Banco Central (BCRA), que acumuló unos US$7400 millones desde enero, el carry trade contribuyó a la “pax cambiaria” que caracterizó el inicio del año. Sin embargo, la combinación de una inflación persistente, la apreciación del peso argentino y la baja de tasas de interés está erosionando su rentabilidad y aumentando los riesgos para los inversores.

El carry trade, una táctica que consiste en invertir en activos en pesos a altas tasas para luego dolarizar las ganancias, florece en contextos de calma cambiaria. La caída del dólar minorista en 4,4% desde el comienzo del año permitió a quienes aplicaron esta estrategia mediante plazos fijos acumular una ganancia del 13% en dólares desde diciembre. No obstante, esta atractiva rentabilidad en moneda extranjera esconde una realidad menos favorable en pesos.

Rendimientos en pesos: la cara menos visible del carry trade

Pese a las ganancias en dólares, los rendimientos en pesos no lograron compensar el avance del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Según Nery Persichini, analista de GMA Capital, la tasa real directa fue 3% negativa. “Esto sugiere que la estrategia fue alimentada más por los flujos que por la dinámica del precio de la liquidez en pesos. Los flujos de divisas siguen dictando el tempo de la estrategia, pero en un terreno menos favorable”, explica Persichini.

La situación se agrava con una tasa en pesos que se volvió aún más negativa, promediando una Tasa Nominal Anual (TNA) del -9% en marzo y abril. A esto se suma que el tipo de cambio real, al descontar el efecto de la inflación, está 10% por debajo de los niveles de finales de 2023. “Esto achica el margen de error de la estrategia”, advierte el analista.

“El carry, junto a las compras por parte del Banco Central, aportaron el 100% de la calma del primer cuatrimestre”, resumió Fernando Camusso, director de Rafaela Capital.

Camusso también señala una evolución en la estrategia: de tasas fijas cortas en torno al 3% efectivo mensual, los inversores migraron hacia instrumentos atados a la inflación (CER), buscando cobertura ante la pérdida de poder adquisitivo del peso.

El futuro del carry y los desafíos económicos

El tándem entre el BCRA y el Tesoro necesita generar un ambiente de mejores condiciones crediticias para reducir la morosidad y fomentar el crédito productivo. Si bien la política monetaria mantendrá su sesgo contractivo para combatir la inflación, una eventual consolidación del sendero desinflacionario mantendría las tasas bajas. “Claramente comienza cierto desincentivo para el carry, sin embargo, todo depende de si la inflación realmente retoma la baja”, explicó Camusso.

Analistas de la consultora económica LCG comparten esta visión, aunque reconocen que la pax cambiaria persiste. Sin embargo, advierten que la diferencia entre las tasas en pesos y las expectativas de depreciación implícitas en el mercado de dólar futuro se redujo en mayo. “El carry no tiene una larga vida asegurada”, sentencian.

La tensión en el mercado podría manifestarse una vez finalizada la liquidación de la cosecha gruesa. Si el BCRA enfrenta dificultades para acumular reservas o debe asistir al Tesoro, se podría observar un desarme de posiciones en pesos y una dolarización. No obstante, si el mercado mantiene la confianza en el programa económico, considerando el potencial de inversiones como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y el balance energético, una dolarización temprana podría evitarse.

El factor político y los riesgos emergentes

Nery Persichini enfatiza que el factor político no es despreciable. La confianza en el Gobierno ha disminuido respecto a principios de año, otorgando un “mayor peso gravitacional” a las novedades del ámbito político. Por ahora, el analista considera que el carry seguirá siendo atractivo en términos de dólares, pero con una relación riesgo-retorno menos holgada.

“No vemos catalizadores inminentes para un cambio de tendencia. Los flujos financieros continúan, y nuevos sectores (energía, minería) podrían compensar parte de la oferta que se retira con el fin de la cosecha gruesa. El riesgo principal no es macroeconómico, sino político. Un eventual adelantamiento del debate electoral podría generar incertidumbre suficiente para activar la dolarización de portafolios y desarmar posiciones en pesos. Mientras la discusión sobre 2027 quede en 2027, ese escenario luce acotado”, concluyó Persichini, subrayando la importancia de la estabilidad política para la continuidad de la estrategia.

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