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Adorni bajo la lupa: entre el «Gran Gatsby» de Indio Cua y la furia libertaria

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En los últimos meses, el estilo de vida y las decisiones estéticas de Manuel Adorni, Jefe de Gabinete, se han convertido en un tema de intenso debate público. Lo que algunos observan como un consumo irresistible, otros lo interpretan como una contradicción flagrante con el mensaje de austeridad que impulsa el gobierno. La «búsqueda secreta de hedonismo y placer» de Adorni, descrito como el «Gran Gatsby de country Indio Cua», contrasta con la promesa de postergación del goce para la ciudadanía en un contexto de economía «durísima».

La situación se torna particularmente irónica al considerar que el presidente Javier Milei atribuye al periodismo la «caída moral estrepitosa» de su funcionario. Adorni fue, precisamente, la cara visible de la «Kulturkampf» del Gobierno contra los medios, encarnando un rol de «fascista de salón» con una comunicación basada en la soberbia y el desdén. Su latiguillo «fin» en redes sociales y su habilidad para un discurso coherente lo posicionaron como una figura ascendente en La Libertad Avanza (LLA), incluso perfilándolo como posible candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad.

El «habitus» de Adorni y la crítica interna

La trayectoria de Adorni, sin éxitos previos en la actividad privada, lo llevó a la cima del Estado, donde hizo gala de un «garbo displicente». Su campaña se centró en un universo de palabras, no de proyectos concretos, y se erigió como la «cara de la violencia contra los medios». Esta postura, según analistas, es una de las razones por las que Milei se resiste a dejarlo ir, ya que perder a su «fusible principal en esa guerra cultural» sería un golpe al ego presidencial.

La «autobiografía de un burgués tardío» se devela en el diseño interior de su residencia, con «cascadas y mármoles travertinos en el country», viajes familiares al Caribe y escapadas en jet privado. Este «gusto», esta «idea íntima, familiar, de en qué consiste el placer», es interpretado como la manifestación de un hombre que llegó al Estado para cumplir el sueño de una vida de clase media alta, financiada por el «manantial del Estado siempre generoso».

Ornamento y delito: la Escuela Austríaca y la estética

La discusión sobre la estética de Adorni resuena con la crítica de la Escuela Austríaca de Viena, específicamente con la obra «Ornamento y delito» de Adolf Loos. Publicada en 1908, la tesis de Loos estipula que «el adorno es un crimen», al considerarlo un «desperdicio de trabajo humano y capital» y una «negación del proceso civilizatorio». La Escuela Austríaca postula que las instituciones eficientes surgen espontáneamente, no de diseños deliberados. Loos aplicaba esto al diseño y la arquitectura, argumentando que los objetos cotidianos alcanzan su forma perfecta a través de siglos de uso y refinamiento cultural, no por intervenciones ornamentales. Desde esta perspectiva, las «cascadas y las fuentes» en la residencia de Adorni serían «aberraciones» y «traiciones a la naturaleza del capital», o al menos a la idea de capital que se debería defender.

Internamente, Adorni nunca gozó del favor de las «Fuerzas del Cielo», el círculo cercano al asesor presidencial Santiago Caputo. Considerado «poco enérgico, superficial, carente de iniciativa», las filtraciones a la prensa que suelen perjudicar al «bando de Karina» (la hermana del Presidente) y nunca a Caputo, sugieren una huelga de brazos caídos de esta «hiperactiva guardia pretoriana». La falta de defensores para Adorni es notable; incluso figuras afines al gobierno como Agustín Laje guardan un sugestivo silencio, mientras que Nicolás Márquez, otro ideólogo libertario, pide abiertamente su renuncia para «proteger el proyecto político».

El gusto como distinción social

El sociólogo Pierre Bourdieu, en «La distinción», describe el gusto no como un talento personal, sino como un mecanismo de reproducción de la jerarquía social. Es una forma de distinción que permite a las clases altas mantener su posición dominante. En este contexto, el «habitus» de Adorni, con sus elecciones estéticas, contrasta con el de figuras como Santiago Caputo, criado en el «infinitamente más cheto Martindale», donde se forjan amistades con «pequeños top» como los vástagos de la familia Neuss. Esta familia, desde la llegada de Milei al gobierno, ha obtenido privatizaciones de empresas hidroeléctricas y consolidado su control sobre la infraestructura nacional.

La «saga de Adorni» deja una «triste moraleja inmoral»: en la política argentina, «mejor tener casa de toda la vida en el country Martindale, o hacer la gran Lázaro Báez: ponerse el chaleco groncho de pólar cremita y enterrar la guita». La «ley sagrada del político argentino» que Adorni habría violado es «no se compran cosas blancas con plata morena», una máxima que, según la fuente, lo convierte en un «gil» o, en palabras de Nietzsche, «humano, demasiado humano».

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