Créditos y consumo: la baja de tasas del BCRA llegó a las empresas pero sigue trabada para las familias
La estrategia del Banco Central (BCRA) para abaratar el crédito en la economía muestra un impacto desigual. Mientras que el costo del financiamiento comercial para las empresas registró una fuerte caída en los últimos meses, las tasas de los préstamos personales y los saldos de tarjetas de crédito para las familias apenas sufrieron modificaciones. La razón principal detrás de esta brecha radica en los elevados niveles de morosidad en los hogares, un factor que frena el traslado de la liquidez bancaria al consumo masivo.
Una brecha marcada por el riesgo de morosidad
Desde comienzos de año, los bancos redujeron sensiblemente el costo de fondeo para captar depósitos, pasando de un 35% a valores cercanos al 20% anual. La tasa de referencia para plazos fijos se ubica actualmente entre el 21% y el 22,6%. Sin embargo, mientras los adelantos en cuenta corriente para el sector empresarial se desplomaron de rangos de entre 50% y 75% a niveles de entre 25% y 35%, los créditos personales de las familias pasaron marginalmente del 68% en enero al 67% a mediados de julio, manteniéndose inaccesibles para dinamizar las compras minoristas.
La explicación del sector financiero se concentra en la tasa de irregularidad crediticia. Mientras que la mora en el segmento corporativo alcanza apenas el 3,5%, la morosidad de las familias escala al 12,8%, situándose de manera particular en los préstamos personales con un pico del 15,9%. Ante este escenario, las entidades bancarias optaron por endurecer los criterios de otorgamiento y sostener tasas altas para cubrir el riesgo de incumplimiento, diluyendo la intención oficial de que la baja de encajes se traduzca en una reactivación del consumo.
Cautela bancaria y perspectivas para la actividad
En el sector financiero advierten que la competencia entre entidades se volcó decididamente a captar clientes corporativos de bajo riesgo, con especial foco en áreas dinámicas como la energía, la minería y el agro. Por el contrario, la cautela domina las operaciones con particulares, donde proyectan que la reactivación del crédito a las familias será lenta y acotada hacia fines de año o durante 2027, condicionado además por la prudencia habitual en los meses previos a los períodos electorales.
El freno en el financiamiento a los hogares golpea a uno de los motores centrales de la actividad económica reciente. Luego de que los préstamos privados pasaran del 4% al 12% del PBI durante 2024 impulsando el consumo posterior a la recesión, la falta de crédito accesible genera preocupación. Sin el impulso del crédito a las familias, el Gobierno enfrenta la necesidad de encontrar nuevos dinamizadores para sostener la economía y amortiguar el impacto en sectores sensibles como la industria y la construcción.

