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Ingrid Pelicori y el desafío de «La muerte de un viajante»: «El teatro independiente asume los riesgos»

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Considerada una de las actrices más prestigiosas del país, Ingrid Pelicori se encuentra actualmente coprotagonizando el clásico de Arthur Miller, La muerte de un viajante, en el teatro El Tinglado del barrio de Almagro. La obra, que se presenta los sábados a las 21.15 y los domingos a las 19.30, la encuentra junto a Alejandro Awada y un elenco que incluye a Gustavo Rey, Marcos Woinsky, Anahí Gadda, Junior Pisanu, Toto Salinas y Lucas Maley, bajo la dirección de Daniel Marcove.

Pelicori, hija de los recordados actores Ernesto Bianco e Iris Alonso, y sobrina de Tito Alonso y Paola Alonso, encarna a Linda Loman, la esposa del viajante, un rol femenino crucial en la obra. A sus 69 años, la actriz se sumerge en la piel de una mujer que es testigo del derrumbe de su marido, símbolo y víctima de una sociedad capitalista que exige el éxito a ultranza.

La vigencia de un clásico y el rol de Linda Loman

Pelicori confiesa que, si bien no suele tener «cuentas pendientes» con personajes o obras, La muerte de un viajante siempre le «encantó». La atracción por el proyecto fue doble: la calidad de la obra y la oportunidad de trabajar con Alejandro Awada, a quien admira. «¿Además de la obra, que es una maravilla? Que estuviera Alejandro Awada, que es un actor que me encanta y al que quiero mucho. Además, creo que ese personaje, el del viajante, es realmente para él», explica.

Sobre la perdurable actualidad de la pieza de Miller, la actriz sostiene que se debe a su «cualidad poética impresionante» y a su profundo «conocimiento de la condición humana». «Habla del mandato social de estas sociedades crueles en las que vivimos, que exigen el éxito a ultranza, sobre todo el éxito económico. Esto creo que hoy ha recrudecido», analiza. Para Pelicori, la obra trasciende el «sueño americano» para abordar preguntas universales sobre «el sentido de la vida, sobre esas preguntas profundas que nos hacemos todos los seres humanos: por qué y para qué vivir».

Su interpretación de Linda Loman busca alejarse de la sumisión para explorar a una mujer «reservada» y el «misterio del amor incondicional». Destaca que, en esta puesta, el personaje de Linda gana protagonismo sin modificar el texto original. «El director en todo momento me sugirió que tuviera un rol más activo, sin modificar por supuesto nada del texto: que aún dentro de sus silencios hubiera una mayor actividad. Y así lo hice. A él le parecía importante que se notara que ella es el sostén de la familia», revela.

Un «pequeño aggiornamiento» en la versión de Marcove es que la jefa de Willy Loman es una mujer, a diferencia del texto original. «Eso sí, eso podemos interpretarlo de esa manera, como un pequeño aggiornamiento, como una licencia. Eso fue una decisión del director», afirma Pelicori.

Teatro oficial vs. independiente: diferencias y confluencias

La actriz traza un claro contraste entre hacer un clásico en un teatro oficial y en uno independiente. Las diferencias radican fundamentalmente en la producción y las comodidades. Sin embargo, Pelicori valora la mística del circuito independiente:

Cuando el proyecto es independiente ganás algo: la sensación de que el espectáculo es más tuyo, algo propio; y que, como actor, tenés más peso a la hora de las decisiones.

Además, destaca el mayor tiempo de ensayo en el circuito independiente, como los seis meses dedicados a La muerte de un viajante, en comparación con los dos meses habituales en los teatros oficiales.

Pelicori observa un cambio en la cartelera teatral actual, donde el teatro independiente «asume los riesgos» y «vuelve a apostar por los grandes autores», un fenómeno que antes era más común en las salas oficiales. También lamenta que la idea de que «a las salas del circuito comercial solo se va a reír» haya alejado a los clásicos de la avenida Corrientes, sumado a las limitaciones económicas que restringen los elencos numerosos.

