Semáforo ambiental: un desarrollo del Conicet mide la contaminación de ríos y lagos argentinos
Un equipo de investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) desarrolló un «semáforo ambiental» participativo para evaluar la salud ecológica de los cuerpos de agua dulce en la Argentina. La iniciativa, denominada PreserVamos, permitió confeccionar un mapa interactivo nacional a partir de miles de reportes generados por la propia comunidad.
Ciencia ciudadana para medir la calidad del agua
El proyecto, conducido por el biólogo Joaquín Cochero desde el Instituto de Limnología Raúl A. Ringuelet (Ilpla), combinó el trabajo científico con el uso de tecnología accesible. Mediante una aplicación móvil equipada con geolocalización, los vecinos completaron cuestionarios con más de cien variables observables, como la presencia de basura, el color del agua, la vegetación ribereña, la fauna y la proximidad de industrias o basurales.
Durante cuatro años de labor junto a más de veinte profesionales de distintas universidades e instituciones del país, la iniciativa recopiló más de 3.000 observaciones en el territorio nacional. Tras aplicar rigurosos criterios metodológicos, los investigadores validaron 1.200 registros para constituir la primera base de datos estandarizada de agua dulce generada por la ciudadanía en la región.
Los hallazgos del trabajo fueron publicados en la revista científica Ecology, de la Ecological Society of America. Según expresaron los autores, este enfoque busca sortear las limitaciones financieras y logísticas que habitualmente restringen los monitoreos tradicionales en Sudamérica.
Los puntos más críticos y las zonas preservadas
El semáforo ambiental categoriza los ecosistemas acuáticos según su grado de conservación. Las zonas verdes se concentran en los arroyos de las sierras de Córdoba, los ríos andinos alimentados por deshielo y los lagos patagónicos, donde se registran los mejores indicadores de calidad ambiental.
En el extremo opuesto, las zonas rojas marcan las áreas de mayor deterioro ecológico. La cuenca del Río de la Plata se posicionó como el sistema más degradado de todo el relevamiento, seguida por el estuario de Bahía Blanca.
Un puente entre la comunidad y las políticas públicas
El proyecto contó con financiamiento inicial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Fundación Bunge y Born y el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Para promover la participación, el equipo dictó charlas en escuelas y municipios, logrando una masiva adhesión en la que las mujeres representaron la mayoría de las voluntarias.
“La idea rectora es desarrollar una herramienta de interacción entre el mundo científico, la comunidad y los tomadores de decisiones, a fin de buscar soluciones a problemas complejos de contaminación”
expresó Cochero. La experiencia demuestra que la colaboración ciudadana permite generar información inédita para diseñar mejores políticas de gestión y conservación ambiental en el país.

