Akamasoa Argentina: el ambicioso proyecto en Zárate que combate la pobreza con trabajo y comunidad
En Lima, una localidad del partido de Zárate, provincia de Buenos Aires, emerge un proyecto que busca transformar la vida de sus habitantes a través de un modelo de desarrollo integral. Se trata de Akamasoa Argentina, una comunidad que replica la visión del sacerdote argentino Pedro Opeka, reconocido por su labor contra la pobreza extrema en Madagascar y nominado al Premio Nobel de la Paz.
El contraste es notorio al ingresar al predio: casas pintadas de colores vibrantes, niños jugando y vecinos que transitan por un espacio que se aleja de los barrios de clase media baja y calles de tierra que lo rodean. Este asentamiento, que hoy alberga a unas 110 personas, es el resultado de una iniciativa que combina vivienda, trabajo, educación y salud.
Un modelo integral contra la pobreza
El desembarco de Akamasoa en Lima se concretó en 2020 de la mano de Gastón Vigo Gasparotti, licenciado en Administración de empresas y doctor en Economía, quien tras una experiencia en Madagascar junto al Padre Opeka, decidió replicar el modelo en Argentina. Su filosofía es clara: la pobreza no se resuelve con asistencia momentánea, sino con un sistema que empodere a las personas a través del trabajo y la comunidad.
Actualmente, 18 viviendas ya están habitadas, y otras cuatro se encuentran en construcción, con un plan que contempla alcanzar un total de 40 casas. Estas viviendas se organizan de forma circular, alrededor de espacios comunes, buscando fomentar la convivencia y romper con el concepto tradicional de aislamiento. Además de las casas definitivas, el proyecto incluye módulos de acogida para mujeres y familias en situaciones de violencia o emergencia habitacional, donde hoy residen temporalmente cerca de 50 personas.
El crecimiento de Akamasoa no se limita a las viviendas. La comunidad cuenta con una escuela en avanzado estado de construcción, diseñada para nivel inicial y primaria, y un hospital modular. La escuela, que busca responder al crecimiento poblacional de Lima (que pasó de 10.000 a 32.996 habitantes entre 2010 y 2022), tiene previsto comenzar a funcionar en 2027 y no cobrará cuotas, aunque buscará financiamiento estatal para los salarios docentes. El hospital, por su parte, ya ofrece algunas especialidades con médicos voluntarios y convenios con instituciones, con el objetivo de ser un centro de atención primaria para toda la zona para diciembre de 2027.
Trabajo, formación y autonomía
Uno de los pilares de Akamasoa es el trabajo como motor de desarrollo. La construcción de las viviendas, la escuela y el hospital avanza con la mano de obra de los propios habitantes del lugar. Ellos pagan el valor de sus hogares con horas de trabajo en las obras y en los distintos emprendimientos productivos que se desarrollan en el predio.
“Nosotros no tenemos un solo peso del Estado”, afirma Vigo Gasparotti, destacando que la iniciativa se sostiene con ayuda de particulares, empresas y donaciones.
Además de la construcción, la comunidad impulsa proyectos como el invernadero hidropónico, donde varias mujeres producen lechugas y aprenden un oficio vinculado a nuevas formas de cultivo. Este espacio, que había sido abandonado, fue recuperado por las vecinas y busca ampliar su producción a otros vegetales.
El modelo de Akamasoa Argentina no solo ofrece un techo, sino también un camino hacia la autonomía y la dignidad. Personas como Katherina Morel, quien afirma vivir «mejor de lo que podía imaginar», o Santiago Pardiña, quien encontró en la comunidad una salida a una situación de violencia, son testimonio del impacto del proyecto. Karina Galeano, por su parte, retomó sus estudios secundarios de adulta, demostrando que la comunidad también es un espacio para el crecimiento personal y la superación.
La comunidad también cuenta con una huerta, impulsada por Mercedes Ramírez, una mujer de 83 años, y una capilla que será inaugurada el 25 de mayo, concebida como un espacio ecuménico para distintas expresiones cristianas.
En su visita a Lima, el Padre Opeka expresó su emoción al ver el avance del proyecto argentino:
“Ahora hablo desde el corazón porque lo veo con mis ojos”.
Este reconocimiento refuerza el compromiso de Akamasoa Argentina de seguir creciendo y ofreciendo una alternativa real y sostenible para combatir la pobreza sin caer en el asistencialismo.

