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La pirámide de Menotti: cómo nació el plan que transformó el sentido de pertenencia de la Selección

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La inminente final que la Selección Argentina disputará en el MetLife Stadium de Nueva Jersey bajo la conducción de Lionel Scaloni no es un hecho aislado ni fortuito. Detrás del compromiso, la mística y el fervor que hoy demuestran los futbolistas campeones del mundo existe una piedra fundacional colocada hace exactamente medio siglo por César Luis Menotti. En la década de 1970, vestir la camiseta albiceleste no era el máximo orgullo de los jugadores, sino una carga que muchos intentaban esquivar; fue el «Flaco» quien transformó esa desidia en un proyecto estructural que hoy sigue vigente.

Para comprender la magnitud de la revolución de Menotti, es necesario recordar el desierto organizativo previo a su llegada en 1974. La Selección venía de sufrir el fracaso de Suecia 1958, una pálida actuación en Chile 1962 y la eliminación histórica en las Eliminatorias para México 1970. Aunque en Inglaterra 1966 el equipo dirigido por el «Toto» Lorenzo y capitaneado por Antonio Rattin mostró rebeldía, la desorganización era la regla: en el Mundial de Alemania 1974, el plantel fue conducido por un triunvirato técnico inconexo. Los futbolistas evitaban las convocatorias inventando lesiones o excusas infantiles, convencidos de que jugar para la Selección dañaba su prestigio profesional.

La refundación del «Flaco» y las bases de Ezeiza

Tras consagrarse campeón con Huracán en 1973, Menotti fue propuesto para asumir la dirección técnica nacional por el entonces presidente de la AFA, David Bracuto. En un contexto de total desinterés dirigencial, el entrenador santafesino impuso condiciones revolucionarias para la época: exigió un calendario de amistosos internacionales contra potencias de primer nivel, prohibió la transferencia al exterior de futbolistas menores de 25 años y demandó la cesión obligatoria de los jugadores por parte de los clubes locales para entrenamientos semanales. Hasta entonces, el seleccionado entrenaba de forma errante en predios prestados, una precariedad que comenzó a cambiar cuando, con el millón de dólares recaudado en un amistoso de 1979 contra el Resto del Mundo, se empezó a construir el actual predio que la AFA posee en Ezeiza.

Un legado cultural que llega hasta la Scaloneta

Menotti no solo ordenó la logística, sino que federalizó al equipo llevándolo a jugar a las provincias y reconstruyendo el lazo afectivo con los hinchas. Su mayor logro fue inyectar un sentido de pertenencia inquebrantable a través de un mensaje que trascendió tácticas y generaciones:

«Cuando salgan por el túnel miren a las tribunas. Ahí están sus padres, sus hermanos, sus amigos del barrio… son su gente, ustedes tienen que jugar para ellos».

Esa premisa moral, que el propio Menotti defendió hasta su fallecimiento en mayo de 2024 a los 85 años, es la que hoy explica la vigencia y la entrega de referentes como Lionel Messi y el resto de los dirigidos por Scaloni. La final en Nueva Jersey es el reflejo de aquella pirámide organizativa que comenzó a edificarse en la nada misma de 1974, demostrando que el amor por la camiseta celeste y blanca tiene un autor intelectual indiscutible.

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