Sobre la calidad del teatro actual, Pelicori sostiene que «hoy circula ese concepto porque somos las mismas personas las que hacemos teatro en los distintos circuitos: en el comercial, en el oficial y en el independiente. Tanto los actores y las actrices como los directores vamos rotando por todos lados». Celebra el fenómeno de obras exitosas en el circuito independiente que luego migran al comercial, considerándolo beneficioso para ambos y para el público. «Ya se empieza a perder eso de que al teatro comercial el público solo va a ver a los actores que ve por la televisión, porque en la televisión hoy los actores prácticamente no trabajamos», concluye.

De la psicología al escenario: una vida dedicada a la actuación

Pelicori no pensó en ser actriz «ni de chica ni de adolescente». Aunque el ambiente familiar, con sus padres Ernesto Bianco e Iris Alonso, y sus tíos Tito Alonso y Paola Alonso, pudo haber influido, su interés se despertó a partir de las clases de teatro de su prima Ángeles Alonso. En paralelo, cursó la carrera de Psicología, que completó mientras trabajaba en el elenco estable del Teatro San Martín. «Cuando me recibí, comprendí que debía tomar una decisión. Para ese entonces había estado muchos años en el elenco estable del Teatro San Martín, y tenía una sensación bien clara de que lo mío era la actuación», recuerda.

Su paso por el elenco estable del San Martín, que lamenta que ya no exista, fue «una experiencia espectacular» para su formación, permitiéndole interpretar grandes textos y aprender de figuras como Elena Tasisto, Alicia Berdaxagar, Walter Santana, Alberto Segado y Alfonso de Gracia. «Ellos fueron mis grandes maestros», afirma.

Con más de 70 obras en su haber, Pelicori considera que su «mejor trabajo es el último», por lo que La muerte de un viajante ocupa ese lugar actualmente. Sin embargo, también destaca roles en obras como Decadencia, Cae la noche tropical, Conversación en la casa de Stein sobre el ausente Von Goethe y Yo, Fedra. Actualmente, además de La muerte de un viajante, también protagoniza El zoo de cristal en El Tinglado, donde interpreta a la madre, Amanda, más de 30 años después de haber encarnado a la hija, Laura, en una versión anterior.

El recuerdo de Ernesto Bianco y la maternidad

El año pasado, Ingrid y su hermana Irina Alonso protagonizaron el espectáculo autobiográfico Papá Bianco y Los Alonso y participaron del documental El sueño imposible: familia de artistas. Compartir estos proyectos fue «muy personal» y «muy movilizante», especialmente a 50 años del fallecimiento de su padre, Ernesto Bianco, quien murió repentinamente a los 55 años a causa de un infarto masivo. «Nunca pudimos procesar del todo su partida», confiesa Pelicori, quien valora el documental como una oportunidad para aprender sobre él a través de entrevistas con figuras como Pepe Soriano, Luis Brandoni, Nelly Prince y José Martínez Suárez.

Pelicori describe a su padre como «muy lúdico y tímido», «juguetón», con quien compartía «secretos». Recuerda con emoción la magia que él creaba, como armar sobres con las figuritas que le faltaban o anunciarle en secreto la palabra «cachivache» en un programa de televisión. «Así me enseñó que la vida puede ser mágica», evoca.

En cuanto a su vida afectiva, Pelicori está en pareja hace 26 años con Diego Ramírez, quien recientemente se jubiló y, sorprendentemente, ha empezado a incursionar en el teatro. «Ahora somos dos actores en esta casa», comenta con humor.

Finalmente, sobre la maternidad, Pelicori reflexiona:

Se ve que no he tenido suficiente deseo para serlo. Pasé del todavía no al ya no. Pero hoy me parece muy interesante investigar lo que siente una madre.

A pesar de no haber sido madre en la vida real, se siente identificada con los temores de sus personajes, Linda Loman y Amanda Wingfield, sobre el futuro de sus hijos en un mundo «tan complicado, de tanta destrucción, de tantas guerras». Su mayor deseo es que «esto cambie» para las nuevas generaciones.

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