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De tambo a fábrica: Javier Semino produce 10.000 kilos de dulce de leche por día tras rescatar una planta

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El reloj marca las 3 AM en Mercedes, provincia de Buenos Aires, y el día comienza para Javier Semino y su hija Milagros. Este madrugar, forjado durante décadas en el rigor del trabajo rural, hoy los lleva hasta Exaltación de la Cruz, donde a las 5 AM abren las puertas de su fábrica para una jornada que se extiende hasta las cuatro de la tarde.

Semino es un hombre de campo, criado en un pequeño paraje rural de Mercedes. Su vida transcurrió por la tradición familiar de contratistas rurales. Aunque terminó la secundaria por insistencia de su madre, su vocación siempre estuvo ligada a los fardos, los rollos de pasto, los haras y las vacas Holando-Argentino.

Durante más de 20 años, Javier construyó y operó un tambo familiar sobre la Ruta 5, llegando a tener unas 200 vacas en ordeñe. Allí no solo vendían leche, sino que también elaboraban masa para mozzarella, sardo y queso llanero, un producto muy demandado por las comunidades venezolana, peruana y boliviana. Complementaban la actividad con la cría de terneros overos para invernada en Córdoba. Sin embargo, las incertidumbres del clima y las decisiones políticas, sumadas a experiencias como la sequía de 2018 que paralizó el campo, lo llevaron a buscar una alternativa.

“El dueño no alquiló más el campo para el tambo y decidimos cerrar. En el tambo nunca vendíamos leche, hacíamos masa para mozzarella, sardo y queso llanero, que consumen los venezolanos, peruanos y los bolivianos”, relató Semino.

El salto a la industria: de la quiebra al éxito

Tras el cierre del tambo, un conocido le comentó sobre una cooperativa láctea en dificultades. Semino se acercó a la planta y se encontró con una empresa con serios problemas administrativos y productivos. La fábrica, que había pertenecido a la reconocida marca La Salamandra (fundada por Javier González Fraga, luego propiedad de Cristina Miguens y finalmente adquirida por Cristóbal López antes de cesar su producción), estaba quebrada. Con pocos recursos, pero apoyado en los ahorros generados durante los años del tambo, Semino decidió apostar por la industria.

Él mismo señala que empezó “prácticamente desde cero”. La cooperativa fue desapareciendo y los trabajadores se incorporaron al nuevo emprendimiento familiar. Tuvieron que regularizar permisos y poner las cosas en orden. Si bien la planta ya hacía dulce de leche, Semino nunca lo había elaborado, pero asumió el desafío. Con el tiempo, comenzó a experimentar con nuevas alternativas para diferenciarse y agregar valor. Así nacieron variedades como el dulce de leche al ron, chocolate, familiar y repostero, que hoy se expandieron a una línea de 15 sabores, incluyendo café, pistacho, frutos rojos, naranja, coco, banana, limón, marroc y menta, además de versiones específicas para alfajorerías y heladerías.

Milagros del Sol: una marca familiar y multipremiada

La nueva empresa necesitaba una identidad propia. Al no poder usar la marca histórica de la fábrica, la inspiración llegó de una reunión familiar: un sobrino propuso combinar los nombres de sus hijas, Milagros y Sol. Así nació Milagros del Sol, una marca que refleja el carácter familiar del proyecto. Con el tiempo, incluso una de sus hijas regresó de Nueva Zelanda para sumarse al emprendimiento tras ver los primeros reconocimientos.

Los premios no tardaron en llegar. En 2024, obtuvieron el primer puesto en la Fiesta Provincial de la Mozzarella en San Vicente con 98,7 puntos sobre 100. Sumaron distinciones en Tandil, Suipacha y Cañuelas por sus bocconcini, mozzarella, gouda especiado y otros quesos artesanales. También fueron reconocidos por sus dulces de leche en competencias organizadas por el Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense.

La empresa también consolidó un nicho de mercado en crecimiento: el queso llanero. Este producto, esencial para los tequeños venezolanos, ganó demanda en Argentina con el aumento de la inmigración. Semino, que ya lo elaboraba en la época del tambo, profundizó esta especialización y hoy es uno de los principales proveedores del país. “Estamos reconocidos por la calidad”, afirmó.

Actualmente, Milagros del Sol procesa alrededor de 30.000 litros de leche diarios. Produce más de 3000 kilos de queso llanero por día, además de mozzarella, bocconcini, gouda, tybo, sardo, provoleta y otros quesos artesanales. También elabora más de 10.000 kilos diarios de dulce de leche y distribuye sus productos en la provincia de Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires y destinos turísticos como Caminito y las Cataratas del Iguazú.

A pesar del crecimiento, Semino sigue viendo su historia desde la perspectiva del productor agropecuario. Sostiene que la industria le brindó una estabilidad que nunca tuvo en el campo. “Cuando uno tiene la leche la procesa. La producción está igual. Contra el clima no se puede hacer nada”, resumió. Después de décadas lidiando con sequías y cosechas dependientes de la lluvia, encontró en la transformación de la leche una manera de construir valor propio. “También es una empresa familiar donde están mis hijas, sobrinos y hermanas, todos. Fuimos mutando, pero nuestra descendencia fue contratista rural”, completó, destacando el origen de una marca familiar que nació casi por casualidad en una mesa de domingo.

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