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Lionel Scaloni: por qué el ciclo de la Selección invita a romper todos los manuales del fútbol argentino

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El ciclo conducido por Lionel Scaloni al frente de la Selección Argentina desafió los axiomas más arraigados del fútbol local. A lo largo de ocho años de trayectoria, el proceso de la denominada «Scaloneta» se encargó de derribar preconceptos históricos instalados en charlas familiares, debates periodísticos y el imaginario colectivo, demostrando que las tradicionales «verdades» de la disciplina ya no tienen el mismo peso que en el pasado.

El mito de la experiencia y los antecedentes históricos

Durante décadas, se sostuvo que el director técnico del seleccionado nacional debía contar con un amplio currículum y títulos previos. La historia argentina recordaba el fallido intento de 1969 con Humberto Maschio, quien asumió sin experiencia previa y fue rápidamente reemplazado por Adolfo Pedernera, derivando en la única eliminación argentina de un Mundial en la fase clasificatoria. Desde entonces, nombres consagrados como César Luis Menotti, Carlos Bilardo, Alfio Basile, Marcelo Bielsa y Alejandro Sabella marcaron la pauta de la necesidad de pergaminos.

Scaloni, quien inició su gestión como interino tras haber sido ayudante de Jorge Sampaoli, rompió ese molde. Con solo experiencia previa en seleccionados juveniles y como asistente técnico, consolidó un proceso de ocho años donde su única experiencia como entrenador principal ha sido, precisamente, el seleccionado mayor.

El roce europeo bajo la lupa

Otro dogma histórico señalaba la obligatoriedad de enfrentar a potencias del Viejo Continente en la previa de las Copas del Mundo para medir fuerzas. Esta idea, impulsada originalmente en 1948 y perfeccionada por Menotti para el Mundial de 1978, contrastó fuertemente con la planificación de la era actual. En sus 104 partidos dirigidos, la Selección de Scaloni apenas enfrentó a rivales europeos en 12 oportunidades —la misma cantidad que Menotti disputó en solo dos años—. De esos encuentros, nueve correspondieron a citas mundialistas, demostrando que la falta de amistosos contra potencias de la UEFA no impidió el éxito deportivo a nivel global.

La gestión de las lesiones y el recambio generacional

El manejo de los futbolistas con problemas físicos y la supuesta distracción por compromisos publicitarios también formaron parte de las críticas habituales. Aunque Scaloni no dudó en desafectar a futbolistas como Nicolás González, Joaquín Correa o Leonardo Balerdi ante dudas físicas, el cuerpo técnico respaldó a figuras clave que arrastraban dificultades, como Emiliano Martínez, Cristian Romero y Julián Álvarez, quienes terminaron respondiendo en el campo de juego.

Asimismo, las especulaciones sobre el declive físico de las principales figuras y el recambio generacional fueron constantes. Se cuestionó el rol de un Lionel Messi de 39 años y la decisión de Rodrigo De Paul de desempeñarse en una liga menor a sus 32 años, así como el rendimiento de futbolistas de la Premier League en temporadas complejas. Sin embargo, el plantel respondió ante la exigencia física en partidos complejos ante rivales como Cabo Verde, Egipto y Suiza, logrando triunfos determinantes y sosteniendo la competitividad de un ciclo que reescribió los manuales del fútbol argentino.

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