Sociedad

Isla de los Estados: una expedición revela tesoros ocultos en el “Jurassic Park argentino”

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La Isla de los Estados, un territorio austral apenas conocido por los argentinos, fue el escenario de una expedición sin precedentes que combinó la pasión de marinos, el rigor científico de arqueólogos e historiadores y la mirada sensible de artistas. Bajo el nombre “Aquí hay dragones”, en alusión a las advertencias de los antiguos cartógrafos, el viaje reveló nuevos vestigios históricos y subrayó la vital importancia geopolítica de este remoto enclave.

La iniciativa, liderada por el ex marino Roberto Ulloa, partió de Ushuaia el 15 de enero de 2026 a bordo de dos veleros oceánicos, el Galileo y el Pampa Mía, con un equipo de doce personas. La travesía, concebida tras un viaje de reconocimiento en 2021, buscó trascender la aventura personal y generar una nueva narrativa sobre la isla.

La génesis de una expedición audaz

La fascinación de Roberto Ulloa por la Isla de los Estados se gestó desde su adolescencia, cuando la avistó por primera vez en un viaje antártico con su padre. Décadas después, durante la Guerra de Malvinas, la isla reapareció como telón de fondo de uno de los episodios más trágicos del conflicto: el rescate de náufragos del ARA General Belgrano. Sin embargo, Ulloa nunca había pisado tierra en este enigmático lugar.

Su interés se alimentó con la literatura, especialmente El faro del fin del mundo de Julio Verne, y la rica historia del lugar: presidios, cementerios, refugios de náufragos y las ruinas del primer faro argentino, reconstruido por franceses en los años noventa. Tras su retiro de la marina, Ulloa decidió transformar su inquietud en un proyecto concreto, convocando a especialistas de diversas disciplinas.

Un equipo multidisciplinario en aguas indómitas

La expedición reunió a un notable grupo de “forajidos”, como los define Ulloa. Del CONICET se sumaron el antropólogo y arqueólogo Carlos Landa, especializado en campos de batalla; el historiador Sebastián Ávila, experto en refugios históricos; la arqueóloga submarina y timonel Alejandra Raies; y Nicolás Ciarlo, arqueólogo de naufragios, reconocido entre los cinco más importantes del mundo en su campo.

Para registrar la experiencia más allá de la lente, se incorporaron el fotógrafo Pedro Atés y la artista Magdalena Casá, cuya misión era capturar la esencia de la isla con tinta, acuarela y lápiz, emulando los diarios de navegación de antaño. Completaron el grupo un médico con su hijo de 14 años y experimentados capitanes de veleros australes: Andrés Antonini y Nilo Navas, veterano del Belgrano.

“Estuve en el Jurassic Park de Argentina”, describió Casá, una frase que Ulloa consideró exacta para un lugar de 65 kilómetros de largo, modelado por glaciares y hogar de cientos de naufragios.

La navegación por las aguas que rodean la Isla de los Estados es un desafío constante. La confluencia de la corriente antártica y la de Brasil, el Estrecho de Le Maire y los vientos del Drake exigen una planificación meticulosa. Los capitanes monitorearon los pronósticos con precisión de cirujanos, eligiendo las “ventanas” de clima para avanzar con prudencia.

Hallazgos que reescriben la historia

La capacidad de los arqueólogos para “ver lo que otros no ven” fue una de las mayores revelaciones del viaje. En San Juan de Salvamento, donde se erige la réplica del faro de Verne, localizaron los restos de la casilla del primer torrero, vestigios del primer presidio y del muelle original, testigos de la construcción del primer faro argentino en 1884.

En Puerto Cook, el equipo encontró las estructuras del segundo presidio, que llegó a albergar a más de cien prisioneros, así como la ubicación de la panadería, pilotes del muelle y vainas de cartuchos Remington, que narran historias de violencia. Un cementerio con viejas cruces de madera y una piedra grabada con la fecha “Enero de 1900” también fueron documentados.

Quizás el hallazgo más sorprendente se produjo en Bahía Franklin, sitio del naufragio del comandante Luis Piedra Buena en el siglo XIX. Allí, los arqueólogos desenterraron cuatro grandes restos de embarcaciones y, entre los objetos recuperados, un prisma de vidrio utilizado para proyectar luz solar a las cubiertas inferiores de los barcos. “Hay tres o cuatro en el mundo. Lo encontramos ahí”, destacó Roberto Ulloa.

Una isla de valor estratégico y simbólico

A solo 25 kilómetros del continente, la Isla de los Estados es un territorio administrado por la provincia de Tierra del Fuego y custodiado por un puesto de vigilancia de la Armada Argentina. Sin embargo, su conocimiento entre los argentinos es limitado. Ulloa advierte sobre las consecuencias de “no apropiarse simbólicamente de las cosas”, señalando la enorme importancia estratégica de la isla.

La Isla de los Estados genera 200 millas de zona económica exclusiva, rica en hidrocarburos, minerales y pesca. Es la última tierra antes de la Antártida y se ubica en un nudo geopolítico que conecta el Cabo de Hornos, las Islas Malvinas y la Isla Grande de Tierra del Fuego. “No está militarizada, pero es una zona que de alguna manera se vincula con todo ese escenario tan complejo”, explica Ulloa.

Su historia está tejida con figuras clave de la soberanía argentina: Luis Vernet, primer gobernador de Malvinas, quien estableció un aserradero allí; Luis Piedra Buena, quien construyó refugios y vivió en la isla; y el periodista Roberto Payró de LA NACIÓN, cuyo libro La Australia Argentina (1898) narró la vida en este confín del mundo. Ulloa también rescata la figura de Paul Groussac, quien en 1910 escribió el primer libro sobre los derechos argentinos en Malvinas, y de Alfredo Palacios, quien lo llevó al Congreso en 1936.

“La apropiación a través de una narrativa, a través del arte: así funciona”, afirma Roberto Ulloa, destacando el propósito de la expedición de inspirar a otros a conectar con este valioso territorio.

La expedición dejó un cuadro de Silvana Baylac, colaboradora desde tierra, en el interior del faro, una representación imaginada del faro de Verne. La rápida reacción de un visitante que vio la obra en Instagram confirmó el impacto buscado. Con proyectos arqueológicos para los próximos cinco años y planes para un segundo viaje, la expedición “Aquí hay dragones” busca que la Isla de los Estados deje de ser un rincón inexplorado y se convierta en parte viva de la conciencia nacional.

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