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Adicciones: la Iglesia pide un cambio de paradigma y advierte por el auge de las apuestas online

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CÓRDOBA.- El avance exponencial del consumo de drogas, el narcotráfico y una sociedad marcada por la soledad, la violencia y la ruptura de los vínculos familiares, exigen una revisión profunda en la forma de enfrentar el problema de las adicciones. Este es el diagnóstico central del II Congreso Arquidiocesano de la Pastoral de Adicciones, celebrado en Córdoba, donde se abordó no solo el consumo de sustancias sino también la creciente problemática de las apuestas.

Religiosos, profesionales, funcionarios, voluntarios y referentes de organizaciones sociales coincidieron en que el consumo debe ser abordado de manera holística, comprendiendo que, en la mayoría de los casos, es la manifestación de una profunda crisis social.

El cardenal Ángel Rossi fue enfático al señalar que, ante un fenómeno que se expande entre niños, adolescentes y jóvenes, las respuestas exclusivamente represivas o medicalizadas son insuficientes. “Lo primero es educación para la libertad, es decir, no basta con prohibir, hay que educar, o sea, ayudar a los jóvenes y, a veces, a los no tan jóvenes. Ayudarlos a descubrir el valor de la vida y a elegir el bien en un mundo que tiene por lema que todo está permitido”, sostuvo en un mensaje grabado desde Roma.

Según Rossi, la clave radica en “acompañar con presencia y con escucha, que no huyamos del sufrimiento de los jóvenes, del de cada uno de ellos”. En esa línea, enfatizó que el tratamiento de las adicciones no comienza con la moralización, sino con “una presencia afectiva” que no juzgue, sino que anime e inspire el esfuerzo espiritual y moral necesario.

Del paco a “cada teléfono, un casino”

Pablo Viola, titular de la Pastoral de Adicciones de la Iglesia Católica de Córdoba, contextualizó el consumo de drogas y las conductas adictivas en un marco de desintegración social. “¿Cómo puede responderse a una crisis tan multidimensional desde la estrechez de perspectivas únicamente ideológicas, represivas o tecnocráticas?”, se preguntó, advirtiendo sobre la constante búsqueda de la sociedad por “escapar de sus propios abismos” mediante mecanismos de evasión.

Viola insistió en que el crecimiento del consumo de drogas, especialmente el paco en Córdoba, se volvió “exponencial”. Frente a esto, destacó el aumento “esperanzador” de “propuestas comunitarias, especialmente dentro de la Iglesia Católica, las evangélicas y de muchas otras organizaciones”, aunque lamentó que los recortes de fondos de la Sedronar hayan “estancado” algunos programas. “Necesitamos un pensamiento estratégico que vaya más allá de una administración, de un trabajo coordinado entre todas las instituciones”, afirmó.

El obispo emérito de San Isidro y expresidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Oscar Ojea, resaltó la importancia del “trabajo en el campo, en el territorio” que realizan, por ejemplo, los Hogares de Cristo. Describió una “baja notable en la edad del consumo” y una “ruptura con la familia” que lleva a los jóvenes a robar para comprar drogas, siendo reemplazados por una “falsa familia”, la “tribu”. También alertó sobre el aumento de la “presencia narco en los barrios” y el “congelamiento” de la Ley de Integración de Barrios, que redujo “las pequeñas opciones de ‘changas’, de un trabajo, de una salida momentánea”.

El padre Pepe Di Paola, coordinador de la Federación de Hogares de Cristo, subrayó la necesidad de “recuperar el concepto de comunidad frente al individualismo” y “fortalecer y expandir la red de abordaje integral de las adicciones a través de la comunidad organizada”. Reconoció que la coordinación con el Estado varía según el gobierno, pero la preocupación por las adicciones al juego es unánime. “En 2014 lanzamos un documento que se titulaba ‘cada casa, un casino’. Para algunos fue una exageración. Hoy decimos ‘cada teléfono, un casino’. La droga es un consumo ilícito, pero esto también es muy dañino, un problema muy fuerte y creciente”, alertó.

“Olé, olé, Pepe, Pepe” fue la forma en la que, hacia el cierre del congreso, los asistentes agradecieron la actividad que el sacerdote lleva adelante desde hace años. “El Hogar de Cristo es una red que nace en una parroquia popular. Encontramos la clave de cómo el estar con la gente puede ayudar a resolver sus problemas”, afirmó y catalogó de “tsunami” la forma en que se espiralizó la crisis.

El padre Pepe agradeció el liderazgo de Monseñor Jorge Bergoglio antes de ser Papa, quien “nos dejó hacer. Siempre creyó en los curas villeros”.

Políticas públicas desde la periferia

En la apertura del congreso, Viola identificó dos “variantes del error ideológico” que, a su entender, prevalecen en Argentina. Por un lado, quienes “buscan eliminar el problema sobre la base de una idea de orden”, defendiendo respuestas represivas. Por otro, quienes “romantizan la pobreza para no asumir la tarea de trabajar con los pobres y sufrientes”, hablando de ella sin acciones concretas.

Ambas posturas, según Viola, comparten la desconexión con “la alteridad”, la capacidad de ver y reconocer al otro. Los referentes coincidieron en que las políticas de lucha contra la droga diseñadas “en escritorios” son insuficientes. La Iglesia propone invertir el proceso: partir de las experiencias concretas en las periferias urbanas, valorizar esos aprendizajes y permitir que lleguen a quienes diseñan las políticas públicas. “Queremos aportar objetivos tanto en prevención como en asistencia, buscando políticas públicas que sean soporte y horizonte de esos objetivos”, definió Viola.

Andrés Aguerre, presbítero y rector de la Universidad Católica de Córdoba, sede del encuentro, resaltó el rol de los ambientes educativos como “casa de encuentro”, “casa de esperanza” y “casa de formación”. El intendente de Córdoba, Daniel Passerini, quien participó de la primera jornada, afirmó que “cuando los tres niveles del Estado se comprometen en una acción, todo es mucho más directo y confluye más”. Y agregó: “Frente a esta problemática de adicciones y salud mental, la estrategia tiene que ser un abordaje integral, un enfoque interdisciplinario, una presencia territorial y, fundamentalmente, un enfoque comunitario”.

Passerini, médico de profesión, atiende a jóvenes con problemas de adicciones en el barrio Muller, donde el cura Mariano Oberlin desarrolla una experiencia de trabajo comunitario.

Conclusiones y propuestas

“Con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio” fue la frase que guio la lectura de las conclusiones del congreso, una síntesis de los 19 paneles desarrollados. Entre las iniciativas emergentes, se destacó la propuesta de una mesa conjunta con el Estado para discutir políticas públicas, la realización de capacitaciones territoriales y la organización de misiones de acompañamiento a comunidades vulnerables.

Se subrayó la necesidad de “multiplicar” los espacios para la infancia, “llegar temprano” y articular el trabajo entre distintos niveles. Asimismo, se insistió en la creación de escuelas bajo el modelo de los Hogares de Cristo, propuesta que se elevará al Consejo Federal de Educación. Otros puntos incluyen la constitución de una base de datos cuantificada para el trabajo y la convocatoria a empresarios para el diseño de programas de empleo comunitario. La UCC, además, dictará una diplomatura de acompañantes pares, resultado de una gestión de la Pastoral.

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