Inversión en caída libre: la paradoja de la economía argentina con un PBI que crece
La economía argentina exhibe una aparente contradicción, según los últimos datos difundidos por el Indec esta semana. A pesar de que la actividad general registra un crecimiento, la inversión, una de las variables que el Gobierno busca impulsar con mayor énfasis, continúa en picada.
El informe oficial detalla que, en el primer trimestre de 2026, el Producto Bruto Interno (PBI) experimentó un crecimiento interanual del 2,3%. Sin embargo, en el mismo período, la “formación bruta de capital fijo” —la métrica oficial que abarca la inversión pública y privada en maquinaria, equipos de transporte y construcciones— sufrió una brusca caída del 11,6%.
Esta tendencia negativa no es un fenómeno aislado de este año. En su medición desestacionalizada, la inversión acumula cuatro trimestres consecutivos de contracción (-1,6%, -5%, -3,4%, -1,7%). En contraste, el PBI, aunque desacelerado, se mantiene en terreno positivo (0,3%, 0,1%, 1,2%, 0,7%), impulsado principalmente por las exportaciones y el consumo interno.
“No es tal paradoja porque no es que la economía está volando. El 2,3% interanual es menos que cualquier proyección del 3% de base. Podés tener este escenario de corto plazo, pero si querés que la economía recupere dinamismo, la inversión tiene que recuperar”, explicó Gabriel Caamaño, titular de Outlier.
El economista añadió que “en infraestructura la economía ya está complicada, porque está muy congestionada o porque se estuvo deteriorando y está detonada, como la infraestructura vial”, remarcando el impacto de la falta de inversión en áreas críticas.
El desafío a la estrategia oficial y el impacto del RIGI
Este panorama estadístico parece ir a contramano del discurso y las políticas implementadas por el Gobierno desde 2023, que han priorizado el rol del sector privado, el mercado y la inversión por encima del fomento al consumo o la intervención estatal. A pesar de las desregulaciones, las bajas de impuestos y la sanción de esquemas como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) —que otorga beneficios fiscales, regulatorios y aduaneros a proyectos superiores a US$200 millones en sectores estratégicos como minería, gas, petróleo e infraestructura—, la inversión aún no logra despegar.
Desde la consultora Equilibra analizaron los datos del primer trimestre, señalando que “pese al creciente influjo de capitales hacia minería y Vaca Muerta, las elevadas tasas de interés activas, que aún permanecen por encima de la inflación, la anemia de la demanda interna, la elevada competencia internacional y, en menor medida, la falta de obra pública, explican por qué la inversión cayó 11% frente al primer trimestre de 2025, pico de la actual administración”. Además, indicaron que la inversión del último trimestre estuvo un 3% por debajo del cuarto trimestre de 2023, el cierre de la gestión de Alberto Fernández, y que el pico histórico se registró en 2017, durante la administración de Mauricio Macri.
Todos los rubros de la inversión en retroceso
Las cifras oficiales muestran una contracción generalizada en todos los componentes de la inversión. En el primer trimestre del año, las construcciones cayeron un 9,4% interanual, mientras que los segmentos de maquinaria y equipos y equipos de transporte sufrieron un retroceso del 19,6% cada uno, afectando tanto a los bienes importados como a la producción nacional. De mantenerse esta tendencia, advierten los especialistas, se limitará la capacidad de expansión del nivel de actividad, el empleo y los ingresos futuros.
El economista Martín Polo, de la firma Cohen, destacó que “el gran motor de la economía hoy son las exportaciones, que subieron más del 9%, y contribuyen al crecimiento, aunque la tendencia muestra que este se viene desacelerando”, en referencia al PBI que promedia un alza trimestral del 0,6% en los últimos cinco trimestres.
“Lo que más preocupa de la inversión es que no está siendo protagonista, pese a que lo que está haciendo el Gobierno es endulzar el oído del inversor; por eso mejora el precio de los activos financieros, baja el riesgo país y demás. Pero los números muestran que no está siendo protagonista y hace que cada trimestre la inversión en términos del PBI sea cada vez más baja. Hoy está en el 17%, y los que estudian el crecimiento estiman que para que una economía crezca en el largo plazo alto debería estar en un ratio de arriba del 20%”, planteó Polo.
El Gobierno mantiene sus expectativas en el RIGI (y el súper RIGI en discusión parlamentaria) como motor de incentivos. Según estimaciones oficiales, ya se aprobaron 16 proyectos bajo este esquema, con compromisos por US$29.892 millones, y otros 25 en evaluación por US$111.037 millones. Sin embargo, Polo advierte que “una cosa son los anuncios y otra cuándo se empieza a trabajar. Hasta que no viene la máquina y se contrata a la persona que hace el pozo, las cuentas nacionales no lo registran. El Gobierno llena de espuma al RIGI, pero la economía es mucho más amplia. Hoy el país tiene US$100.000 millones de inversión por año. El RIGI está muy bien, es muy bueno para algunos sectores, pero no alcanza para todos y no compensa lo que falta o se contrae en otros”. Además, las condiciones del régimen, como la escasa exigencia de insumos o producción local y los plazos de ejecución (40% en los primeros dos años), podrían demorar su impacto tangible en la dinámica económica local.

